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lunes, 11 de agosto de 2025

Sudán al límite: gobierno paralelo y hambre ignorada

 

La "crisis humanitaria en Sudán" el "RSF anunciagobierno paralelo; millones de desplazados y hambruna. ¿Por qué debe importarnos en América Latina y España?""guerra en Sudán 2025".

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“La indiferencia también mata.”

Sudán cruza una línea peligrosa. Mientras la Rapid Support Forces (RSF) proclama un gobierno paralelo desde Nyala, el país se fragmenta en feudos armados, rutas de saqueo y territorios donde el Estado ya no existe. Entre los escombros de la política y el ruido de los fusiles, avanza una tragedia de carne y hueso: millones de desplazados, campamentos sin agua ni medicinas, y la hambruna como un enemigo silencioso que no distingue bandos.

Para la ONU, la crisis de desplazamiento de Sudán es hoy la más grande del planeta. Familias enteras caminan cientos de kilómetros huyendo de la violencia, solo para toparse con lodazales sin comida y brotes de cólera en expansión. El mundo, sin embargo, mira hacia otro lado.

Como recuerda Víctor Escalona El Estoico:

“Cuando el poder se pelea por los mapas, el hambre reparte la factura entre los más pobres.”

Este reportaje explica qué significa el anuncio de un gobierno paralelo, por qué Sudán importa a América Latina, España y EE. UU., y cómo una guerra “lejana” puede golpear nuestros bolsillos, nuestra seguridad y nuestra conciencia.

Qué significa un “gobierno paralelo” en Nyala y por qué es tan grave

El anuncio de la Rapid Support Forces (RSF) desde Nyala —capital de Darfur del Sur— no es una simple maniobra propagandística. En los hechos, consolida una administración de facto sobre amplias zonas del oeste y del centro de Sudán, que compite con el poder del gobierno reconocido internacionalmente, con base en Port Sudan. Esta duplicidad rompe la ya frágil columna vertebral del Estado: dos autoridades, dos sistemas de lealtades, dos cadenas de mando y cero certezas para la población civil.

En el terreno, el “gobierno paralelo” se traduce en controles de carretera, impuestos informales a transportistas y comerciantes, nombramientos locales, reclutamiento forzado y acceso restringido de la ayuda humanitaria. Para las familias desplazadas, significa más barreras, más costos, más riesgo.

De Jartum a Darfur: un país partido en dos (o en muchos)

  • Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF): mantienen influencia en el este y el norte, con enclaves estratégicos alrededor de Port Sudan. Controlan parte de la institucionalidad formal, pero con capacidades militares dispersas.
  • RSF: consolidan su presencia en amplias zonas de Darfur y corredores centrales, con mando territorial y redes de financiamiento autónomas. Su anuncio en Nyala busca legitimidad política, no solo militar.
  • Milicias tribales y actores locales: operan como poderes intermedios; negocian con uno u otro bando, o actúan por cuenta propia. Para el campesino o el comerciante, quién manda depende de la carretera por la que transites ese día.

El resultado es un rompecabezas: ciudades partidas, comarcas a merced de patrullas irregulares, y un vacío de Estado que la población intenta llenar con redes vecinales, mezquitas, ONG y pura resistencia cotidiana.

¿Cómo se financia la guerra? La economía del colapso

Cuando el Estado se desmorona, surge la economía de guerra. Impuestos de facto en puestos de control, cobros a transportistas, contrabando de combustible, extorsión en mercados, y explotación de recursos naturales, especialmente el oro, que alimenta cadenas de valor más allá de las fronteras. Esta economía paralela se vuelve un aliciente perverso para perpetuar el conflicto: mientras haya botín, habrá armas.

Para la gente común, la consecuencia es brutal: el precio del pan y del agua se dispara, la medicina desaparece, y el transporte cuesta el doble. Una madre que intenta llevar a su hijo con diarrea a un hospital debe escoger entre cruzar un retén bajo riesgo de abuso o dar media vuelta a un campamento sin suero oral. Esa es la aritmética diaria del colapso.

Hambre, cólera y bloqueos: la trampa perfecta

La hambruna no llega sola. Llega con bloqueos de rutas que frenan camiones de ayuda, con clínicas saqueadas y con brotes de cólera que se expanden donde no hay agua potable. Los organismos humanitarios insisten en abrir corredores seguros; sin ellos, los alimentos y vacunas se quedan en depósitos a cientos de kilómetros de quienes los necesitan. En varios campamentos, niños de menos de cinco años han pasado días sin ingerir proteína; en otros, solo hay harina y agua turbia.

Víctor Escalona El Estoico: “En las guerras largas, la primera bala mata el cuerpo; la segunda, la esperanza. Si dejamos que el hambre haga el resto, ya habremos perdido todos.”

Por qué Sudán importa a América Latina, a España y a Estados Unidos

Puede parecer un conflicto lejano, pero Sudán está en el corazón del Cuerno de África, corredor clave entre el Sahel, el Mar Rojo y el Mediterráneo. Un Sudán fracturado incrementa los flujos migratorios hacia Libia y Europa; altera rutas comerciales por el Mar Rojo; favorece mafias transnacionales y debilita los esfuerzos contra el terrorismo en zonas de frontera. Y cuando se encarece la logística global, suben los precios en nuestros mercados: alimentos, fertilizantes, medicinas.

  • España: ve aumentar la presión migratoria en su vecindad mediterránea, y paga más por energía y transporte marítimo.
  • Estados Unidos: observa nuevos puntos calientes que tensionan su política exterior y su presupuesto humanitario.
  • América Latina: aprende una lección incómoda: el colapso institucional en un país lejano también encarece la canasta en Lima, Bogotá o Caracas.

En ese espejo, nuestra región reconoce cicatrices propias: sistemas de salud al límite, desplazamientos internos, mercados informales que reemplazan al Estado y, sobre todo, la normalización del sufrimiento ajeno.

¿Y la “comunidad internacional”? Entre el cansancio y la cobardía

Los comunicados diplomáticos condenan en abstracto, pero los paquetes de ayuda no alcanzan y las presiones para un alto el fuego verificable son débiles. Priorizan otros tableros, mientras Sudán se hunde. Parte del mundo libre sufre fatiga de la compasión; parte teme los costos de enfrentarse a actores con capital y aliados. Entre tanto, las víctimas pagan con su cuerpo la geopolítica del aplazamiento.

Víctor Escalona El Estoico: “La indiferencia es el lujo de los seguros. El que ha sido desplazado sabe que el olvido es otra forma de violencia.”

Claves rápidas para entender el tablero (y no perderse)

  • Dos polos de poder: Gobierno reconocido vs. RSF con administración de facto en Nyala y otras zonas.
  • Cadenas de suministro rotas: ayuda humanitaria retenida, combustible escaso, medicamentos agotados.
  • Desplazamiento masivo: familias caminan cientos de kilómetros; aumento de entradas a Chad, Sudán del Sur y Egipto.
  • Riesgo sanitario: cólera, desnutrición aguda infantil y falta de vacunación.
  • Economía de guerra: impuestos irregulares, contrabando, extracción de oro y mercados paralelos.

Si esto no se detiene, Sudán se convertirá en una herida abierta en el mapa que sangra hacia sus vecinos y hacia el mundo.

El costo humano: caminar hasta que duela, esperar hasta que no quede nada

Las cifras son abrumadoras, pero la guerra en Sudán se entiende en singular: una madre que guarda dos botellas de agua como si fueran oro; un abuelo que no recuerda cuándo fue la última vez que comió sentado; un niño que reconoce los disparos por su sonido. En los campamentos improvisados, la fila para conseguir una ración de sorgo puede durar seis horas. El agua llega turbia, el suero oral no alcanza y la lista de nombres en la carpa de “menores con desnutrición aguda severa” crece a diario.

El trayecto de quienes huyen se mide en kilómetros, sobornos y silencios. Entre Nyala y la frontera con Chad, los desplazados sortean checkpoints donde el precio de cruzar cambia según el uniforme, el humor o el hambre del que manda. El “peaje” puede ser dinero, el teléfono, la pulsera que todavía conserva el nombre del esposo. Nadie discute. Nadie mira atrás.

Rutas de escape: del mapa a la intemperie

  • Hacia Chad: la ruta más usada desde Darfur. Dura días a pie, con familias que cargan pocas mantas, algo de harina y la fe de que habrá una organización al otro lado.
  • Hacia Sudán del Sur: alternativa peligrosa, con ríos crecidos y ausencia de puestos de salud. Los brotes de cólera han obligado a cerrar pasos de forma intermitente.
  • Hacia Port Sudan: camino saturado, caro y expuesto a extorsiones. Quien llega suele encontrarse con precios prohibitivos de alimentos y vivienda.

Los testimonios coinciden: lo más duro no es el hambre, es la incertidumbre. No saber si habrá ayuda al final del día, si el niño sobrevivirá a la diarrea, si el esposo detenido aparecerá con vida. En muchas aldeas, los maestros se han convertido en los registradores de ausentes: llevan cuadernos donde apuntan quiénes escaparon, quiénes no volvieron, quiénes ya no están.

Víctor Escalona El Estoico: “Cuando la guerra dura demasiado, la gente aprende a vivir sin futuro. Nuestro deber es devolverles un mañana que parezca posible.”

Hambruna: el enemigo que no dispara

La hambruna es lenta, pero exacta. Empieza con la disminución de proteínas; sigue con mareos; avanza hacia la apatía; termina en infecciones que el cuerpo ya no puede combatir. En los centros de tratamiento nutricional, los trabajadores humanitarios prefieren no hablar de “milagros”, hablan de tiempo: cuántos días faltan para que llegue el cargamento de alimento terapéutico, cuántas horas de hielo quedan para mantener una cadena de frío que ya es frágil.

Sin corredores humanitarios seguros, la ayuda se atasca en ciudades lejanas o se pierde en tramos de carretera que ya no son de nadie. En una semana pueden llegar sacos de harina; la siguiente, nada. La irregularidad mata tanto como la escasez.

El espejo latinoamericano: lo que la región conoce demasiado bien

Desde Venezuela hasta Honduras, pasando por Colombia, México o Haití, sabemos lo que significa huir. Gente que atraviesa trochas para buscar medicinas, padres que hacen filas interminables por una bolsa de comida, comunidades que se organizan para suplir la ausencia del Estado. Por eso, la tragedia de Sudán nos habla en un idioma que ya hemos escuchado.

En América Latina también hemos visto cómo las economías de guerra —o de colapso— imponen peajes paralelos, disparan precios y empujan a miles a rutas cada vez más peligrosas. También sabemos lo que es el éxodo: despedirse de la casa, dejar los diplomas, cargar la foto de la abuela y seguir. Y, aun así, no nos acostumbramos. No debemos.

Lo que podemos aprender (y aplicar)

  • Alertas tempranas comunitarias: redes vecinales que avisen sobre violencia o escasez crítica, integradas con radios locales y organizaciones de base.
  • Mapeo de riesgos: identificar rutas más seguras y puntos de apoyo humanitario, aunque cambien con el tiempo.
  • Protocolos de salud pública: cloración de agua, suero oral comunitario, y vacunación móvil para niños en tránsito.

No es caridad. Es inteligencia social: construir redundancias comunitarias donde el Estado no llega o llega tarde.

Infancias al borde: una generación que recuerda por olores

Los niños en los campamentos de Sudán aprenden a identificar el olor del agua podrida, el rumor de una patrulla, el sonido de una olla vacía golpeada para avisar que hay reparto. Las escuelas improvisadas enseñan a sumar con piedras y palitos; las maestras repiten canciones para espantar el miedo. Nadie debería aprender así, pero la educación también es alimento: mantiene un hilo con la normalidad.

Una trabajadora social resume la urgencia: “Necesitamos comida y vacunas, sí, pero también cuadernos y lápices. Si una niña escribe su nombre, todavía recuerda que existe”.

¿Dónde está el mundo?

Las portadas internacionales se mueven de una crisis a otra como si fueran estaciones. Sudán rara vez ocupa la primera página. Pero ignorar no es neutralidad: es complicidad por omisión. Un corredor humanitario abierto a tiempo puede salvar miles de vidas; un alto el fuego verificable puede devolver la dignidad a comunidades enteras. No hay soluciones perfectas, pero hay decisiones que no pueden esperar.

Mientras tanto, la sociedad civil sudanesa resiste con una dignidad que conmueve: jóvenes que organizan cocinas colectivas, médicos que montan clínicas bajo lonas, mujeres que tejen redes de cuidado para niños huérfanos. Ese es el país que el mundo no ve, el que merece toda la atención y todo el apoyo.

Qué hacer ahora: de la indignación a las decisiones

Si algo nos enseñaron las crisis recientes es que no hay soluciones mágicas, pero sí hay decisiones capaces de cambiar la curva de sufrimiento. En Sudán, los pasos urgentes son claros y medibles.

1) Alto el fuego verificable (no solo anunciado)

Los comunicados sin verificación son ruido. Se necesita un cese de hostilidades con mecanismo independiente de monitoreo (observadores en terreno, imágenes satelitales y reportes diarios abiertos). Sin verificación, el alto el fuego es titular de un día.

2) Corredores humanitarios seguros y sostenidos

Un convoy aislado no cambia nada. La prioridad es establecer corredores estables que garanticen el ingreso de alimentos terapéuticos, vacunas, agua y combustible sanitario durante semanas, no horas. La ayuda debe cruzar retenes sin peajes y llegar a aldeas pequeñas, no solo a capitales regionales.

3) Trazabilidad del oro: cortar la gasolina financiera de la guerra

La economía de guerra se alimenta, entre otros, del oro extraído y desviado. Exigir trazabilidad y controles a la cadena de comercialización —desde el yacimiento hasta la refinería— reduce el incentivo para prolongar el conflicto. Los países compradores tienen aquí una responsabilidad directa.

4) Excepciones humanitarias financieras

Las sanciones financieras deben incluir ventanas humanitarias ágiles para que ONG y agencias puedan mover recursos sin trabas bancarias. De lo contrario, la medicina y la comida se quedan donde siempre: en un correo electrónico sin respuesta.

5) Protección de escuelas y hospitales

Aplicar la Declaración sobre Escuelas Seguras y protocolos de no ataque a infraestructura de salud. No es negociación; es derecho internacional humanitario básico.

Diplomacia con calendario: metas públicas, plazos breves

  • Semana 1–2: acuerdo técnico sobre puntos de entrada de ayuda y lista de carreteras prioritarias.
  • Día 15: primer informe público de verificación de alto el fuego y de convoyes efectivamente entregados.
  • Día 30: auditoría de almacenes regionales y pipeline de insumos críticos (alimento terapéutico, sales de rehidratación, antibióticos).

La transparencia es tan importante como el camión que llega: si la gente ve el avance, confía; si no, abandona.

Víctor Escalona El Estoico: “La compasión sin método es consuelo; la compasión con metas es salvavidas.”

Qué puede hacer la diáspora y la ciudadanía (desde Venezuela, Latam, España y EE. UU.)

1) Informar sin ruido

Compartir información verificada, no imágenes sacadas de contexto. Un hilo bien documentado vale más que cien publicaciones impulsivas.

2) Apoyar a quienes están en el terreno

Favorecer iniciativas con logística real en Sudán (clínicas móviles, nutrición infantil, agua segura). Pequeñas contribuciones periódicas sostienen operaciones que no salen en la TV.

3) Incidir localmente

En España, contactar a eurodiputados; en EE. UU., a representantes y senadores; en América Latina, a comisiones de relaciones exteriores. Pedir tres cosas: corredores, verificación y trazabilidad del oro. La presión cívica ordenada funciona.

4) Tejidos de apoyo a migrantes

Si llegan familias sudanesas a tu ciudad, la respuesta no es solo legal, es comunitaria: intérpretes voluntarios, redes de empleo, apoyo escolar, salud mental. La integración es política pública y también gesto vecinal.

Costos de no hacer nada (y quién los paga)

La inacción tiene factura: aumento de mortalidad infantil, olas migratorias desordenadas, criminalidad oportunista, y precios globales más altos en cadenas logísticas. Es el peor de los negocios y la más baja de las apuestas morales.

Víctor Escalona El Estoico: “Si no actuamos por justicia, al menos hagámoslo por inteligencia. Porque el dolor, cuando se ignora, siempre encuentra la forma de regresar.”

Indicadores que debemos seguir (para no perder el foco)

  • Acceso humanitario: número de convoyes que llegan a destino y cobertura geográfica.
  • Nutrición infantil: casos de desnutrición aguda severa atendidos vs. en lista de espera.
  • Salud pública: incidencia de cólera y disponibilidad de agua clorada.
  • Protección: ataques a escuelas y hospitales reportados por semana.
  • Economía de guerra: incautaciones y trazabilidad del oro y combustibles.

Medir salva vidas. Publicar los datos, más.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué significa que la RSF haya proclamado un “gobierno paralelo” en Nyala?

Implica la creación de una administración de facto que compite con el gobierno reconocido internacionalmente. En la práctica, esto se traduce en controles de carretera, cobros irregulares, nombramientos locales y mayores obstáculos para la ayuda humanitaria. Para la población civil, supone más incertidumbre y riesgo.

¿Cuántas personas han sido desplazadas por la guerra?

Las estimaciones varían según la fuente y la fecha de corte. Informes de agencias de la ONU en 2025 hablan de más de 12 millones de personas desplazadas dentro y fuera de Sudán, la mayor crisis de desplazamiento del mundo en la actualidad. La cifra sigue aumentando a medida que el conflicto se prolonga.

¿Cómo puede impactar esta crisis en América Latina, España y Estados Unidos?

Un Sudán fracturado altera rutas comerciales en el Mar Rojo y eleva costos logísticos globales, lo que puede encarecer alimentos y medicinas. Además, incrementa presiones migratorias hacia Europa y refuerza redes criminales transnacionales. En suma, afecta precios, seguridad y estabilidad más allá de África.

¿Qué se necesita para evitar una hambruna masiva?

Corredores humanitarios seguros y sostenidos, verificación independiente de alto el fuego, vacunación y agua segura para contener el cólera, y financiamiento flexible con excepciones humanitarias bancarias. Sin acceso real, la ayuda no llega y la desnutrición infantil se dispara.

¿Por qué la cobertura mediática es tan baja?

Influyen la censura local, la fatiga informativa global y el cálculo político-económico de algunos gobiernos y medios. Pero que sea poco visible no la hace menos urgente: el silencio también mata.


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Enlaces verificados: activos y con los títulos que aparecen en las páginas publicadas de Vierne5.com.

Sudán resiste: cuando la dignidad insiste incluso en la intemperie

La historia de Sudán no es solo una cronología de batallas y comunicados. Es la historia de una sociedad que se niega a desaparecer. Mientras las cúpulas discuten mapas y las milicias reparten miedo, enfermeras improvisan clínicas con luz de teléfono, maestros convierten una lona en escuela y madres hacen pan con harina racionada para que un niño, al menos, recuerde a qué sabe el futuro.

El mundo puede mirar a otro lado, pero Sudán está diciendo algo que nos compete: o ponemos la vida en el centro o la violencia será el idioma dominante del siglo. Un “gobierno paralelo” no es solo un titular; es un semáforo en rojo en medio del Cuerno de África y, por extensión, en nuestras economías, nuestras fronteras y nuestra conciencia democrática.

Víctor Escalona El Estoico: “La política decide con mapas; el hambre decide con cuerpos. Si queremos paz, primero hagamos que la vida sea habitable.”

Llamado a la acción: lo que podemos hacer hoy

  • Exigir a nuestros representantes —en América Latina, España y EE. UU.— apoyo a corredores humanitarios verificados y trazabilidad del oro que financia la guerra.
  • Respaldar a organizaciones con presencia real en terreno (salud, agua segura, nutrición infantil) y pedir transparencia de entregas.
  • Informar sin ruido: compartir datos verificables, evitar imágenes descontextualizadas y amplificar voces sudanesas confiables.

Porque si algo enseña Sudán es que la indiferencia también mata. Y que el periodismo libre, cuando se toma en serio, es una línea de defensa frente al colapso moral.


Fuentes

Para profundizar y seguir la evolución de la emergencia humanitaria en Sudán, consulta la actualización de la ONU (OCHA): https://www.unocha.org/sudan


Sudán está al límite, pero no está solo. La pregunta —incómoda, inevitable— es si nosotros estaremos a la altura. La respuesta no se mide en discursos: se mide en corredores abiertos, niños alimentados y balas que dejan de sonar.

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.

RadioAmericaVe.com / Internacionales.

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