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23 de enero de 1958 y su significado para la Venezuela de 2026: historia, democracia, dictadura y memoria política nacional.

23 de enero de 1958 es una fecha que atraviesa generaciones, discursos políticos y emociones profundas en Venezuela. No es solo un recuerdo del pasado: es un espejo incómodo del presente. A 68 años del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, la Venezuela de 2026 vuelve a preguntarse qué significó realmente aquel día y qué quedó pendiente en la larga lucha por la libertad, la democracia y la dignidad institucional.
Como suele decir Víctor Escalona: “A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana”. Esa reflexión resume bien el espíritu de este aniversario: mirar atrás no para idealizar, sino para comprender.
1. El 23 de enero de 1958: el día que cayó una dictadura
La madrugada del 23 de enero de 1958 marcó un punto de quiebre en la historia contemporánea venezolana. Tras una década de régimen militar autoritario, Marcos Pérez Jiménez abandonó el país en un avión rumbo al exilio, dejando atrás un gobierno sostenido por la represión, la censura y el miedo.
Su caída no fue espontánea. Fue el resultado de una acumulación de factores: protestas populares, huelgas, fracturas dentro de las Fuerzas Armadas y una presión social creciente que ya no podía ser contenida por la maquinaria represiva del Estado.
Las calles de Caracas y de otras ciudades se llenaron de ciudadanos que, por primera vez en años, recuperaban la voz pública. Aquella jornada simbolizó el fin de una dictadura militar clásica y el inicio de una esperanza democrática que marcaría a toda una generación.
2. Pérez Jiménez: modernización sin libertad
Obras visibles, derechos invisibles
El régimen de Pérez Jiménez (1952–1958) suele ser recordado por su énfasis en la infraestructura: autopistas, edificios públicos, urbanizaciones y grandes obras financiadas por el auge petrolero de los años cincuenta.
Sin embargo, ese desarrollo tuvo un costo alto y deliberado:
- Supresión total de la libertad de prensa.
- Prohibición de partidos políticos.
- Detenciones arbitrarias y torturas.
- Exilio forzado de opositores.
La Dirección de Seguridad Nacional (DSN) fue el instrumento central del terror político. Universidades cerradas, sindicatos perseguidos y una ciudadanía reducida al silencio completaban el cuadro.
El progreso material, sin instituciones democráticas, resultó frágil y profundamente desigual.
3. El inicio de la democracia civil (1958–1998)
Tras la caída del dictador, se instauró una Junta de Gobierno encabezada por Wolfgang Larrazábal, que restituyó libertades civiles básicas y convocó a elecciones libres ese mismo año.
Con la llegada de Rómulo Betancourt a la presidencia en 1959, comenzó el ciclo democrático más largo de la historia venezolana. El Pacto de Puntofijo garantizó estabilidad política, alternancia civil y subordinación militar al poder constitucional.
Logros y límites del modelo democrático
Durante cuatro décadas, Venezuela experimentó:
- Elecciones periódicas y competitivas.
- Libertad de prensa y pluralismo político.
- Crecimiento económico sostenido en varios períodos.
Pero también arrastró problemas estructurales:
- Dependencia excesiva del petróleo.
- Desigualdad social persistente.
- Corrupción y clientelismo político.
Estos vacíos, no resueltos, prepararon el terreno para la ruptura del sistema a finales del siglo XX.
4. Del desencanto democrático al chavismo
En 1998, Hugo Chávez capitalizó el malestar social acumulado. Su victoria electoral dio paso a una nueva Constitución y al llamado “proceso bolivariano”.
Inicialmente presentado como una refundación democrática, el nuevo modelo derivó progresivamente en concentración de poder, debilitamiento institucional y polarización extrema.
De la revolución a la crisis prolongada
Tras la muerte de Chávez, Nicolás Maduro heredó un país con:
- Economía dependiente del petróleo.
- Instituciones erosionadas.
- Conflictos políticos no resueltos.
Desde 2013, Venezuela ha atravesado una de las crisis más profundas de su historia republicana: hiperinflación, colapso de servicios públicos, migración masiva y denuncias sistemáticas de violaciones a los derechos humanos.
5. Venezuela 2026: ecos del pasado
La Venezuela de 2026 enfrenta una paradoja histórica. A diferencia de 1958, el país no vive bajo una dictadura militar clásica, pero sí bajo un sistema de poder altamente centralizado, con restricciones a la competencia política real.
El 23 de enero ya no es solo una fecha conmemorativa: es una pregunta abierta sobre el sentido de la democracia, la legitimidad del poder y el rol de la ciudadanía.
6. ¿Qué nos enseña el 23 de enero hoy?
La principal lección de 1958 es que ningún sistema autoritario es eterno. Sin embargo, también enseña que derrocar un régimen no garantiza automáticamente instituciones sólidas ni justicia social duradera.
La democracia no se decreta: se construye, se defiende y se renueva.
7. El rol de la memoria histórica
Recordar el 23 de enero no debe convertirse en un ejercicio nostálgico ni en propaganda. Su valor está en comprender errores, aciertos y responsabilidades colectivas.
Una sociedad que olvida su historia queda condenada a repetirla, a veces bajo formas más complejas y menos visibles.
8. Periodismo independiente y ciudadanía activa
En contextos de crisis institucional, el periodismo independiente cumple una función vital: documentar, analizar y ofrecer contexto. Sin medios libres, la memoria se fragmenta y la verdad se diluye.
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9. Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante el 23 de enero de 1958?
Porque marcó el fin de una dictadura militar y el inicio del período democrático más largo de Venezuela.
¿Fue perfecta la democracia posterior?
No. Tuvo logros importantes, pero también fallas estructurales que nunca se corrigieron del todo.
¿Qué relación tiene con la Venezuela actual?
Sirve como referencia histórica para evaluar libertades, instituciones y el ejercicio real del poder.
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Conclusión
El 23 de enero de 1958 no pertenece al pasado. Vive en cada debate sobre democracia, poder y libertad en la Venezuela de 2026. Recordarlo es un acto de responsabilidad cívica, no de nostalgia.
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