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domingo, 23 de agosto de 2026

Venezuela: una mesa sin confianza ciudadana

RadioAmericaVe.com / La Voz del Lector.

 

Lectores cuestionan la mesa política, exigen presos libres y advierten sobre la pérdida de legitimidad.

  • Transición democrática venezolana
  • Presos políticos en Venezuela
  • Crisis institucional venezolana
  • Liderazgo de María Corina Machado

Nos escriben lectores con una mezcla de hartazgo, memoria política y una pregunta que vuelve una y otra vez: ¿aprendió algo Venezuela después de tantos años de engaños, negociaciones inútiles, dirigentes reciclados y poder manejado como finca privada? La inquietud no nace del pesimismo gratuito. Nace de una sociedad que ha visto demasiadas veces cómo los mismos actores cambian de discurso, de siglas o de mesa, pero no cambian de prácticas.

La voz ciudadana insiste en una idea dura: no hay gobierno que aprenda ni electorado suficientemente sabio si la memoria no se convierte en acción. Según los lectores, el régimen conoce los trucos para estirar su agonía, dividir adversarios, fabricar distractores y presentar debates secundarios como si fueran prioridades nacionales. Mientras tanto, los temas esenciales siguen pendientes: presos políticos, legitimidad, empleo, salario, impuestos, Estado de derecho y una ruta democrática verificable.

El mensaje también expresa una convicción extendida: cualquier mesa política que no responda al país real está condenada a la desconfianza. No basta con sentar actores; No basta con anunciar conversaciones. No basta con discutir fórmulas. Venezuela necesita saber quién representa a quién, con qué mandato, para qué objetivo y con qué resultados medibles.

La mesa bajo sospecha

Los lectores cuestionan la utilidad de una mesa que, a su juicio, no ha demostrado capacidad para resolver lo urgente. Algunos la califican como una instancia sin fuerza real, más útil para ganar tiempo que para producir cambios. Otros reconocen que podría abrir una oportunidad, pero advierten que la confianza solo aparecerá si hay hechos concretos.

La preocupación es sencilla: si la mesa no libera presos, no desmonta instituciones capturadas, no garantiza elecciones reales y no incluye al liderazgo con respaldo ciudadano, ¿qué está resolviendo? La ciudadanía no quiere otra ronda de discursos que termine dejando intactos los mismos problemas.

Los puntos que más se repiten son claros:

  • Libertad plena para todos los presos políticos.
  • Revisión profunda del sistema institucional, especialmente justicia y poder electoral.
  • Fin de los debates artificiales que distraen de la crisis real.
  • Respeto a la voluntad popular y al liderazgo democrático con mayor respaldo ciudadano.
  • Decisiones orientadas a reconstruir empleo, salario, empresas e instituciones.

Sin esos elementos, cualquier negociación corre el riesgo de parecer una escenografía más dentro de una larga historia de aplazamientos.

Cadáveres políticos que siguen ocupando espacio

Uno de los mensajes usa una imagen fuerte: Venezuela estaría llena de “cadáveres insepultos” de la política. La frase, aunque dura, expresa el cansancio frente a dirigentes, parlamentos y estructuras que siguen ocupando espacio público pese a haber perdido vigencia, legitimidad o capacidad de respuesta.

Los lectores cuestionan tanto a la Asamblea de 2025, por considerarla expresión de un poder controlado, como a la Asamblea de 2015, por estar fuera de tiempo frente a la realidad actual. La preocupación de fondo no es técnica, sino política: decisiones de enorme impacto no deberían salir de instituciones que la ciudadanía percibe agotadas o sin legitimidad suficiente.

En ese contexto, aparece nuevamente la idea de una Junta de Gobierno o de una fórmula excepcional de conducción democrática capaz de liberar presos políticos y tomar decisiones básicas para estabilizar al país. No todos coincidirán con esa propuesta ni con su viabilidad jurídica, pero su aparición revela algo importante: muchos ciudadanos sienten que las estructuras actuales no están dando respuesta.

Presos políticos antes que distracciones

Los lectores rechazan que temas como la dolarización o debates económicos parciales sustituyan lo urgente. Para ellos, hay asuntos que deben ir primero: la libertad de los presos políticos, la revisión de leyes fiscales que ahogan a las empresas, la recuperación del empleo y la reconstrucción de un sistema institucional que permita vivir y producir sin miedo.

La dolarización puede ser una discusión económica válida, pero no puede convertirse en cortina de humo. Antes de hablar de fórmulas monetarias, Venezuela debe enfrentar la raíz del deterioro: la ausencia de Estado de derecho, la persecución política, la destrucción de confianza, la inseguridad jurídica y la carga fiscal que impide a muchos emprendedores y empresas funcionar con normalidad.

Una economía no se reconstruye solo cambiando la moneda. Se reconstruye cuando la gente puede trabajar, invertir, producir, expresarse y competir bajo reglas claras. Sin justicia, sin libertad y sin instituciones, cualquier reforma queda a medias.

El poder como Elysium

Una de las imágenes más potentes enviadas por los lectores compara a la cúpula del poder con una especie de Elysium: una burbuja de privilegios, lujos y protección, separada del país real que sufre servicios deficientes, pobreza, persecución y abandono. Para quienes escriben, esa distancia explica por qué tantos voceros del poder hablan como si vivieran en otro país.

La ciudadanía ve una élite política que se presenta como pueblo, pero vive lejos del pueblo. Habla de soberanía, pero decide desde la comodidad. Habla de revolución, pero se sostiene sobre privilegios. Habla de justicia social, pero deja a millones atrapados en precariedad.

Esa desconexión ha destruido la confianza. Cuando quienes mandan no padecen las consecuencias de sus decisiones, pierden toda autoridad moral para pedir paciencia, sacrificio o comprensión.

El recuerdo de Chávez y la fragilidad democrática

Los lectores también regresan al origen del desastre. Recuerdan cómo la democracia permitió participar a quienes luego la usaron para debilitarla desde dentro. La reflexión no busca reabrir heridas por simple nostalgia, sino recordar una lección fundamental: la democracia es frágil cuando no se defiende con instituciones, memoria y responsabilidad ciudadana.

El culto político levantado alrededor del poder, sus símbolos y sus mausoleos sigue siendo para muchos venezolanos una herida abierta. No se trata solo de monumentos. Se trata de la manera en que un proyecto político convirtió al Estado en instrumento de control, persiguió adversarios, encarceló inocentes y terminó preparando el terreno para una crisis que todavía no se resuelve.

La memoria democrática debe servir para educar, no para repetir errores. Venezuela necesita enseñar el daño que causan el autoritarismo, el caudillismo y cualquier ideología que justifique destruir instituciones en nombre de una supuesta redención popular.

Alacranes, pactos y libreto

El mensaje ciudadano también cuestiona a dirigentes señalados como operadores funcionales al poder. La expulsión o disciplina interna dentro de ciertos espacios políticos es vista por los lectores como una muestra de control: quien se sale del libreto, paga el costo. Esa percepción alimenta la idea de que muchas discusiones públicas son apenas parte de una puesta en escena donde algunos actores ya saben hasta dónde pueden llegar.

La ciudadanía observa nombres, pactos, declaraciones y reacomodos con sospecha. No quiere alternativas fabricadas ni oposiciones de utilería. Quiere representación real. Quiere liderazgos capaces de enfrentar al poder, no de negociar cuotas dentro de su tablero.

Por eso María Corina Machado vuelve a aparecer como referencia central en los mensajes. Más allá de simpatías personales, los lectores la ven como expresión de una voluntad popular que no puede ser ignorada por acuerdos de cúpulas. En una elección libre, dicen, el país se pronunciaría con claridad. Esa convicción explica el temor de muchos actores a medir fuerzas de verdad.

Amigos externos y amores que duelen

Los lectores también miran hacia Estados Unidos con sentimientos encontrados. Por un lado, reconocen que Washington puede tener influencia decisiva. Por otro, cuestionan acciones contra venezolanos migrantes y temen que el supuesto apoyo termine funcionando como tutela o como cálculo geopolítico.

La frase ciudadana es dolorosa: “es bueno ese amor, pero ese amor me hace llorar”. Resume la contradicción de muchos venezolanos que esperan ayuda internacional, pero no quieren ser tratados como piezas descartables. Venezuela necesita aliados, no tutores. Necesita solidaridad, no decisiones que castiguen a quienes ya huyeron de una crisis profunda.

El destino democrático del país no puede depender únicamente de actores externos. La calle, la ciudadanía organizada, los medios, los gremios, la diáspora y el liderazgo legítimo deben recuperar el centro.

Sin aprendizaje no hay futuro

La gran pregunta de los lectores es si Venezuela aprendió. Si aprendió que con estructuras autoritarias no se negocia entregando cheques en blanco. Si aprendió que las instituciones importan. Si aprendió que los presos políticos no pueden esperar. Si aprendió que la soberanía popular no se delega indefinidamente en mesas sin legitimidad suficiente.

También hay una autocrítica inevitable. Muchos venezolanos apoyaron o toleraron atajos contra el hilo constitucional creyendo que traerían soluciones rápidas. El país conoce hoy el precio de esas horas funestas. Por eso reconstruir la democracia exige algo más que cambiar autoridades: exige una ciudadanía más vigilante, menos ingenua y más comprometida con la ley.

En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe sostener estos espacios porque allí aparece el pulso real del país: el ciudadano que sospecha, recuerda, reclama y exige no ser tratado como espectador. La voz del lector no reemplaza a las instituciones, pero recuerda por qué las instituciones deben existir.

Venezuela necesita una salida democrática con presos políticos libres, instituciones legítimas, liderazgo real, empleo, salario, justicia y memoria. Necesita dejar atrás a los cadáveres políticos que estorban el futuro y construir una ruta donde el pueblo no vuelva a ser usado como excusa por quienes viven lejos de su dolor.

Comparte esta reflexión o envíanos tu testimonio si también crees que Venezuela necesita aprender de su historia, exigir presos políticos libres y recuperar instituciones legítimas para una verdadera transición democrática. 

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.  

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