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lunes, 16 de marzo de 2026

Orden constitucional en Venezuela: la ruta que ya no admite disfraces

RadioAmericaVe.com  / Opinión.

 

Orden constitucional en Venezuela exige fiscal independiente, nuevo CNE, libertad para presos políticos y elecciones con garantías reales.

sin reglas no hay república

Orden constitucional en Venezuela: la ruta necesaria

Orden constitucional en Venezuela ya no depende de discursos sino de una ruta concreta: fiscal independiente, nuevo árbitro electoral, libertad para los presos políticos, retorno del exilio y elecciones con garantías reales.

La constitución existe en el papel, pero ya no gobierna la realidad

En Venezuela no rige ya la constitución de 1999. Decirlo incomoda, pero no por eso deja de ser verdad. La historia de su progresiva desaplicación no comenzó el 3 de enero de 2026, pero sí encontró allí un punto de culminación política. Ese día dejó de ser sostenible la ficción de que el país seguía moviéndose dentro de un marco constitucional reconocible. Lo que quedó en pie fue otra cosa: una estructura de mando apoyada en hechos consumados, en acomodos de poder y en una cobertura internacional selectiva.

La situación actual tiene una crudeza especial. Las autoridades interinas saben que su mandato es contrario al diseño constitucional. Lo saben, aunque no lo admitan con todas sus letras. Y, sin embargo, se sostienen de momento gracias a una combinación de dos factores: la aquiescencia del poder estadounidense y una obediencia práctica a sus prioridades geopolíticas. Así funciona hoy la política venezolana: menos como una república con soberanía institucional y más como un territorio donde la legalidad quedó subordinada a la administración del poder.

Como escribió Víctor Escalona en una frase que hoy tiene un peso particular: “A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana.” Venezuela necesita pensar con precisión, sin consuelos falsos. No basta con constatar que el orden constitucional está roto. Hay que discutir cómo se repara.

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Sin elecciones no hay estabilidad, pero sin condiciones tampoco hay elecciones

Venezuela necesita una elección. Pero conviene decirlo con rigor: una elección por sí sola no es una condición suficiente para la estabilidad y la recuperación. Sí es, en cambio, la condición necesaria. Todo el resto —inversión, reconocimiento, gobernabilidad, retorno del talento, reconstrucción social— depende en gran medida de que exista un punto de legitimidad política verificable. Y ese punto no puede salir de un laboratorio propagandístico ni de una negociación opaca entre élites. Tiene que surgir de un proceso creíble.

Los Rodríguez y los Moshiri de este mundo podrán vender espejitos por oro durante un tiempo. Podrán prometer normalización, negocios, conectividad o pragmatismo. Podrán intentar convencer al país de que primero viene la estabilidad y después la legitimidad. Pero esa ecuación ya fracasó demasiadas veces. En una sociedad devastada por la arbitrariedad, no hay estabilidad durable sin un mecanismo legítimo de representación.

La ruta concertada no puede ser un adorno retórico

Si se quiere recobrar un orden constitucional, la palabra clave no es “salida”, sino “ruta”. Y esa ruta debe ser concertada, visible y medible. No puede ser un listado de buenas intenciones. Debe incluir decisiones concretas que preparen el terreno para una elección verdadera y no para otra simulación con barniz técnico.

Hay al menos seis piezas indispensables.

1. Un fiscal realmente independiente

No habrá transición digna mientras el Ministerio Público siga funcionando como instrumento de conveniencia política. Un fiscal independiente no es un lujo institucional. Es una garantía mínima para frenar la persecución selectiva, investigar abusos y generar una primera señal de corrección del Estado.

Además, un fiscal creíble serviría para tres tareas urgentes:

  • Revisar causas penales abiertas contra opositores, sindicalistas y activistas.
  • Auditar actuaciones vinculadas a detenciones arbitrarias y violaciones de debido proceso.
  • Recomponer la confianza de un país que aprendió a asociar justicia con castigo político.

Sin una Fiscalía autónoma, cualquier elección futura nacerá contaminada por el miedo.

2. Una nueva autoridad electoral

La designación de una nueva autoridad electoral no es una concesión a la oposición. Es una necesidad sistémica. El árbitro actual no solo está cuestionado; está agotado como referente de confianza pública. Un organismo electoral deslegitimado convierte cada elección en una disputa interminable sobre el conteo, las actas, los tiempos y la intención real del proceso.

Un nuevo CNE debe construirse sobre tres pilares:

  1. Independencia operativa, sin obediencia partidista ni subordinación de hecho.
  2. Capacidad técnica verificable, con auditorías completas y observación seria.
  3. Aceptación política suficiente, para que nadie llegue a la elección convencido de antemano de que ya fue burlado.

En otras palabras: sin árbitro confiable, no hay juego democrático. Solo hay trámite.

3. No más presos políticos y libertad para los que siguen injustamente detenidos

La transición no puede comenzar con rehenes. Que no haya nuevos presos políticos y que se libere a quienes siguen injustamente en prisión es una condición de humanidad, sí, pero también de diseño institucional. Un país no vota libremente mientras el Estado conserva la potestad de encarcelar disidencias para disciplinar a la sociedad.

La excarcelación debe ser completa y verificable. No a cuentagotas. No con listas parciales. No con la lógica del favor. Porque cuando la libertad depende de la conveniencia del poder, deja de ser un derecho y se convierte en moneda de cambio.

4. El retorno de los exiliados

El exilio venezolano no es una nota al pie. Es una mutilación política, profesional y emocional de la nación. Recuperar el orden constitucional exige que quienes salieron por persecución, amenaza o inviabilidad puedan regresar sin temer retaliaciones.

Eso incluye dirigentes, periodistas, defensores de derechos humanos, técnicos, académicos, empresarios y miles de ciudadanos sin cargo público pero con historia de presión y hostigamiento. El regreso del exilio no solo repara vidas. También repatria capacidades que hoy el país necesita con urgencia.

5. Actualización del registro electoral

Hablar de elecciones sin actualizar el registro electoral es otra forma de cinismo. Millones de venezolanos se movieron dentro y fuera del país. Millones cambiaron de residencia, salieron al exilio o alcanzaron edad de votar. Pretender una elección legítima con un registro desactualizado sería fabricar otra impugnación desde el origen.

La actualización debe incluir:

  • Inscripción de nuevos votantes.
  • Cambio expedito de centro para desplazados internos.
  • Mecanismos efectivos de inscripción y votación para la diáspora.
  • Auditoría pública de depuración y consistencia del padrón.

La diáspora no puede seguir siendo una multitud útil para el discurso y descartable para el voto.

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6. La devolución de las tarjetas a los partidos judicializados

Un sistema de partidos no puede reconstruirse si el poder decide qué siglas sobreviven y cuáles son intervenidas. La devolución de las tarjetas a los partidos judicializados es una medida elemental para recomponer pluralismo. No se trata de nostalgia partidista. Se trata de competencia real.

Las tarjetas importan porque representan memoria política, identidad organizativa y derecho de representación. Si el Estado confisca símbolos, también manipula el mapa electoral. Y cuando manipula el mapa, fuerza resultados.

La elección necesaria no puede ser un simulacro elegante

Hay un riesgo recurrente en la política venezolana: confundir una elección técnicamente presentada con una elección realmente libre. Un proceso puede tener cronograma, boletas, observadores parciales y hasta apariencia de normalidad. Y aun así carecer de legitimidad si nace sin garantías fundamentales.

Por eso conviene insistir: una elección es condición necesaria, pero no suficiente. La suficiente llega cuando existe entorno de competencia, justicia no selectiva, partidos funcionales, electores depurados y una autoridad que no juegue para una facción.

Video recomendado

Para complementar esta reflexión sobre liderazgo, institucionalidad y reconstrucción democrática, puedes ver contenidos del canal de Víctor Escalona – El Estoico. Por limitaciones de verificación en tiempo real, dejo una inserción segura al canal para que selecciones el video más cercano al enfoque del artículo.

Ver el video relacionado en YouTube

El periodismo independiente también es una condición necesaria

En contextos como este, el periodismo independiente no es un adorno democrático. Es una barrera de contención contra el olvido y la propaganda. Cuando un país vive entre hechos consumados, legalidades en ruinas y negociaciones que se venden como estabilidad, alguien tiene que ordenar la realidad con palabras limpias y preguntas incómodas.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué se afirma que en Venezuela ya no rige la constitución de 1999?

Porque, según la tesis del artículo, la desaplicación progresiva del marco constitucional terminó de consolidarse el 3 de enero de 2026, cuando el poder efectivo dejó de guardar coherencia con el diseño institucional de la carta magna.

¿Basta con convocar elecciones para recuperar el orden constitucional?

No. Una elección es condición necesaria, pero no suficiente. Debe estar precedida por garantías concretas: fiscal independiente, nuevo árbitro electoral, libertad para presos políticos, retorno del exilio, registro actualizado y restitución de partidos judicializados.

¿Por qué es tan importante actualizar el registro electoral?

Porque sin un padrón actualizado no existe representación real de la ciudadanía, especialmente después del desplazamiento interno y del exilio masivo de venezolanos.

¿Qué papel juega Estados Unidos en la situación actual?

Según el planteamiento del artículo, la autoridad interina se sostiene, por ahora, en la aquiescencia del poder estadounidense y en una relación de subordinación política a sus prioridades.

El país no necesita espejitos. Necesita reglas

Venezuela no saldrá del atolladero con promesas de oportunidad sin garantías, ni con acuerdos de superficie que intenten cambiar oro por espejitos. Lo que está en juego no es un simple rediseño del poder, sino la recuperación misma de una vida republicana reconocible.

Hacia allí hay que ir: con una ruta concertada, con medidas previas verificables y con la convicción de que la elección no es el final del camino, sino el umbral mínimo para entrar otra vez en la legalidad. El poder podrá comprar tiempo. No podrá comprar indefinidamente legitimidad.

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