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lunes, 28 de septiembre de 2026

La casa de Jiménez Maggiolo

Narrativa / La casa de Jiménez Maggiolo


No residía en un edificio custodiado por pinos y girasoles sino en una patria eterna erigida con lienzos, filosofía y letras, regalando sonrisas y desafiando al olvido con la terca lucidez de un caballero andante

 

Marcelo Morán (*)

 

Desde mi niñez vi su nombre en las páginas de opinión del diario Panorama de Maracaibo. A partir del último año de primaria (1970), empecé a leer con interés ese periódico. Era el único medio impreso que llegaba a Las Parcelas, un apartado caserío del estado Zulia donde me crié desde los diez meses de edad. A través de los dos kilómetros que separaba mi casa del quiosco de Gabriel Molina, donde lo compraba, iba leyendo con avidez las informaciones, sobre todo, las páginas dedicadas al béisbol.


El viaje de regreso se tornaba un siglo para mi padre quien parecía contar mis pasos a la espera del añorado Panorama. Más de una ocasión me gané por esa demora una reprimenda verbal. Pues el año anterior se había incorporado a la Liga Venezolana de Béisbol nuestras Águilas del Zulia, y seguía su actuación a través de las trasmisiones radiales que narraba el inolvidable Arturo Celestino Álvarez, el Premier. Pero cuando el juego nocturno se extendía más allá del noveno episodio, me acostaba sin conocer el resultado.

En ese tiempo los artículos de opinión los consideraba muy latosos e incomprensibles. Pero no ocurría lo mismo cuando ojeaba los de Jiménez Maggiolo. Aunque tampoco los entendía, me llamaba la atención su particular manera de usar la i latina en lugar de la y griega, llamada ahora ye por la RAE.

“El idioma español es de origen latino y desde la primaria se enseña que tiene cinco vocales: a,e,i,o,u. El alfabeto no tiene ninguna letra griega”, me diría veinticinco años después.

También aseguraba que el aislamiento del Zulia del resto del país fue determinante para moldear su propia idiosincrasia. Por ejemplo, en el siglo XIX, las familias de clase media preferían enviar sus hijos a estudiar a Europa, Las Antillas o Estados Unidos que enviarlos a Caracas. De allá venían formados en distintas disciplinas del saber haciendo de Maracaibo una de las capitales más cultas del Caribe. “¿Acaso no fue Maracaibo una de las primeras ciudades del mundo en disfrutar el servicio eléctrico?”, agregó en aquella memorable visita que le dispensé en 1995.

Jiménez Maggiolo además de graduarse de médico y filósofo en LUZ, hizo estudios de especialización en España y Bélgica. Pero su faceta de pintor era desconocida para mí.

A mediados de 1995 mi amigo Guillermo Piñeiro Ríos, médico ginecobstetra y nativo de Maracaibo (El Saladillo), se aprestaba a celebrar los 25 años de la Clínica Materno Infantil de Ciudad Ojeda de la que fungía como director-fundador. Para ello había mandado diseñar un afiche conmemorativo en el que resaltaba, entre otras actividades, una exposición con obras pictóricas de Roberto Jiménez Maggiolo.

Un domingo de ese año le acompañé a Maracaibo para conocer al multifacético hombre de acción a quien seguía desde mi infancia solo por su personal manera de usar i latina en sus escritos.

•          Usted puede leer el texto completo de este artículos en https://www.vierne5.com, https://www.radioamericave.com y [email protected]

(*) El autor de este material es un destacado narrador zuliano nacido en 1957 en La Guajira venezolana. Es autor de seis libros inéditos y colaborador de portales nacionales e internacionales.

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