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Transición política en Venezuela narcotráfico oro: qué pasará cuando se desmonten las economías criminales que sostienen al régimen.

Transición política en Venezuela narcotráfico oro. La pregunta incomoda, la que muchos prefieren esquivar, ya no puede seguir evitándose: ¿de qué va a vivir el régimen cuando le desmonten el negocio del oro, del narcotráfico y de los múltiples “side jobs” del crimen transnacional?
Durante años, el poder en Venezuela no se sostuvo por ideología, ni por eficiencia económica, ni siquiera por legitimidad política. Se sostuvo porque logró mutar en algo más peligroso: una estructura criminal con ingresos diversificados, alianzas internacionales y una lógica de supervivencia propia de los carteles.
Hoy, cuando se habla —con razón o sin ella— de una transición en curso, hay un error recurrente en muchos análisis: asumir que basta con cambiar caras, discursos o gerentes para que el sistema continúe funcionando. Esa matemática, sencillamente, no da.
Una economía que dejó de ser economía
Durante décadas, Venezuela fue una economía petrolera con defectos estructurales, pero con reglas mínimas. Incluso en sus peores momentos, el petróleo exigía institucionalidad: contratos, inversión, mantenimiento, personal calificado, transparencia mínima ante socios internacionales.
Eso se acabó.
El régimen sustituyó progresivamente la renta petrolera por una combinación de:
- Narcotráfico a gran escala
- Explotación ilegal de oro y minerales estratégicos
- Contrabando de combustibles
- Lavado de dinero internacional
- Extorsión sistemática desde el Estado
El resultado no fue una economía paralela, sino la absorción total del Estado por una lógica criminal. Venezuela dejó de ser un país con crimen organizado para convertirse en un país organizado para el crimen.
¿Puede el petróleo salvarlos otra vez?
Difícilmente.
Incluso en su apogeo, el petróleo requería un mínimo de credibilidad institucional. Hoy, a punta de alcabalas, peajes informales y extorsión, solo una fracción del aparato represivo puede sobrevivir, y solo por un tiempo limitado.
No hay inversión sostenible sin reglas. No hay producción sin confianza. No hay renta petrolera viable en un Estado que funciona como cartel.
Estados Unidos no quiere “ordenar” el cartel
Uno de los errores más graves que se cometen en estos días es pensar que el objetivo de Washington es “ordenar” el negocio, blanquearlo un poco y seguir adelante con una nueva administración más presentable.
Esa lectura ignora por completo cómo funciona el sistema de seguridad estadounidense.
Cuando Estados Unidos identifica una estructura como amenaza estratégica —no como problema diplomático, sino como riesgo criminal y de seguridad—, la lógica no es administrar, sino desmantelar.
Y esto no es una política de Trump, ni de Biden, ni de un partido. Es una línea de Estado que se viene construyendo desde hace años y que atraviesa administraciones republicanas y demócratas.
No es personal, es estructural
Creer que el problema se resuelve cambiando de nombres es confundir síntomas con causas. El problema no es solo quién manda, sino cómo se financia el poder.
Mientras el flujo de dinero ilícito continúe, cualquier “transición” será una ficción.
Como suele decir Víctor Escalona:
“A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana.”
Y pensar con claridad implica aceptar que no hay salida política sostenible sin desmontaje económico del crimen.
¿Puede sobrevivir el régimen sin dinero ilícito?
La respuesta corta es no.
La respuesta larga es más inquietante: sin esos ingresos, el régimen no solo pierde capacidad de gobernar, sino de controlar.
Las lealtades internas no se sostienen con discursos, sino con recursos. Cuando el flujo se corta:
- Aumentan las traiciones internas
- Se fractura la cadena de mando
- Se acelera la descomposición del poder
Pensar que figuras como Delcy o Jorge pueden “heredar” el apoyo internacional es desconocer una realidad elemental: el hedor a traición se acumula con el tiempo, no desaparece.
La ingenuidad del análisis “a bote pronto”
Once días después de una operación inédita, pretender que todo está resuelto o que ya hay ganadores claros es, por decir lo menos, ingenuo.
Las transiciones reales no son limpias, ni rápidas, ni televisables. Son procesos largos, opacos, llenos de tensiones y errores.
Pero hay algo que sí parece claro: no está en el interés de Estados Unidos que el cartel continúe operando, ni siquiera con petróleo regalado.
¿Qué queda entonces?
Queda una verdad incómoda: el régimen se enfrenta a una disyuntiva imposible. Sin crimen no hay dinero. Sin dinero no hay control. Sin control no hay poder.
Eso es, precisamente, lo que hace que esta etapa sea tan peligrosa como decisiva.
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Ver análisis político en el canal de Víctor Escalona
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Preguntas frecuentes
¿Puede haber transición sin desmontar el narcotráfico?
No. Mientras existan economías criminales, cualquier transición será frágil y reversible.
¿Estados Unidos busca imponer un nuevo gobierno?
Busca neutralizar una amenaza. El resultado político es consecuencia, no objetivo primario.
¿El petróleo puede rescatar al régimen?
Sin institucionalidad, el petróleo no es solución sino ilusión.
Cierre
La pregunta ya no es si el régimen caerá, sino cómo reaccionará cuando se quede sin oxígeno financiero. Las respuestas que demos hoy definirán no solo el desenlace político, sino el tipo de país que emergerá después.
¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.
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