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lunes, 7 de septiembre de 2026

Prudencia no es quedarse paralizado

RadioAmericaVe.com  / Opinión. / 

 

Por Matías Ricardo Escalona Cardinale

La estrategia democrática no puede improvisar el regreso de María Corina ni confundir prudencia con espera.

  • Regreso de María Corina Machado
  • Estrategia democrática Venezuela
  • Liderazgo opositor venezolano
  • Transición política Venezuela

Prudencia no es quedarse paralizado. Prudencia no es esperar a que el régimen se vuelva democrático por arte de magia. Prudencia no es convertir el miedo en método, ni la cautela en excusa, ni la estrategia en una larga sala de espera. En política, sobre todo frente a un poder autoritario, la prudencia verdadera no inmoviliza: calcula, prepara, protege y golpea en el momento exacto. Si confundimos prudencia con simple espera, dejamos de ser parte de la solución y empezamos a ser parte del problema.

Venezuela vive una hora en la que cada movimiento cuenta. No hay margen para el gesto vacío ni para la improvisación emocional. Tampoco hay espacio para la tibieza disfrazada de sensatez. El liderazgo democrático debe entender que la pieza más poderosa del tablero no se mueve para complacer a las redes, ni para calmar ansiedades, ni para producir una foto memorable. Se mueve cuando su impacto puede cambiar la correlación de fuerzas.

El regreso de María Corina Machado, si se produce, no puede ser tratado como una escena romántica de resistencia. Debe ser un acto político de máxima precisión. Mal ejecutado, puede ser neutralizado. Bien calculado, puede convertirse en un punto de quiebre.

La prudencia no es tibieza

Hay una diferencia enorme entre actuar con cabeza fría y quedarse inmóvil por temor a equivocarse. La primera actitud pertenece a los estrategas. La segunda, a quienes terminan justificando la parálisis con palabras nobles. El régimen ha sobrevivido demasiadas veces gracias a esa confusión: mientras unos esperan el momento perfecto, el poder gana tiempo, reorganiza fuerzas, siembra miedo y reduce el espacio de maniobra de quienes quieren cambiar el país.

Pero tampoco se trata de actuar por impulso. La impaciencia puede ser tan peligrosa como la cobardía. Una mayoría sin estrategia es solo ruido. Puede llenar conversaciones, encender redes, producir entusiasmo durante algunas horas y luego desinflarse frente a una maquinaria que sí sabe esperar, infiltrar, dividir, provocar y reprimir.

Por eso la discusión no debe plantearse entre “regresar ya” o “no regresar nunca”. La pregunta correcta es otra: ¿cuándo, cómo, para qué y con qué condiciones debe producirse el regreso?

La pieza más poderosa del tablero

María Corina no es una figura política más dentro de la escena venezolana. Su liderazgo concentra una carga simbólica, electoral y emocional que el país reconoce. Precisamente por eso, mover esa pieza exige más que valentía. Exige cálculo. Exige protección. Exige coordinación nacional e internacional. Exige que el régimen no tenga tiempo de preparar la trampa perfecta.

En ajedrez, la reina no se expone para demostrar coraje. Se activa cuando su movimiento cambia la partida. Sacarla antes de tiempo puede regalar ventaja al adversario. Guardarla demasiado puede desperdiciar una oportunidad irrepetible. Ese es el equilibrio difícil: no paralizarse, pero tampoco precipitarse.

Si se va a mover la pieza más poderosa del tablero, hay que hacerlo bien. Y si no se puede hacer bien todavía, entonces no se mueve todavía. Pero que nadie confunda esa espera táctica con resignación. Esperar con estrategia no es lo mismo que esperar por miedo.

No se puede improvisar

Un regreso de esa magnitud exige condiciones políticas, comunicacionales, sociales y de seguridad. No puede depender de una emoción colectiva ni de una presión digital. Las redes sociales pueden medir temperatura, pero no sustituyen la estrategia. Pueden expresar ansiedad, pero no garantizan protección. Pueden empujar una consigna, pero no organizan por sí solas una operación política de alto riesgo.

El liderazgo democrático debería estar operando con precisión quirúrgica y nervios de acero. Eso implica entender algunas reglas básicas:

  • No se puede improvisar un movimiento que puede alterar todo el tablero nacional.
  • No se puede actuar por presión de redes ni por necesidad de producir épica inmediata.
  • No se puede confundir prudencia con tibieza, ni audacia con temeridad.
  • No se puede desperdiciar el capital político de María Corina por un regreso mal calculado.
  • No se puede anunciar una jugada que solo tiene sentido si sorprende al adversario.

La política seria no se hace para recibir aplausos instantáneos. Se hace para producir consecuencias.

El momento debe doler

El momento exacto no es cuando la gente lo pide con más fuerza. Tampoco cuando el régimen lo espera. Mucho menos cuando los operadores del poder ya tienen preparada la narrativa, los cuerpos de seguridad, las cámaras, las provocaciones y los expedientes. El momento correcto es cuando más le duela al adversario. Cuando le reduzca el margen de maniobra. Cuando lo obligue a reaccionar tarde, mal o a un costo demasiado alto.

Ese es el punto central. María Corina debe regresar, sí, pero no como quien vuelve solo para demostrar que puede volver. Debe regresar como una operación política destinada a maximizar presión, ordenar la energía ciudadana, incomodar al poder y acelerar definiciones. No es regresar por regresar. Es regresar para que le tiemble el piso al cuarteto.

Un regreso mal preparado puede darle al régimen una excusa. Un regreso bien diseñado puede quitarle opciones.

La mayoría necesita conducción

Venezuela ha demostrado muchas veces que tiene mayoría democrática. Pero una mayoría, por sí sola, no basta. La mayoría necesita conducción, organización, objetivos verificables y disciplina. De lo contrario, puede convertirse en una fuerza emocional gigantesca, pero dispersa. Y una fuerza dispersa puede ser contenida, manipulada o agotada.

La gente tiene derecho a la impaciencia. Después de tantos años de abusos, trampas, cárceles, exilio, pobreza y humillación, exigir acción es natural. Pero el liderazgo no está para obedecer cada impulso del momento. Está para transformar esa energía en dirección política.

El país necesita una estrategia que combine calle, presión internacional, comunicación, protección ciudadana, legitimidad electoral y capacidad de respuesta. No basta con tener razón. Hay que convertir esa razón en poder organizado.

El régimen también juega

Subestimar al régimen sería un error. El poder autoritario puede estar debilitado, desprestigiado o dividido, pero sigue teniendo reflejos de supervivencia. Sabe esperar. Sabe tender trampas. Sabe provocar. Sabe fabricar culpables. Sabe convertir un error táctico de sus adversarios en una oportunidad para recomponerse.

Por eso cada paso debe pensarse como parte de una secuencia, no como un acto aislado. El regreso de María Corina, si ocurre, debe estar conectado con objetivos claros: garantías, presión, movilización, observación, acompañamiento internacional, protección de liderazgos regionales, narrativa unificada y capacidad de sostener el pulso después del primer impacto.

El régimen no teme únicamente a una aparición. Teme a una aparición que active una arquitectura política que ya no pueda controlar.

Audacia con método

La audacia sin método puede convertirse en sacrificio inútil. El método sin audacia puede convertirse en burocracia del miedo. Venezuela necesita ambas cosas: audacia y método. Coraje y cálculo. Emoción y disciplina. Fe democrática y capacidad operativa.

Ese equilibrio es difícil, pero indispensable. Un liderazgo que se limita a esperar termina evaporando confianza. Un liderazgo que actúa sin cálculo puede entregar al régimen la oportunidad de neutralizar la esperanza. Entre esos dos extremos debe ubicarse la verdadera prudencia: una prudencia activa, ofensiva, preparada.

Como suele decir Víctor Escalona, “la prudencia no consiste en esconder la espada, sino en sacarla cuando el golpe cambia la historia”. Esa frase resume el momento venezolano. No se trata de quietud. Se trata de oportunidad.

En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe defender esa conversación con claridad. No basta con pedir acción. Hay que exigir estrategia. No basta con esperar liderazgo. Hay que acompañar, vigilar, pensar y advertir cuando el entusiasmo puede convertirse en riesgo. La democracia no se recupera con improvisación, pero tampoco con parálisis.  

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Prudencia no es quedarse paralizado. Es preparar el movimiento para que produzca el mayor efecto posible. María Corina debe regresar cuando su regreso no sea solo noticia, sino presión real; cuando no sea solo gesto, sino jaque; cuando no sea solo valentía, sino estrategia. La reina no se mueve para adornar el tablero. Se mueve cuando puede acercar el jaque mate. 

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