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lunes, 11 de agosto de 2025

Petro, DGCIM y democracia: cuando el mensaje confunde

 

Si un presidente amplifica a un órgano señalado por torturas, la democracia pierde claridad. Por qué las palabras importan.


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OPINIÓN. Un presidente no solo gobierna con decretos; también con símbolos. Cuando un jefe de Estado comparte, avala o se hace eco del material de un organismo señalado por organismos internacionales por torturas y detenciones arbitrarias, su mensaje no queda en el aire: cae, pesa y hiere. Por eso, el eco del video de la DGCIM que el presidente Gustavo Petro difundió con una frase grandilocuente sobre “el estandarte de la vida” encendió alarmas. No porque debatir doctrina militar sea tabú, sino porque elogiar al altavoz equivocado erosiona la confianza pública y nubla un principio básico: los derechos humanos no se relativizan ni por afinidad política ni por nostalgia histórica.

En Venezuela, la DGCIM no es un sigla neutra. Según informes de instancias internacionales de derechos humanos, su nombre aparece relacionado con patrones de detención arbitraria, tortura y violencia sexual en contextos de represión. En ese terreno, un líder regional no debería sembrar ambigüedad. Al contrario: su palabra debe ser un faro. Porque en tiempos de confusión, la claridad es una forma de auxilio.

“A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana.” — Víctor Escalona, El Estoico

El peso de las palabras: por qué importa lo que un presidente amplifica

La política contemporánea se juega, cada vez más, en la pantalla del móvil. Un video compartido desde una cuenta presidencial compite con la rueda de prensa y, muchas veces, la sustituye. Por eso, cualquier gesto que normalice a actores cuestionados por violaciones graves debe sopesarse con cuidado. Si el post exalta “vida” y “valores de la humanidad”, pero la fuente está asociada a torturas y desapariciones, el mensaje entra en cortocircuito. La ciudadanía —en Colombia, Venezuela o España— percibe el choque y se pregunta: ¿qué se prioriza: el relato o los hechos?

El contexto venezolano: memoria, dolor y pruebas

La experiencia venezolana no admite ligerezas retóricas. Quien haya acompañado a víctimas, haya leído expedientes o haya visto peritajes forenses sabe que las palabras pueden ser bálsamo o sal en la herida. Por eso, cuando el discurso presidencial extiende un puente simbólico hacia la DGCIM, aun por confusión, añade ruido donde se necesita certeza. No se trata de “polarización”: se trata de reglas mínimas de humanidad.

“La ambigüedad es un lujo de los poderosos; el ciudadano la paga con miedo y silencio.” — Víctor Escalona, El Estoico

Entre Bolívar y la realidad: ideal, abuso y responsabilidad

Apelar a Bolívar para hablar de “estandartes de vida” es una tentación frecuente. Sin embargo, la historia demanda honestidad: el ideal emancipador solo tiene sentido si protege al débil frente a la fuerza del Estado. Si el elogio cae sobre órganos acusados de tortura, el ideal se convierte en pantalla: brillante por fuera, opaca por dentro. Y, por supuesto, el público no es ingenuo. La gente distingue la épica de la coartada.

Tres errores retóricos que debemos evitar

  • Confundir fuente con mensaje. El contenido puede hablar de valores; la fuente puede negarlos en la práctica. La coherencia importa.
  • Equivocar el destinatario. Una frase que pretende inspirar a “nuestros ejércitos” termina hiriendo a víctimas concretas con nombre y apellido.
  • Normalizar lo anormal. Cuando un poder elegido trivializa abusos, el abuso gana una capa de barniz y pierde urgencia moral.

Lo que dicen los informes: no es opinión, es evidencia

No se trata de una querella semántica. Informes de la ONU y organizaciones de derechos humanos han documentado, desde hace años, patrones de tortura, tratos crueles y detenciones arbitrarias en Venezuela, atribuidos a cuerpos de inteligencia y seguridad del Estado. Esa evidencia no es un mural en redes; es un archivo judicial y ético que apunta a responsabilidades institucionales. Por eso, lo prudente para un presidente democrático es no amplificar a quienes cargan con ese historial.

“Cuando el poder habla en clave, los ciudadanos pierden el diccionario.” — Víctor Escalona, El Estoico

¿Qué debería haber dicho el presidente?

Primero, una condena explícita a toda forma de tortura y persecución política, venga de donde venga. Segundo, un llamado a la cooperación internacional para investigar, sancionar y reparar, con estándares probatorios y acceso a archivos. Tercero, una defensa sin matices de la libertad de prensa y la labor de las ONG en Venezuela. Ese trípode —condena, cooperación y defensa— sería coherente con el “estandarte de la vida” que su mensaje invocó.

Lo que puede hacer la ciudadanía hoy

  • Contrastar antes de compartir. No multipliques propaganda. Multiplica evidencia.
  • Apoyar a víctimas y defensores. En Venezuela, Colombia o España, hay organizaciones serias que documentan abusos y acompañan procesos.
  • Exigir claridad a los liderazgos. Un tuit no es inocuo; puede reparar o dañar. Pide rectificaciones públicas cuando haga falta.

La región mirando: Venezuela, Colombia, USA y España

En América Latina, los “patuques verbales” no son un accidente; son una táctica. En Estados Unidos y en España, además, la discusión sobre Venezuela fija agenda y condiciona alianzas. Por eso, la consistencia importa más que la coyuntura. Si de verdad se cree en la libertad y en la democracia, no se puede elogiar —ni siquiera de forma lírica— a un engranaje asociado a violaciones graves. El liderazgo se demuestra con claridad moral, no con metáforas ambiguas.

Lecciones para mañana

La primera: no todo vale en nombre de la unidad ideológica. La segunda: las víctimas deben estar al centro, no a los costados del relato. La tercera: los gobernantes no pueden jugar con símbolos cargados de dolor. Si el mensaje presidencial confunde, la sociedad tiene derecho a pedir rectificación.

Lecturas previas en Vierne5 que suman contexto

Preguntas frecuentes

¿Por qué es problemático citar o amplificar a la DGCIM?

Porque su nombre está documentado en informes internacionales vinculados a tortura y detenciones arbitrarias. Un liderazgo democrático debe evitar otorgar legitimidad simbólica a instituciones cuestionadas y, en cambio, exigir investigaciones, justicia y reparación.

¿Esto significa apoyar a un bando político?

No. Significa defender un estándar universal: la dignidad humana. Los derechos humanos no pertenecen a una ideología; pertenecen a las personas. Por eso, la crítica se dirige al gesto, no a una etiqueta partidista.

¿Qué sería un mensaje responsable desde el poder?

Uno que reconozca a las víctimas, llame a la verdad y evite equivalencias morales. La condena a la tortura debe ser categórica; la cooperación con sistemas internacionales de justicia, transparente; y el respaldo a la sociedad civil, innegociable.

https://youtu.be/UaTL5uKLkd8

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Vierne5. / Opinión.

Fuente de contexto

Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos: Informes y diálogos del Consejo de DD. HH. sobre Venezuela y responsabilidades de la DGCIM.

RadioAmericaVe.com. / Opinión.

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