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jueves, 1 de octubre de 2026

Venezuela: la desconfianza vuelve al TSJ

RadioAmericaVe.com  / La Voz Del Lector.

 

Lectores cuestionan el rol de Alessandrello y piden transparencia en la renovación institucional.

Giuseppe Alessandrello

Transición venezolana

TSJ en Venezuela

CNE en Venezuela

Nos escriben lectores con una pregunta que resume el clima de desconfianza que rodea cualquier intento de renovación institucional en Venezuela: ¿puede generar esperanza una comisión dirigida nuevamente por Giuseppe Alessandrello, una figura que ya estuvo vinculada a procesos anteriores de postulaciones judiciales, electorales y del Poder Ciudadano? La inquietud no nace de una animadversión personal, sino de una preocupación política concreta: si los mismos actores que participaron en estructuras cuestionadas vuelven a conducir los cambios, ¿cómo creer que esta vez el resultado será distinto?

El mensaje del lector apunta a un problema de fondo: la transición venezolana no puede construirse solo con anuncios, comisiones y nuevas convocatorias. Necesita confianza. Y la confianza, después de tantos años de deterioro institucional, no se decreta desde una mesa ni se impone con discursos. Se gana con procedimientos claros, nombres creíbles, rendición de cuentas y resultados verificables.

Según el lector, Alessandrello no es un nombre neutro dentro de la memoria política reciente. Lo asocia con procesos de postulaciones que terminaron en autoridades ampliamente cuestionadas por sectores democráticos y ciudadanos. Esa percepción, más allá del tono duro del reclamo original, expresa una preocupación legítima: cuando los mismos operadores reaparecen en momentos decisivos, la ciudadanía tiene derecho a preguntar qué se está construyendo realmente.

La pregunta ciudadana: ¿renovación o repetición?

El lector no plantea una discusión técnica aislada. Su preocupación es política y moral. Si la transición venezolana requiere reconstruir confianza, renovar instituciones y abrir una ruta democrática creíble, entonces los nombres, los antecedentes y los procedimientos importan. No basta con anunciar una nueva comisión, una nueva convocatoria o un nuevo cronograma. La ciudadanía quiere saber quién conduce el proceso, con qué garantías, bajo qué supervisión y con qué capacidad real de producir independencia institucional.

Ahí aparece el punto central del reclamo ciudadano: no se puede pedir confianza automática cuando el país carga con una memoria reciente de procesos institucionales que amplios sectores consideran insuficientes, controlados o poco transparentes.

Para el lector, el problema no es solo Alessandrello como persona. El problema es lo que representa su reaparición en un momento donde Venezuela necesita señales inequívocas de ruptura con el pasado, no nuevos reciclajes de figuras asociadas a decisiones que muchos ciudadanos no olvidan.

El TSJ como prueba de confianza

El Tribunal Supremo de Justicia no es una pieza menor. En una transición democrática, el Poder Judicial puede convertirse en garantía de derechos o en instrumento de bloqueo. Puede proteger al ciudadano o blindar abusos. Puede revisar arbitrariedades o legitimarlas. Por eso, para muchos lectores, la renovación del TSJ no debe ser tratada como un simple trámite parlamentario.

La ciudadanía necesita señales claras:

  • un proceso público, verificable y con reglas conocidas;
  • postulaciones abiertas a perfiles independientes y técnicamente solventes;
  • evaluación de credenciales sin filtros partidistas;
  • participación real de juristas, sociedad civil y sectores democráticos;
  • garantías de que no se repetirá el reparto de cuotas;
  • explicación clara de quién decide y cómo se decide.

Sin esos elementos, cualquier renovación corre el riesgo de ser percibida como maquillaje institucional. Y Venezuela ya no tiene margen para nuevos maquillajes. El país necesita instituciones que convenzan no por el discurso, sino por sus decisiones.

Los nombres pesan

El lector recuerda con preocupación procesos que derivaron en autoridades electorales, judiciales y ciudadanas cuestionadas por sectores democráticos. Su mensaje, aunque duro en el tono original, puede resumirse en una idea sencilla: los nombres que han estado presentes en decisiones institucionales anteriores no pueden reaparecer sin explicación ni rendición de cuentas.

En democracia, la confianza se construye con memoria. No se trata de condenar sin pruebas ni de convertir toda sospecha en sentencia. Se trata de reconocer que los antecedentes públicos pesan. Quien ha tenido responsabilidad en procesos sensibles debe explicar su actuación, responder preguntas y someterse al escrutinio ciudadano.

La transición venezolana no puede pedirle al país que olvide. Puede pedirle que mire hacia adelante, pero solo si ese futuro se construye con verdad, transparencia y garantías.

Dinorah Figuera y la Asamblea legítima

El mensaje del lector también interpela a Dinorah Figuera y a la Asamblea Nacional legítima. La pregunta es directa: si esta nueva ruta institucional define parte del futuro del país, ¿dónde están las voces que dicen representar la legitimidad democrática? ¿Están participando? ¿Están vigilando? ¿Están informando al ciudadano? ¿Están dejando constancia pública de sus posiciones?

Ese reclamo refleja una frustración más amplia. Muchos venezolanos no quieren enterarse de los acuerdos cuando ya están cerrados. Quieren conocer el debate antes, durante y después. Quieren saber si sus representantes están defendiendo condiciones mínimas o si simplemente observan desde lejos cómo otros diseñan el tablero.

Una transición sin comunicación pública, sin pedagogía ciudadana y sin rendición de cuentas alimenta rumores, sospechas y cansancio. Y ese cansancio puede ser tan peligroso como la represión, porque debilita la energía social necesaria para sostener cualquier cambio verdadero.

La careta de ayer y la de hoy

El lector usa una imagen potente: la careta de ayer y la de hoy. Con ella expresa su temor de que algunos actores cambien de discurso, tono o alianzas, pero no de prácticas. Ese es uno de los grandes desafíos de cualquier transición: distinguir entre adaptación táctica y transformación real.

Venezuela necesita que quienes ahora hablan de institucionalidad demuestren, con hechos, que entienden el daño causado por años de control político sobre la justicia, el árbitro electoral, la Fiscalía, la Defensoría y otras instancias clave. No basta decir que habrá reformas. Hay que demostrar que esas reformas no serán administradas por los mismos reflejos de poder.

La ciudadanía no está pidiendo perfección. Está pidiendo coherencia. Quiere saber si el nuevo TSJ será independiente o si nacerá condicionado. Quiere saber si el país avanza hacia elecciones confiables o hacia otra arquitectura de control. Quiere saber si la transición tendrá jueces o simplemente operadores.

La legitimidad también se audita

El fondo de este reclamo ciudadano es la legitimidad. Y la legitimidad no se decreta. Se audita cada día con decisiones, nombres, procedimientos, transparencia y consecuencias. Un país que ha visto cómo se han debilitado sus instituciones no puede aceptar que le pidan fe ciega en nuevos comités sin garantías visibles.

También es necesario cuidar el lenguaje público. La indignación ciudadana es comprensible, pero el debate democrático debe convertir la rabia en exigencia responsable. Señalar antecedentes, pedir explicaciones y reclamar transparencia es legítimo. Convertir el debate en insulto o descalificación personal puede terminar debilitando la causa que se quiere defender.

En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe abrir espacio a estas voces porque expresan una duda real del país: ¿quién está construyendo la transición y bajo qué controles? Sostener espacios ciudadanos no significa asumir automáticamente cada acusación, sino ordenar la preocupación pública para que pueda ser discutida con seriedad.

Venezuela necesita renovar su justicia, su árbitro electoral y sus instituciones. Pero esa renovación debe ser creíble. Si los ciudadanos perciben que los mismos operadores de ayer conducen los procesos de hoy, la confianza seguirá quebrada. Y sin confianza, ninguna transición tendrá piso suficiente para sostenerse.

Comparte esta reflexión o envíanos tu testimonio si también crees que la renovación institucional venezolana debe hacerse con transparencia, memoria, rendición de cuentas y participación ciudadana real. 

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