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Liberar Venezuela con elecciones no fue posible, pero el camino dejó lecciones clave que hoy hacen el cambio más probable que imposible.

Liberar Venezuela con elecciones no fue posible, pero insistir por esa vía dejó una verdad imposible de ocultar: quién se burla de la soberanía popular y quién cuenta con un respaldo abrumador dentro y fuera del país. Ese aprendizaje, lejos de ser un fracaso, hoy es uno de los mayores activos del proceso de cambio.
Cuando el camino no logra el objetivo, pero revela la verdad
Nos escriben los lectores y nos dicen algo que ya nadie discute con honestidad: intentar liberar a Venezuela exclusivamente por la vía electoral no dio el resultado esperado. Sin embargo, esa constatación no invalida el camino recorrido. Al contrario, lo fortalece.
Insistir una y otra vez en elecciones —aun bajo condiciones adversas— sirvió para algo fundamental: dejar meridianamente claro quién respeta la voluntad popular y quién la pisotea sin pudor. No fue un esfuerzo en vano. Fue una demostración histórica.
Como bien resume una frase atribuida a Víctor Escalona e integrada hoy con más vigencia que nunca: “A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana.”
La lucha no fue fácil, y nunca lo sería
Sabemos de sobra lo difícil que ha sido liberarnos de una tiranía que se aferra al poder con métodos criminales. En esta lucha del bien contra el mal —una expresión que puede sonar absoluta, pero que describe con precisión la realidad venezolana— ha sido necesario hilar fino, pensar estratégicamente y actuar con sentido práctico.
Persistir en elecciones permitió desmontar el relato del régimen. Hoy nadie serio puede sostener que en Venezuela hay alternancia real, árbitro confiable o respeto institucional. El chavismo perdió incluso la máscara.
Lo que quedó claro para el mundo
- Que el respaldo popular a la oposición es abrumador.
- Que el régimen solo sobrevive mediante fraude, coerción y miedo.
- Que la comunidad internacional ya no puede alegar desconocimiento.
Aliados imperfectos, oportunidades reales
Otro punto clave que señalan nuestros lectores es este: nuestros aliados no necesariamente comparten todas nuestras motivaciones. Y eso está bien.
La política internacional no funciona por afinidad moral, sino por intereses. Pretender adhesiones éticas absolutas sería ingenuo. Lo inteligente es saber aprovechar respaldos, ventanas de oportunidad y coincidencias tácticas.
La causa venezolana no necesita unanimidad emocional, sino convergencias efectivas. Y esas, poco a poco, se han ido alineando.
El chavismo desencantado y la erosión interna
A los chavistas desencantados no se les puede exigir que escriban panegíricos a favor de María Corina Machado o Edmundo González. Eso no es realista. Pero con que dejen de sostener activamente a Nicolás Maduro, el efecto es demoledor.
La pasividad, en este contexto, es corrosiva para el régimen. El silencio de antiguos leales pesa más que mil consignas opositoras.
La indiferencia también cambia de bando
Quienes hoy lucen pasivos o indiferentes, llegado el momento —y de manera oportunista— buscarán alianzas que hoy parecen improbables. Eso no debe sorprender a nadie. Así funcionan los procesos de transición.
La historia demuestra que muchos “neutrales” se activan cuando el poder empieza a resquebrajarse.
Los militares y la espera silenciosa
Uno de los párrafos más lúcidos que recibimos señala algo incómodo, pero real: muchos militares hoy elogiados por su “suprema lealtad” están, en realidad, esperando en la bajadita.
Esperando el momento exacto en que el tirano y su pandilla caigan para entonces despegarse sin costo. No es heroico, pero es humano. Y políticamente relevante.
Como bien dicen los lectores: cómo quisiéramos que ayudaran en la subidita. Pero ni modo.
El mito del cambio instantáneo
El cambio no será como apretar Ctrl + Alt + Supr y reiniciar el sistema. Ojalá lo fuera. Pero no.
Las transiciones reales son procesos, no eventos. Acumulan tensiones, errores, aprendizajes y quiebres progresivos.
Quien espere una solución mágica está condenado a la frustración. Quien entienda el proceso, en cambio, está mejor preparado para aprovecharlo.
Probable no es lo mismo que imposible
El cambio no es fácil. Pero mucho menos es imposible. De hecho, hoy es altamente probable.
Basta comparar dónde estábamos en diciembre de 2022 y dónde estamos cerrando 2025. La diferencia es evidente:
- El régimen está más aislado.
- La oposición está más clara y cohesionada.
- El relato oficial está agotado.
- Las grietas internas son inocultables.
Eso es la diferencia entre lo imposible y lo probable.
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Preguntas frecuentes
¿Fracasar en elecciones significa que no sirvieron?
No. Sirvieron para desnudar al régimen y legitimar internacionalmente la causa democrática.
¿El cambio en Venezuela es aún posible?
Sí. Hoy es más probable que hace tres años, aunque no inmediato.
¿Qué rol juegan los ciudadanos?
Informarse, resistir, no normalizar la dictadura y sostener espacios libres.
Cierre
El camino ha sido largo, duro y frustrante. Pero no estéril. Cada paso dejó huella.
El cambio no llegará por un solo mecanismo, sino por la acumulación inteligente de fuerzas, quiebres y oportunidades.
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