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Resignación social: cuando la costumbre apaga la reacción
Resignación social: cuando la costumbre apaga la reacción ciudadana y convierte la crisis en normalidad aceptada.

- resignación colectiva
- acostumbrarse a la crisis
- normalización del deterioro
- cansancio social
- apatía ciudadana
La resignación social no aparece de forma repentina ni se impone por decreto. Se instala lentamente, casi sin hacer ruido, hasta que una sociedad entera comienza a aceptar como normal aquello que antes consideraba intolerable. Cuando eso ocurre, el daño ya no proviene solo del poder, sino también de la costumbre.
Venezuela vive hoy una de esas etapas históricas en las que el mayor peligro no es únicamente la crisis política o económica, sino la adaptación emocional al deterioro. Cuando la resignación se vuelve costumbre, el cambio deja de parecer urgente y la esperanza se transforma en un recuerdo difuso.
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Introducción: el punto exacto donde el cansancio reemplaza a la esperanza
Las sociedades no se rinden de golpe. Primero se indignan, luego resisten, después se cansan y, finalmente, se acostumbran. Ese último paso —el de la resignación— es el más peligroso de todos, porque no genera ruido ni conflicto: genera silencio.
Como he señalado en otras ocasiones, “a veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana”. Cuando una sociedad deja de pensar que merece algo mejor, comienza a aceptar cualquier cosa como destino inevitable.
¿Qué significa realmente que la resignación se vuelva costumbre?
Más que aceptar límites: normalizar la injusticia
Resignarse no es simplemente reconocer que existen obstáculos. Es algo más profundo y dañino: aceptar la injusticia como paisaje, el abuso como rutina y la precariedad como norma cotidiana.
Cuando la resignación se convierte en hábito, la capacidad de reacción colectiva se debilita. Las quejas persisten, pero pierden fuerza transformadora. Se habla mucho, pero se actúa poco.
La resignación como mecanismo de supervivencia
En contextos prolongados de crisis, resignarse puede parecer una estrategia para sobrevivir emocionalmente. Adaptarse reduce el estrés inmediato, pero tiene un costo a largo plazo: anestesia la conciencia social.
Así, lo que comienza como un mecanismo de defensa termina funcionando como el mayor aliado de cualquier sistema disfuncional.
Las señales claras de una sociedad resignada
- Frases como “siempre ha sido así” o “no hay nada que hacer”.
- Baja participación ciudadana sostenida.
- Indignación pasajera sin continuidad.
- Normalización del deterioro institucional.
Estas señales no aparecen de forma aislada. Se refuerzan entre sí y crean un clima donde el cambio parece improbable, incluso indeseable.
Resignación social y poder: una relación funcional
Ningún sistema autoritario o disfuncional se sostiene únicamente por la fuerza. Necesita, además, un cierto grado de resignación social. Cuando la gente se acostumbra, el control se vuelve más barato y menos visible.
La resignación reduce costos políticos, minimiza la presión y convierte la estabilidad aparente en un valor superior a la justicia real.
Del cansancio a la apatía: el camino silencioso
Cómo se rompe el vínculo ciudadano
El cansancio prolongado desgasta la participación. La apatía no surge de la indiferencia inicial, sino del agotamiento acumulado. La gente deja de involucrarse no porque no le importe, sino porque siente que nada cambia.
Ese sentimiento, repetido durante años, termina erosionando el vínculo entre ciudadanía y acción colectiva.
Comparación histórica: cuando la resignación precede a los colapsos
La historia demuestra que los grandes colapsos sociales no siempre ocurren tras grandes rebeliones, sino después de largos períodos de resignación silenciosa.
Antes de los cambios profundos —positivos o negativos— suele haber una etapa donde la sociedad parece inmóvil, acostumbrada a sobrevivir en lugar de vivir plenamente.
¿Es posible revertir la resignación social?
Sí, pero no de forma inmediata ni espontánea. La resignación no se rompe con discursos grandilocuentes, sino con procesos graduales de reactivación de la conciencia ciudadana.
Primeros pasos para salir de la costumbre
- Reconocer la resignación como problema.
- Romper la normalización del abuso.
- Recuperar espacios de participación real.
- Construir pequeñas victorias colectivas.
Reflexión complementaria en video
Este tema se relaciona con reflexiones sobre conciencia, responsabilidad personal y resistencia interior desarrolladas en el canal de Víctor Escalona. Aunque no aborda directamente la política, ayuda a comprender cómo la resignación se instala en la mente antes de hacerlo en la sociedad. https://www.youtube.com/embed?listType=user_uploads&list=VictorEscalonaElEstoico
El periodismo independiente frente a la resignación colectiva
Cuando la resignación se vuelve costumbre, el periodismo independiente cumple una función vital: recordar que lo anormal no debe aceptarse como normal.
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Preguntas frecuentes
¿La resignación social es irreversible?
No. Pero cuanto más tiempo se normaliza, más difícil resulta revertirla.
¿La resignación es lo mismo que paciencia?
No. La paciencia espera activamente; la resignación renuncia.
¿Cómo puede una sociedad volver a reaccionar?
Recuperando conciencia, organización y objetivos compartidos.
Cierre: acostumbrarse también es una decisión
La resignación no siempre se elige de forma consciente, pero se sostiene con decisiones cotidianas. Acostumbrarse al daño es una forma silenciosa de perpetuarlo.
Romper la costumbre no es fácil, pero es el primer paso para recuperar la dignidad colectiva.
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