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Lectores debaten si Venezuela debe iniciar la transición con presidenciales o con elecciones graduales.

Elecciones presidenciales en Venezuela
Transición democrática venezolana
Cronograma electoral venezolano
María Corina Machado
Nos escriben lectores con una discusión que tocará el corazón de la transición venezolana: en materia electoral, el orden de los factores sí puede alterar el producto. No se trata solo de decir que debe haber elecciones, sino de responder cuál debe venir primero: presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales. La inquietud ciudadana parte de una premisa clara: Venezuela necesita votar, pero también necesita que ese voto abra una salida real y no se convierta en otro trámite para administrar la espera.
El debate no es menor. Hay quienes defienden una ruta gradual, con elecciones locales y regionales antes de llegar a la Presidencia. Otros creen que esa fórmula puede tener sentido en países con instituciones funcionales, pero no en una Venezuela donde alcaldías, gobernaciones, Asamblea Nacional, justicia, poder electoral y Ejecutivo han perdido legitimidad, competencias o confianza pública. Para esos lectores, comenzar por abajo puede sonar democrático, pero podría terminar siendo una forma de retrasar lo esencial.
Elegir por elegir no resuelve la fractura
La idea de “construir poder de abajo hacia arriba” puede parecer atractiva. Permite hablar de organización territorial, renovación local y participación ciudadana. Sin embargo, los lectores advierten que esa teoría tropieza con una realidad venezolana: muchos alcaldes y gobernadores han sido despojados de competencias reales y se han convertido, salvo excepciones, en administradores limitados por un sistema centralizado.
Si el país no tuviera prisa, podría pensarse en reconstruir primero el poder municipal y regional. Pero eso exigiría devolver competencias, recursos, autonomía y garantías institucionales. No basta elegir autoridades locales si luego no pueden gobernar. Sería, como dice una de las reflexiones recibidas, intentar resolver una fractura con un remedio equivocado.
Por eso la pregunta no es solo qué elección luce más ordenada en el papel. La pregunta es cuál elección puede destrabar realmente el poder político y abrir una ruta de legitimidad.
La Asamblea Nacional como punto de partida
Otra posibilidad planteada por los lectores es comenzar por una elección parlamentaria. El argumento tiene peso: una Asamblea Nacional con legitimidad podría contribuir a restablecer el orden constitucional, revisar normas, impulsar reformas y servir de base institucional para una transición. Además, muchos ciudadanos no reconocen la composición actual del Parlamento como una expresión plena de la voluntad popular.
Pero esta opción también abre preguntas complejas. Si una nueva Asamblea asume plenos poderes, podría conducir más temprano que tarde a una elección presidencial por la vía del restablecimiento constitucional. También podría abrir un camino de reforma o incluso de cambio constitucional, un proceso que tomaría tiempo y requeriría energía social, acuerdos, participación y vigilancia ciudadana.
El riesgo está en que una elección parlamentaria, en vez de acelerar la salida, termine abriendo un largo debate institucional mientras la Presidencia sigue pendiente. Y Venezuela ya sabe lo costoso que puede ser convertir lo urgente en trámite indefinido.
¿Por qué no empezar por la Presidencia?
La tesis más fuerte de los mensajes recibidos es directa: Venezuela es un país presidencialista, y eso no se corrige por decreto ni con buenas intenciones. La figura presidencial concentra conducción política, legitimidad simbólica, capacidad de decisión y dirección del Estado. Por eso muchos lectores creen que comenzar por la Presidencia no es un capricho, sino una necesidad.
Según esa mirada, la voluntad de cambio requiere liderazgo visible y conducción nacional. Una elección presidencial permitiría despejar el centro del conflicto político, reconocer una autoridad con mandato ciudadano y ordenar desde allí la reconstrucción institucional. No resolvería todo de inmediato, pero sí podría ofrecer un punto de partida claro.
La ciudadanía entiende que después habría que elegir alcaldes, gobernadores, diputados y autoridades en todos los niveles. Pero insiste en que, sin una cabeza legítima del Estado, el resto de la arquitectura puede quedar atrapada en la misma confusión que se intenta superar.
Entre lo conveniente y lo posible
Los lectores también perciben que actores internacionales podrían mirar con buenos ojos una ruta gradual donde la elección presidencial quede para el final. Esa posibilidad genera desconfianza. No porque toda gradualidad sea mala, sino porque la experiencia venezolana ha enseñado que cada aplazamiento puede convertirse en una nueva forma de control.
La pregunta ciudadana es sencilla: ¿quién gana tiempo cuando se posterga lo presidencial? ¿La sociedad que necesita una decisión clara o los grupos que prefieren administrar la transición desde posiciones de poder?
Una ruta seria debería responder, al menos, a estos puntos:
- Cuál será la primera elección y por qué.
- Qué garantías tendrá cada proceso electoral.
- Qué institución organizará y supervisará el cronograma.
- Qué papel tendrán los liderazgos democráticos dentro del país.
- Qué ocurrirá con presos políticos, inhabilitaciones y partidos intervenidos.
- Cómo se impedirá que el gradualismo se convierta en retraso indefinido.
Washington bajo presión y Venezuela en espera
Otro mensaje recibido coloca el foco en Estados Unidos y en la política interna de Donald Trump y del Partido Republicano. Los lectores interpretan que la situación regional, la migración, la economía y el voto latino podrían presionar cambios en la posición hacia Venezuela. Esa lectura debe entenderse como una percepción ciudadana, no como una predicción cerrada. Lo relevante es que muchos venezolanos sienten que su destino sigue demasiado atado a cálculos externos.
Ese malestar tiene una raíz profunda: Venezuela necesita apoyo internacional, pero no puede depender eternamente de prioridades ajenas. Si Washington, Europa o cualquier otro actor acompañan, deben hacerlo para facilitar derechos, garantías, retorno de liderazgos, eliminación de estructuras de intimidación y cronograma electoral claro. No para sustituir la soberanía popular.
La ciudadanía quiere aliados, no tutores. Quiere presión democrática, no administración de conveniencias.
El regreso del liderazgo y el poder de la calle
El reclamo por el regreso de María Corina Machado aparece de nuevo en el trasfondo del debate. Para muchos lectores, una transición con elecciones claras requiere liderazgo presente, calle organizada y dirección política visible. Sin conducción, la sociedad se cansa; Sin calendario, se dispersa; Sin garantías, se inhibe. Sin presión ciudadana, quienes administran el tiempo terminan ganando.
Venezuela necesita discutir el orden electoral, sí. Pero no como ejercicio académico. Debe hacerlo con urgencia, porque cada mes sin definición afecta a presos políticos, trabajadores, adultos mayores, migrantes, familias separadas y ciudadanos que ya no pueden vivir de promesas.
También hay una autocrítica que sigue siendo necesaria. El país pagó caro los atajos, la ruptura del hilo constitucional y la confianza en fórmulas que prometieron resolverlo todo desde arriba. Aprender de esa historia implica no entregar nuevos cheques en blanco, ni al poder interno ni a los aliados externos.
En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe abrir espacio a estas voces porque la discusión sobre la primera elección no es técnica solamente. Es una discusión sobre confianza, poder, legitimidad y futuro. Sostener espacios donde los ciudadanos puedan pensar en voz alta también forma parte de la reconstrucción democrática.
Venezuela necesita elecciones en todos los niveles. Pero el país debe decidir con claridad cuál abre realmente la puerta de salida. Si la presidencial se deja para el final sin garantías firmes, la transición corre el riesgo de convertirse en otro camino largo hacia ninguna parte. Si se empieza por ella con reglas claras, observación, presos libres, liderazgo habilitado e instituciones confiables, el país podría recuperar una dirección política capaz de ordenar lo demás.
Comparte esta reflexión o envíanos tu testimonio si también crees que Venezuela necesita discutir con seriedad cuál debe ser la primera elección de la transición y cómo impedir que el calendario vuelva a ser usado contra el ciudadano. ¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.
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