RadioAmericaVe.com / Opinión.
El régimen venezolano vuelve a mostrar su desprecio hacia trabajadores, pensionados y presos políticos pese a sus cambios de imagen.

Dictadura venezolana, crisis política Venezuela, trabajadores y pensionados Venezuela, presos políticos Venezuela
Cualquier calificativo se queda corto ante el caradurismo del poder en Venezuela. Hay gestos que no necesitan demasiada interpretación porque se explican solos: la burla hacia trabajadores y pensionados, la tranca de Caracas por voluntad caprichosa de quienes mandan, el menosprecio hacia los presos políticos y sus familias. Todo forma parte de una misma naturaleza, aunque aparezca en momentos distintos y con disfraces diferentes.
El viejo refrán popular lo resume mejor que muchos análisis: “por más que te tongonees…”. Se puede cambiar de traje, de color, de tono, de escenografía y hasta de vocabulario. Se puede abandonar el rojo por el azul, el blanco o cualquier otro intento de moderación visual. Pero hay formas de ejercer el poder que no se maquillan. Se revelan.
El desprecio como método
La burla hacia los trabajadores y pensionados no es un accidente comunicacional. Es una forma de poder. Quien ha destruido el salario, degradado la jubilación y reducido la vida cotidiana a una batalla por sobrevivir no puede luego presentarse como defensor del pueblo trabajador sin provocar indignación.
El problema no está solo en la pobreza material. Está también en la humillación simbólica. En hablarle al país como si no entendiera. En tratar la paciencia social como una bolsa sin fondo. En creer que la gente no registra, no recuerda y no compara.
Venezuela sabe lo que vive. Sabe cuánto cuesta comer, enfermarse, trasladarse o sostener una casa. Sabe también cuándo el poder se burla de su dolor.
La ciudad como propiedad del poder
La tranca de Caracas por voluntad caprichosa del poder revela otra deformación profunda: la idea de que el país es una finca administrativa. No importa si la gente trabaja, si necesita movilizarse, si tiene una emergencia o si simplemente intenta cumplir con su día. Cuando el poder decide imponer su voluntad sobre la ciudad, la vida del ciudadano queda en segundo plano.
Ese gesto dice mucho. Dice que el ciudadano no es el centro de la política, sino un obstáculo logístico. Dice que la autoridad no se concibe como servicio, sino como dominio. Dice que la calle, en lugar de ser espacio público, sigue siendo tratada como territorio de control.
Y cuando una sociedad empieza a aceptar esas arbitrariedades como rutina, pierde algo más que tiempo en una cola: pierde noción de ciudadanía.
Los presos políticos y la crueldad como continuidad
El menosprecio hacia los presos políticos confirma que la supuesta moderación del nuevo momento no alcanza el corazón del problema. La represión no desaparece porque cambie el tono del discurso. Tampoco se borra porque algunos voceros intenten hablar con palabras más suaves.
Mientras existan presos políticos, familias esperando respuestas y ciudadanos perseguidos por pensar distinto, cualquier promesa de reconciliación será incompleta.
Hay verdades que no se pueden adornar:
- No hay reconciliación real con presos políticos tras las rejas.
- No hay democracia posible si protestar sigue siendo un riesgo.
- No hay cambio auténtico si el poder conserva intacta su capacidad de castigar.
- No hay futuro limpio si se pretende tapar la crueldad con nuevos colores.
La vileza del sistema aparece precisamente ahí: en su capacidad de castigar y luego pedir comprensión; de humillar y luego exigir reconocimiento; de perseguir y luego hablar de paz.
El maquillaje no cambia la naturaleza
Es bueno que pierdan los estribos. Es bueno que se enreden con sus mentiras. Es bueno que el maquillaje se corra. Porque cada gesto de soberbia revela lo que los discursos intentan ocultar.
Durante años, el poder ha tratado de reinventarse sin corregirse. Ha querido pasar de una estética a otra, de una consigna a otra, de una narrativa a otra, sin asumir el fondo de sus actos. Pero la sociedad venezolana ya no mira solo la superficie. Aprendió a leer los gestos.
Y lo que lee es claro: la esencia sigue ahí.
Como diría Víctor Escalona, “el poder que necesita disfrazarse demasiado ya sabe que perdió la confianza”. Esa frase sirve para entender el momento. No estamos ante una transformación profunda, sino ante un intento de administración de imagen.
El pueblo también ajusta cuentas
Hay un error que los regímenes cometen una y otra vez: confundir silencio con aceptación. Que la gente no estalle todos los días no significa que haya olvidado. Que no proteste a cada hora no significa que haya perdonado. Que sobreviva no significa que se haya rendido.
El pueblo venezolano ha demostrado que sabe ajustar cuentas políticamente cuando encuentra el cauce para hacerlo. Lo hizo antes y volverá a hacerlo. Quizás no con el calendario que el poder teme, ni con la forma que la propaganda espera, pero lo hará.
Porque hay agravios que se acumulan. Y cuando se acumulan demasiado, dejan de ser episodios aislados para convertirse en memoria colectiva.
La estafa al desnudo
Lo que hoy queda al desnudo no es solo la ruindad de determinados funcionarios. Es la estafa de un sistema que durante años habló en nombre del pueblo mientras lo empobrecía, lo encerraba, lo vigilaba y lo humillaba.
El problema no es únicamente que hayan fallado. Es que pretenden seguir actuando como si tuvieran autoridad moral para dar lecciones.
Pero la autoridad moral no se decreta. Se gana. Y se pierde cuando el poder se burla del hambre, obstaculiza la ciudad, desprecia a los presos políticos y trata la dignidad ciudadana como un detalle secundario.
En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe cumplir una tarea esencial: nombrar lo que otros intentan suavizar. Decir con claridad lo que ocurre. No normalizar el abuso ni convertir la arbitrariedad en paisaje. Sostener esa mirada crítica solo es posible con lectores que entienden el valor de una voz libre.
Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €
Ningún maquillaje puede ocultar indefinidamente la naturaleza de un poder que desprecia a la gente. Ningún cambio de color borra la memoria de quienes han sufrido. Ningún gesto escénico sustituye la justicia.
Y si algo ha demostrado Venezuela es que, tarde o temprano, el pueblo encuentra la manera de responder. A fin de cuentas, por más que se tongoneen, ya sabemos lo que son.
¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.
RadioAmericaVe.com / Opinión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario