Delcy insiste en la miseria del chavismo - Radio America VE
planeta tierra girando circulo logo radio america ve

Volumen:

100

Últimas noticias

viernes, 3 de julio de 2026

Delcy insiste en la miseria del chavismo

RadioAmericaVe.com  / Opinión.

 

Delcy Rodríguez tuvo ocasión de rectificar tras la tragedia, pero eligió propaganda, negación y ataque.

la tragedia no admite propaganda webp
  • Rueda de prensa Delcy Rodríguez
  • Tragedia en Venezuela
  • Chavismo y propaganda
  • Víctimas de los terremotos

Delcy Rodríguez tenía una oportunidad mínima, pero real, de medio enderezar el entuerto. No de borrar la tragedia, porque eso ya no lo borra nadie. No de convencer a las víctimas, porque las víctimas no necesitan consignas sino respuestas. Pero sí de hacer algo elemental: admitir fallas, pedir perdón por el abandono, abrir puertas a la ayuda, reconocer el dolor de los familiares y hablar con un mínimo de decencia institucional. Eligió lo contrario. Porfió. Y en esa porfía apareció, otra vez, la naturaleza más vieja y miserable del chavismo: negar, acusar, victimizarse y convertir el sufrimiento ajeno en una supuesta operación mediática.

Quien pensó que la rueda de prensa serviría para asumir responsabilidades se llevó un chasco. Quien creyó que habría una palabra sincera para los familiares que bajaron a La Guaira o recorrieron zonas afectadas buscando a sus desaparecidos, también. Quien esperaba un gesto constitucional, una señal de límite, una admisión de que el interinato no podía seguir estirándose como plastilina política, mejor que siga contando. El poder chavista ha demostrado demasiadas veces que cuando puede escoger entre la ley y la conveniencia, escoge la conveniencia; cuando puede escoger entre la compasión y la propaganda, escoge la propaganda.

La tragedia exigía humanidad. Delcy respondió con libreto.

La oportunidad perdida de pedir perdón

En momentos de catástrofe, un dirigente con sentido de Estado no necesita decirlo todo perfecto. Nadie exige una pieza retórica impecable mientras hay muertos, heridos, desaparecidos y familias deshechas. Lo mínimo es otra cosa: tono, respeto, humildad, información útil y disposición a corregir. Una autoridad responsable puede decir: fallamos aquí, falta esto, aceptamos apoyo, vamos a publicar listas, vamos a permitir el acceso de rescatistas, vamos a proteger a quienes ayudan, vamos a rendir cuentas.

Eso habría sido insuficiente, pero al menos habría marcado un comienzo. Habría reconocido que el drama no pertenece al poder, sino a las víctimas. Habría enviado una señal de que, incluso dentro de un sistema agotado, quedaba algún reflejo de responsabilidad pública.

Pero el chavismo rara vez se permite la humildad. Su cultura política está hecha de control, relato y sospecha. Si la realidad lo desmiente, acusa a la realidad. Si la gente se organiza, ve conspiración. Si los familiares preguntan, ve manipulación. Si la prensa extranjera insiste, ve ataque. Si alguien llora frente a los escombros, el aparato busca cómo convertir ese llanto en matriz de opinión.

Ese es el fondo moral de lo ocurrido: Delcy no habló como alguien interpelada por el sufrimiento nacional, sino como una operadora política preocupada por la erosión del relato oficial.

Cuando las víctimas son tratadas como sospechosas

Resulta particularmente repugnante sugerir que quienes bajaron a buscar a sus familiares, o quienes denunciaron abandono, o quienes pidieron información, formaban parte de un laboratorio mediático. Esa acusación revela más sobre quien la formula que sobre los ciudadanos señalados. Una madre que busca a su hijo no es una matriz. Un hermano que remueve escombros no es una operación psicológica. Un vecino que graba la ausencia de ayuda no es un enemigo de la patria. Es un ciudadano desesperado ante un Estado que no llegó, llegó tarde o llegó con más control que auxilio.

El chavismo ha perfeccionado esa táctica durante años: deshumanizar la queja para no responderla. Si el reclamo viene de un periodista, es mercenario. Si viene de una ONG, es agente extranjero. Si viene de una víctima, está manipulada. Si viene de un familiar, forma parte de una campaña. Si viene de la calle, es guarimba. Si viene del hambre, es bloqueo. Siempre hay una excusa para no mirar el desastre propio.

En esta tragedia, el pueblo acudió a salvar al pueblo. Esa frase debería avergonzar a cualquier gobierno. Pero en lugar de asumirla como diagnóstico de colapso, el aparato la trata como amenaza. Porque la autoorganización ciudadana desnuda una verdad que la propaganda no soporta: cuando el Estado desaparece de sus deberes esenciales, la sociedad empieza a ocupar el vacío.

El disfraz pastel no resiste la presión

Durante años, Delcy Rodríguez ha intentado moverse entre dos registros: el de la funcionaria técnica, de tonos contenidos, colores suaves y gesto aparentemente administrativo; y el de la dirigente chavista dura, formada en la escuela de la descalificación, el cinismo y la obediencia al aparato. En tiempos normales, puede disimular. En tiempos críticos, se le cae el decorado.

Solo basta medio presionarla para que aparezca la Delcy de verdad: la que se irrita ante la pregunta incómoda, la que no tolera que un corresponsal extranjero pregunte desde el terreno, la que busca desplazar la atención del hecho a la supuesta intención del que pregunta. Esa reacción no es un accidente de carácter. Es una forma de poder.

Los corresponsales extranjeros tienen una ventaja incómoda para el régimen: no dependen del permiso emocional de Miraflores para creer lo que ven. Han estado en el país, han observado el dolor, han hablado con gente, han visto la devastación, han registrado la ausencia, han escuchado a familiares. No es tan fácil venderles una versión de laboratorio cuando el laboratorio está en los escombros y la realidad huele a polvo, sangre, miedo y cansancio.

La propaganda funciona mejor cuando no hay testigos. Pero esta vez hay demasiados.

La vieja receta del chavismo

Lo ocurrido encaja en un patrón conocido. No es improvisación. Es método. Cada vez que una crisis amenaza con mostrar la desnudez del poder, el chavismo responde con una secuencia casi automática:

  • Minimiza la dimensión del problema o administra la información con opacidad.
  • Traslada la culpa a actores externos, medios, sanciones, laboratorios o conspiraciones.
  • Descalifica a quienes denuncian en lugar de responder el contenido de la denuncia.
  • Convierte la ayuda ciudadana en sospecha si no pasa por canales controlados.
  • Usa la victimización del poder para desplazar a las víctimas reales.
  • Intenta imponer cansancio informativo hasta que la atención pública baje.

Esa receta puede haber funcionado muchas veces. Pero cada repetición la vuelve más evidente. A estas alturas, el país sabe distinguir entre información y propaganda. Sabe cuándo una autoridad habla para ayudar y cuándo habla para cubrirse. Sabe cuándo hay datos y cuándo hay teatro. Sabe cuándo el discurso busca acompañar a las víctimas y cuándo pretende enterrarlas bajo el ruido oficial.

Por eso esta rueda de prensa no cerró la crisis. La profundizó.

Las consecuencias no siempre llegan con ruido

No hace falta imaginar un desenlace inmediato para entender que hay consecuencias en marcha. La credibilidad de Delcy Rodríguez ya venía golpeada por su papel dentro de un sistema que ha hecho de la opacidad una forma de gobierno. Pero una tragedia nacional tiene una capacidad especial para acelerar la erosión moral. Cuando la gente está enterrando muertos, buscando desaparecidos o esperando noticias de un familiar, tolera menos la soberbia. Tolera menos la mentira. Tolera menos el maquillaje.

Las consecuencias pueden aparecer de muchas maneras: en la pérdida de respeto interno, en el endurecimiento de miradas externas, en el crecimiento de denuncias documentadas, en la memoria de las familias, en la presión de la diáspora, en el juicio de corresponsales que no compran el guion, en la acumulación de expedientes morales que algún día serán también expedientes políticos y judiciales.

La propaganda queda para los propagandistas. La realidad queda para la historia.

Y la historia suele ser más paciente que los tiranos.

La tragedia no admite postureo

Venezuela no necesita funcionarios actuando indignación contra preguntas legítimas. Necesita listas transparentes, acceso humanitario, respeto a los centros de acopio, protección para quienes ayudan, apertura a rescatistas, información clara sobre fallecidos, heridos y desaparecidos, y garantías para la prensa nacional e internacional. Necesita, en suma, que el poder deje de tratar la emergencia como un problema de imagen.

Como suele decir Víctor Escalona, “el poder muestra su alma cuando la gente ya no tiene nada que perder”. En esta hora, el alma del chavismo volvió a mostrarse: áspera, desconfiada, soberbia, incapaz de pedir perdón incluso cuando el país está de luto.

En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe insistir donde el poder quiere cansancio. Preguntar no es atacar. Documentar no es conspirar. Denunciar no es politizar el dolor. Al contrario: es impedir que el dolor sea utilizado para fabricar silencio. En momentos así, la prensa libre no sustituye a las víctimas; las acompaña para que no sean borradas.

Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €

Delcy pudo escoger una palabra humana. Escogió el reflejo autoritario. Pudo abrir una puerta. Cerró filas. Pudo reconocer que el país no necesitaba más propaganda, sino verdad. Prefirió porfiar en las miserias de siempre. Y por más que intente vestir de operación mediática lo que vieron los ciudadanos, los familiares y los corresponsales, la realidad ya escapó del corral del relato oficial. 

Comparte esta columna, comenta y suscríbete para seguir defendiendo una conversación pública libre, crítica y con memoria. 

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.

Recibe nuestros titulares directamente en tu correo.
Suscríbete gratis y mantente informado.

RadioAmericaVe.com  / Opinión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pages