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Por Matías Ricardo Escalona Cardinale
HRW y la AN2015 recuerdan que la democracia venezolana exige justicia, garantías y derechos reales.

- Human Rights Watch Venezuela
- AN2015 y derechos humanos
- Democracia y justicia en Venezuela
- Aparato represivo venezolano
La visita de Human Rights Watch a Venezuela, la primera en 18 años según la propia organización, deja una conclusión que no admite maquillaje: no habrá democracia real mientras no exista Estado de derecho. Puede haber reuniones, comunicados, fotografías, conversaciones con la AN2015, encuentros con funcionarios y gestos de apertura. Pero si la justicia sigue capturada, si los presos políticos continúan bajo amenaza, si las leyes represivas permanecen vigentes y si el aparato de intimidación conserva sus llaves, Venezuela seguirá viviendo en una democracia prometida, no en una democracia existente.
HRW informó que su delegación visitó Caracas y sostuvo reuniones con Delcy Rodríguez, otros funcionarios, organizaciones de derechos humanos, miembros de la oposición, periodistas, familiares de presos políticos, diplomáticos extranjeros y otros actores. En ese balance, la organización reconoció una “pausa” en las formas más evidentes de represión, pero advirtió que Venezuela necesita reformas estructurales para avanzar realmente en derechos humanos. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Ese matiz es fundamental. Una pausa no es una reforma. Una baja temporal de presión no es libertad. Una conversación con actores internacionales no equivale a justicia independiente. Venezuela no necesita que el poder se comporte mejor por conveniencia. Necesita que pierda la capacidad de abusar impunemente.
El Estado de derecho no es un adorno institucional
Cuando se habla de Estado de derecho, algunos creen que se trata de una frase jurídica, fría, lejana, útil para discursos técnicos o informes internacionales. Es exactamente lo contrario. El Estado de derecho es lo que impide que un ciudadano termine preso por pensar distinto. Es lo que evita que un fiscal fabrique una causa; Es lo que obliga a un juez a responderle a la ley y no al poder. Es lo que protege a un periodista cuando investiga, a una ONG cuando documenta, a una familia cuando exige justicia y a un elector cuando deposita su voto.
Sin Estado de derecho, la democracia se convierte en una fachada. Puede haber partidos, urnas, ruedas de prensa, negociaciones y hasta acuerdos solemnes. Pero si las reglas dependen del humor del poder, si los tribunales obedecen llamadas, si las leyes sirven para perseguir y si la libertad se administra como permiso, entonces no hay República: hay una estructura de dominación con vocabulario institucional.
Por eso el mensaje de fondo de HRW y de quienes desde la AN2015 insisten en la recuperación institucional apunta al mismo centro: Venezuela no saldrá de la crisis solo con conversaciones. Saldrá cuando el poder vuelva a estar limitado por la ley.
La visita de HRW importa, pero no basta
Que Human Rights Watch haya podido regresar oficialmente al país después de casi dos décadas tiene valor político y simbólico. Abre una ventana. Permite escuchar directamente a víctimas, familiares, organizaciones y actores políticos dentro del territorio. También obliga al poder a exponerse ante una organización que ha documentado abusos durante años.
Pero esa visita no puede convertirse en certificado de normalidad. La propia HRW ha advertido que el aparato estatal responsable de abusos permanece intacto, aunque exista una especie de tregua o pausa. El País recogió precisamente esa lectura tras la visita: hay señales de disminución de la represión más visible, pero la estructura responsable de abusos sigue en pie. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Ahí está el riesgo. El poder puede intentar vender presencia internacional como si fuera reforma interna. Puede recibir delegaciones, tomarse fotos, ofrecer reuniones y hablar de apertura, mientras mantiene intactos los mecanismos que permiten cerrar nuevamente la puerta cuando convenga.
La comunidad internacional debe evitar esa trampa. Y los venezolanos también.
La justicia no puede seguir siendo una oficina del poder
El problema venezolano no se resolverá si los tribunales siguen funcionando como oficinas políticas. Tampoco si la Fiscalía actúa como brazo disciplinario. Tampoco si los expedientes abiertos contra opositores, activistas, periodistas o ciudadanos comunes continúan siendo instrumentos de amenaza.
HRW ha pedido reformas judiciales, legales y electorales, además de medidas para desmantelar el aparato represivo del Estado. En febrero de 2026, la organización insistió en que las personas excarceladas seguían bajo investigación penal y con restricciones sobre su libertad de expresión y participación en protestas, según testimonios recogidos por la organización. :contentReference[oaicite:2]{index=2}
Esa realidad describe una libertad incompleta. Salir de la cárcel no basta si el expediente sigue como cadena invisible. No basta con abrir una puerta si el ciudadano sale con una amenaza colgada al cuello. No basta con decir que hay “menos represión” si el sistema legal que permite reprimir sigue intacto.
La justicia venezolana debe dejar de ser un mecanismo de castigo selectivo y convertirse en una garantía para todos. Eso exige independencia judicial, revisión de causas políticas, debido proceso, responsabilidad de funcionarios y desmontaje de leyes usadas para criminalizar la disidencia.
No hay democracia con sociedad civil vigilada
Una democracia necesita sociedad civil fuerte. Necesita defensores de derechos humanos, organizaciones comunitarias, gremios, sindicatos, medios, universidades, iglesias, asociaciones vecinales y ciudadanos capaces de organizarse sin pedir permiso al poder. Cuando las leyes se diseñan para controlar a esas organizaciones, la democracia queda herida antes de llegar a la urna.
HRW informó que se reunió durante su visita con organizaciones de derechos humanos, periodistas y familiares de presos políticos, entre otros actores. Esa agenda revela algo importante: el problema venezolano no es solamente electoral. Es también social, judicial, humanitario e institucional. :contentReference[oaicite:3]{index=3}
Si la sociedad civil vive bajo sospecha, si los periodistas se autocensuran, si los defensores temen represalias, si las familias de presos políticos deben medir cada palabra y si los ciudadanos sienten que cualquier denuncia puede convertirse en expediente, entonces no hay ciudadanía plena. Hay supervivencia vigilada.
Y una democracia no puede construirse sobre ciudadanos vigilados.
La AN2015 tiene una responsabilidad histórica
En este contexto, la AN2015 no puede limitarse a participar en conversaciones como actor decorativo. Su responsabilidad histórica consiste en convertir el reclamo institucional en exigencias concretas. Si el país necesita Estado de derecho, entonces la agenda no puede quedarse en generalidades. Debe traducirse en puntos verificables.
La ruta mínima debería incluir:
- liberación plena de todos los presos políticos y cierre de expedientes fabricados;
- eliminación de medidas cautelares usadas como mecanismo de control;
- reformas judiciales que garanticen independencia real de jueces y fiscales;
- derogación o reforma de leyes usadas contra sociedad civil, periodistas y opositores;
- garantías de libertad de expresión, asociación, movilización y participación política;
- observación internacional efectiva y acceso permanente de organismos de derechos humanos;
- nuevo árbitro electoral, cronograma presidencial claro y respeto al voto.
La democracia no se decreta. Se asegura con instituciones que impidan el abuso. Si no hay mecanismos de control sobre el poder, cualquier apertura puede revertirse; Si no hay justicia, cualquier elección puede quedar condicionada. Si no hay derechos, cualquier acuerdo puede convertirse en simulacro.
Delcy puede recibir delegaciones, pero debe desmontar el aparato
La reunión de HRW con Delcy Rodríguez y otros funcionarios tiene importancia. Pero el verdadero examen no está en recibir a la ONG, sino en actuar después. La pregunta no es si se abrió una puerta para conversar. La pregunta es si se abrirán las cárceles, los archivos, los expedientes y los espacios cívicos.
Recibir a Human Rights Watch no equivale a corregir el daño. Escuchar a víctimas no basta si no se reparan abusos. Hablar de derechos humanos no sirve si las estructuras que los violaron siguen funcionando. La transición, si quiere ser tomada en serio, debe pasar de la foto al desmontaje.
Como suele decir Víctor Escalona, “un país no recupera la democracia cuando el poder permite una visita; la recupera cuando ya no puede impedir la verdad”. Esa frase resume el punto. Lo importante no es que el poder tolere temporalmente la observación. Lo importante es que la observación, la denuncia y la justicia dejen de depender del permiso del poder.
En Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe acompañar cualquier avance real, pero sin confundir señales con garantías. La visita de HRW puede ser una oportunidad. La conversación con la AN2015 puede ser útil. Pero solo tendrán sentido si aceleran reformas profundas y verificables. Venezuela no necesita gestos para la galería. Necesita Estado de derecho.
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La conclusión es sencilla: no habrá democracia sin Estado de derecho. No la habrá con tribunales sometidos, con presos políticos bajo amenaza, con leyes para controlar a la sociedad civil, con periodistas vigilados ni con derechos administrados como concesiones. Si HRW y la AN2015 coinciden en algo esencial, es en que Venezuela necesita reformas reales, no permisos temporales.
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