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Transición en Venezuela 2026: por qué el cambio se parece hoy a una prueba de supervivencia y qué señales dicen que no seremos otra Cuba.

Transición en Venezuela 2026
Cambio político en Venezuela 2026, transición democrática en Venezuela, salida del régimen, fin del modelo cubano en Venezuela, reconstrucción institucional, retorno a la democracia.
Venezuela vive la transición en Venezuela 2026 como una secuencia de obstáculos extremos: un paso en falso puede costar años de retroceso. Aun así, hay una certeza nueva: no seremos otra Cuba. El país aprendió, resistió y se sostuvo en lo improbable; ahora toca cruzar el tramo más difícil sin perder la brújula moral.
“A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana.” — Víctor Escalona
Si usted siente que todo se parece a una competencia de resistencia —de esas en las que el concursante debe saltar, colgarse, trepar, correr, respirar y volver a intentarlo— no está imaginando cosas. Los venezolanos que aspiramos a un cambio estamos metidos en una prueba de supervivencia donde cada etapa exige algo distinto: estrategia, paciencia, coraje, disciplina y una dosis diaria de esperanza para no quebrarnos.
Vemos a María Corina Machado haciendo malabares en Washington, midiendo cada palabra y cada gesto en un tablero internacional donde la prisa se castiga y la ingenuidad se paga carísimo. Vemos a los familiares de presos políticos sosteniéndose de pie cuando lo humano sería caer. Vemos a la diáspora sorteando migración, trabajos precarios, alquileres imposibles y la nostalgia como una piedra en el pecho. Y dentro del país, vemos a millones esquivando alcabalas, extorsiones y miedo, como si vivir fuese pasar un examen que nunca termina.
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1) El “Ninja Warrior” venezolano: obstáculos que cambian de forma
En los retos televisivos, lo más cruel no es la fuerza del obstáculo, sino su variedad. El concursante no puede especializarse: si solo corre, se cae; si solo trepa, se agota; si solo salta, calcula mal. Venezuela ha pasado exactamente por eso. Durante años creímos que el obstáculo era uno: ganar una elección. Luego entendimos que el obstáculo era otro: defender el resultado. Después, que el obstáculo era la represión. Más tarde, que el obstáculo era la desinformación. Y al final, que el obstáculo real era una estructura de poder diseñada para no perder, aunque pierda.
Por eso la transición no se parece a un discurso inspirador; se parece a un circuito: cada tramo exige una herramienta distinta. La política requiere cálculo; la calle requiere temple; la familia requiere ternura; la economía requiere creatividad. Y, sobre todo, requiere una idea que no se negocia: la dignidad.
La resistencia cotidiana también es política
Cuando un venezolano en Maracaibo decide no resignarse; cuando una madre en Caracas visita a un preso político y vuelve a casa sin llorar frente a sus hijos; cuando un joven en Madrid aguanta dos trabajos para enviar remesas; cuando un migrante en Estados Unidos evita una patrulla y aún así no renuncia a su identidad… todo eso es política. No la de la propaganda, sino la del sentido profundo: la defensa de la vida frente a un sistema que quiso convertirnos en súbditos.
2) Washington, la cuerda floja y el arte de no caer
Hay una parte del país que mira la política internacional como quien mira el cielo: esperando un milagro. Y hay otra que la desprecia por cansancio: “allá hacen y deshacen”. Ninguna de las dos miradas sirve hoy. La realidad es más incómoda: en el tablero internacional se juegan intereses, sí, pero también se abren ventanas. Y una ventana no es una garantía; es una oportunidad.
La dirigente democrática que ha logrado articular la esperanza —y sostenerla— está obligada a caminar esa cuerda floja. No porque le guste el riesgo, sino porque el margen de error es mínimo. En Washington, un exceso de confianza se interpreta como improvisación; una frase mal colocada se convierte en arma del adversario; un gesto equivocado se paga con semanas de retroceso. Por eso lo que algunos llaman “lentitud” es, muchas veces, precisión.
La transición se decide en varios frentes al mismo tiempo. Y ese es el rasgo “Ninja Warrior” del momento: no basta con una victoria simbólica; hay que avanzar, caer, levantarse y volver a avanzar sin perder la dirección.
3) Video recomendado para complementar la idea de resiliencia
Si hoy no existe un video exacto sobre este editorial, el canal Víctor Escalona El Estoico puede complementar el tema porque trabaja una idea clave para esta etapa: resistir sin perder el centro. En una transición larga, el músculo más importante es el mental.
https://www.youtube.com/embed?listType=user_uploads&list=VictorEscalonaElEstoico
4) Presos políticos y familias: el tramo más duro del circuito
No hay metáfora que alcance cuando hablamos de presos políticos. Ahí el obstáculo no es televisivo: es real, frío, nocturno. Es incomunicación. Es tortura psicológica. Es incertidumbre. Y, sobre todo, es una pregunta que desgasta: “¿hasta cuándo?”
Los familiares han aprendido a vivir con un calendario sin fechas. El tiempo se vuelve el enemigo. En esa lógica, resistir no es “aguantar”: es organizarse para no romperse. Es documentar. Es denunciar. Es insistir. Es volver a tocar puertas aunque te las cierren. Y, en el fondo, es impedir que el régimen logre lo que más desea: que el país normalice el horror.
La dignidad es el límite que el autoritarismo no puede cruzar
Un régimen puede robar elecciones, manipular instituciones y repartir miedo. Pero hay un punto donde se atasca: cuando la gente se niega a resignarse. La resignación es el oxígeno del autoritarismo. Por eso la resistencia moral es tan peligrosa para ellos. No se combate con propaganda. No se apaga con un decreto. Y no se compra con una caja de comida.
5) ICE, alcabalas y la misma sensación: vivir “en alerta”
Hay un hilo invisible que une a los venezolanos dentro del país con los venezolanos en el exterior: la sensación de vivir en alerta. En Venezuela, la alerta se llama alcabala. En Estados Unidos, la alerta se llama ICE. En Europa, la alerta se llama precariedad, papeles, alquiler, burocracia. Cambian los nombres, pero la emoción se repite: la vida como prueba permanente.
Sin embargo, aquí aparece una de las señales más esperanzadoras del momento: esa alerta ya no es solo miedo; también se está convirtiendo en aprendizaje. La diáspora aprendió a organizarse. Aprendió a contar su historia con más precisión. Aprendió a sostener redes. Y dentro del país, incluso bajo represión, el venezolano aprendió a leer el poder sin romanticismo: entendió que el modelo que nos impusieron no era un accidente, era un plan.
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6) “Venezuela no será otra Cuba”: por qué esa frase importa
La frase no es un eslogan; es un parteaguas mental. Durante años, el proyecto fue claro: convertirnos en un país sin alternancia, sin futuro y sin sueños. El molde estaba importado. La cultura del control, también. Y el objetivo final era obvio: que la resignación sustituyera la esperanza.
Pero hay una diferencia decisiva: Venezuela no se rindió del todo. Hubo miedo, sí. Hubo cansancio, por supuesto. Hubo fracturas, traiciones y decepciones. Pero también hubo algo que el castrismo necesitó décadas para lograr: quebrar el espíritu de la gente. Y aquí no lo lograron.
Esto no significa que el final sea automático. Significa algo más serio: que la sociedad conserva un músculo moral que puede sostener una reconstrucción. Y una reconstrucción exige eso: un país capaz de mirarse al espejo y decir “nunca más”.
Los 5 obstáculos que vienen (y cómo prepararse)
Para aumentar la probabilidad de “snippet destacado”, aquí va una lista clara y útil:
- Desinformación: la transición traerá rumores; verifique antes de compartir.
- División inducida: el régimen intentará enfrentar a víctimas entre sí; no le regale esa victoria.
- Fatiga social: el cansancio es real; organice descansos y apoyo emocional en su entorno.
- Oportunismo: aparecerán “salvadores” repentinos; mida trayectorias, no discursos.
- Impunidad: sin justicia no hay futuro; la transición debe incluir verdad y reparación.
“La libertad no se hereda: se reconstruye cada día, con disciplina y con verdad.” — Víctor Escalona
7) Por qué el periodismo independiente es parte del “equipo”
En una prueba de obstáculos, nadie llega lejos sin equipo: alguien que te entrena, te avisa, te cuida. En una transición, ese equipo incluye a quienes informan con rigor. El periodismo independiente no es un lujo: es una defensa. Si la mentira fue el arma principal del autoritarismo, la verdad es la herramienta más poderosa de la reconstrucción.
Por eso, sostener a medios como RadioAmericaVe.com y Vierne5 no es “donar por donar”. Es apostar por una infraestructura cívica que impide que el poder reescriba la historia. Es proteger un espacio donde el miedo no decide el titular. Es asegurar que las voces de los presos, de las madres, de los migrantes y de los que siguen dentro del país no se apaguen.
Y sí: pequeñas contribuciones desde 1 € importan. Porque la independencia se construye con miles de gestos pequeños, no con una sola mano grande. Si usted alguna vez compartió un artículo para que alguien entendiera lo que pasa en Venezuela, ya sabe el valor de un medio libre. Apoyarlo es una manera concreta de defender la verdad.
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8) Una pausa estratégica: volver al centro para no caer
En el “Ninja Warrior” real, hay un error típico: acelerar cuando toca respirar. Venezuela también necesita eso: pausas estratégicas. No para abandonar, sino para sostener. El estoicismo —bien entendido— no es frialdad: es foco. Y el foco es indispensable cuando el adversario quiere que usted viva reaccionando, nunca pensando. https://www.youtube.com/embed?listType=user_uploads&list=VictorEscalonaElEstoico
FAQ: Preguntas frecuentes
¿Por qué comparar la transición con un reto tipo “Ninja Warrior”?
Porque la transición no depende de un solo evento. Es una cadena de obstáculos cambiantes donde un error puede costar legitimidad, apoyo o tiempo, y donde se requiere resistencia física, mental y social.
¿Qué significa “Venezuela no será otra Cuba” en términos concretos?
Significa que el país conserva capacidad de alternancia como aspiración mayoritaria, conserva memoria del daño del autoritarismo y mantiene una energía social que, bien organizada, puede sostener una reconstrucción institucional real.
¿Qué puede hacer un ciudadano común en esta etapa?
Informarse con rigor, apoyar a familias de presos, no difundir rumores, sostener redes comunitarias, ayudar a un migrante recién llegado, exigir verdad y justicia, y mantener viva la conversación pública sobre dignidad y libertad.
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Cierre: el tramo final exige cabeza fría y corazón firme
La prueba continúa, sí. Pero hay algo que cambió: ya no caminamos hacia la resignación. Caminamos —a trompicones, a veces con rabia, a veces con lágrimas— hacia una salida. No sabemos cuántos obstáculos faltan, pero sabemos esto: el país no está condenado a ser una copia del comunismo decrépito. Venezuela será otra cosa. Y esa “otra cosa” dependerá, en buena medida, de que mantengamos la dignidad como regla y la verdad como guía.
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