RadioAmericaVe.com / la Voz del Lector.
Lectores exigen presos políticos libres, CNE, TSJ y una transición con legitimidad real.

- Mesa de negociación en Venezuela
- Presos políticos en Venezuela
- Reinstitucionalización venezolana
- Elecciones libres en Venezuela
Nos escriben lectores con una sensación conocida: Venezuela vuelve a mirar una mesa política con esperanza limitada, memoria larga y sospecha legítima. Las imágenes recientes en el Meliá, según nos dicen, inevitablemente recuerdan la puesta en escena de Barbados. Y esa comparación pesa. Porque muchos ciudadanos sienten que aquellos acuerdos, que prometían abrir camino democrático, terminaron burlando una aspiración nacional que luego fue golpeada por el 28 de julio de 2024, por el 3 de enero y por una transición que todavía no muestra resultados concretos.
El país, dicen los lectores, está en un trayecto desconocido. Hay luces, pero también sombras; Hay anuncios, pero todavía faltan hechos. Hay discursos sobre reinstitucionalización, pero la gente sigue preguntando lo esencial: ¿cuándo serán liberados los presos políticos?, ¿cuándo habrá un nuevo CNE?, ¿cuándo se revisará el TSJ?, ¿cuándo se convocarán elecciones verdaderamente confiables?, ¿quién tiene legitimidad para comprometer el futuro económico y político de Venezuela?
La frase ciudadana es dura: “No creo en esa mesa”. No nace del capricho ni del deseo de sabotear una salida. Nace de una historia de promesas incumplidas. Venezuela ha visto demasiadas negociaciones convertidas en demora, demasiados acuerdos usados como oxígeno político y demasiadas fotos solemnes que no cambiaron la vida de la gente. Por eso, si esta vez se quiere recuperar confianza, no bastará con escenografía. Harán falta resultados.
La sombra de Barbados
El recuerdo de Barbados aparece como advertencia. Para los lectores, no se trata solo de una fotografía parecida ni de un acto protocolar. Se trata del temor a repetir un libreto: sentarse, anunciar, prometer, ganar tiempo y terminar sin garantías reales para el ciudadano.
La experiencia venezolana obliga a mirar cada gesto con cuidado. Cuando un país ha sido tantas veces defraudado, la confianza deja de ser automática. Se gana con hechos verificables. Y en este caso, la ciudadanía parece tener claro cuáles deberían ser las primeras señales de seriedad.
- Liberación inmediata y verificable de los presos políticos.
- Renovación real del Consejo Nacional Electoral.
- Revisión profunda del Tribunal Supremo de Justicia.
- Cronograma electoral claro, público y cercano.
- Garantías para medios, partidos, ciudadanos, diáspora y observación independiente.
Sin esos elementos, cualquier negociación corre el riesgo de parecer otra fórmula para administrar el tiempo, proteger intereses y dejar al pueblo esperando en la cola.
Los presos políticos no pueden esperar vacaciones
Uno de los reclamos más fuertes de los lectores tiene que ver con los presos políticos. La frase “después de burro muerto” aparece como expresión de cansancio ante la idea de dejar ese tema para después. Para la ciudadanía, la libertad de quienes permanecen detenidos por razones políticas no puede ser un punto secundario ni una ficha para etapas posteriores.
Si la transición pretende ser democrática, debe empezar por devolver dignidad a quienes han pagado el costo de la represión. Un país no puede hablar de reinstitucionalización mientras sus presos políticos siguen esperando. Tampoco puede pedir paciencia a familiares que llevan años entre tribunales, cárceles, silencio y angustia.
La liberación de presos políticos no es un gesto decorativo. Es una prueba moral. Permite saber si la negociación busca realmente abrir una nueva etapa o si solo pretende construir una fachada aceptable para que otros asuntos, especialmente los económicos y petroleros, avancen primero.
La legalidad del proceso bajo debate ciudadano
Los lectores también plantean dudas sobre la legalidad y legitimidad de los actores sentados en la mesa. Cuestionan, por un lado, la representación del sector controlado por Jorge Rodríguez y Delcy Rodríguez; por otro, la capacidad de figuras vinculadas a estructuras opositoras anteriores para representar hoy al pueblo venezolano sin una validación política actual y clara.
La preocupación de fondo es sencilla: ninguna decisión trascendental debería comprometer a Venezuela si no existe un gobierno democrático, legítimo y reconocido por la voluntad popular. El país no está discutiendo asuntos menores. Se habla de transición, contratos, reservas, elecciones, justicia, reconstrucción y poder. Por eso la ciudadanía exige claridad sobre quién decide, bajo qué autoridad y con qué límites.
Algunos lectores incluso piden que los recursos venezolanos bajo custodia en Inglaterra no sean devueltos hasta que exista un gobierno democrático. Otros preguntan si esas reservas podrían ser usadas para atender consecuencias de la tragedia de La Guaira y advierten sobre el riesgo de tocar activos que, en teoría, respaldan la estabilidad monetaria del país. Son preguntas complejas, pero legítimas. Y precisamente por eso requieren debate público, legalidad, transparencia y control institucional.
Petróleo, contratos y soberanía
Otra inquietud ciudadana apunta al papel de Estados Unidos y al interés petrolero. Los lectores sostienen que cualquier negociación económica debe pasar primero por una base política legítima: presos libres, nuevo CNE, nuevo TSJ y elecciones que permitan constituir autoridades capaces de aprobar o rechazar contratos de forma constitucional.
La advertencia es importante. Si la economía avanza antes que la legitimidad, los acuerdos pueden nacer cuestionados. Si se comprometen recursos estratégicos sin instituciones democráticas, el país podría heredar nuevos conflictos legales, políticos y morales. Las grandes empresas lo saben: la seguridad jurídica no se construye sobre atajos, sino sobre instituciones reconocidas y reglas claras.
Venezuela necesita inversión, producción petrolera y reconstrucción económica. Pero nada de eso puede sustituir la soberanía popular. La economía no puede convertirse en excusa para postergar presos políticos, elecciones, justicia y reinstitucionalización.
¿Dejamos que Estados Unidos haga el trabajo?
Los lectores también formulan una pregunta incómoda: ¿debe Venezuela dejar que Estados Unidos haga el trabajo? Algunos agradecen que Washington haya contribuido a mover el tablero, especialmente tras la salida de Maduro del centro del poder. Pero advierten que entregar el destino nacional a una potencia extranjera puede tener consecuencias profundas.
La historia venezolana exige equilibrio. Los aliados pueden ayudar, presionar, facilitar garantías y acompañar. Pero no deben sustituir al país. Venezuela no puede pasar de un secuestro interno del poder a una tutela externa del futuro. La transición debe responder a los venezolanos, no solo a intereses energéticos, diplomáticos o geopolíticos.
Por eso algunos ciudadanos evocan la idea de volver al cabildo, de pensar en una Junta de Gobierno o en fórmulas de emergencia institucional que devuelvan el centro a la sociedad venezolana. No todas las propuestas tendrán la misma viabilidad jurídica o política, pero expresan una angustia real: el pueblo siente que su destino se está negociando lejos de él.
Primero lo primero
La frase “primero lo primero” resume el eje de esta carta ciudadana. Para los lectores, el orden no debería ser confuso: presos políticos, CNE, TSJ y elecciones. Todo lo demás puede ser importante, pero no debe desplazar esas prioridades.
Si la mesa busca oro por espejitos, el país lo sabrá pronto. Si busca una transición real, tendrá que demostrarlo con hechos. La ciudadanía ya no quiere anuncios sobre anuncios ni frases generales sobre democracia. Quiere señales concretas, fechas, decisiones, garantías y resultados.
También hay una autocrítica que sigue siendo necesaria. Venezuela pagó muy caro los atajos, la ruptura del hilo constitucional y la confianza en soluciones de fuerza que prometían salvar al país sin construir instituciones. Aprender de esa historia implica exigir una transición firme, pero legal; urgente, pero democrática; acompañada por aliados, pero decidida por venezolanos.
En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe abrir espacio a estas voces porque allí se escucha el país real: el que no quiere repetir Barbados, el que no olvida el 28 de julio, el que exige presos libres, el que pregunta por el oro, el que teme que el petróleo pese más que la justicia y el que sabe que una transición sin legitimidad puede convertirse en otro fracaso.
La pelota sigue en la cancha, pero no precisamente en Venezuela, dicen los lectores. Justamente por eso la ciudadanía debe estar más atenta que nunca. Si esta mesa quiere ser distinta, debe empezar por respetar lo básico: libertad, instituciones, elecciones y soberanía popular. Sin eso, cualquier acuerdo será apenas otra fotografía en una larga historia de decepciones.
Comparte esta reflexión o envíanos tu testimonio si también crees que la transición venezolana debe comenzar por los presos políticos, la renovación institucional y el respeto a la voluntad popular.
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