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sábado, 7 de febrero de 2026

El pueblo que sobrevive, pero no decide

RadioAmericaVe.com / La Voz Del NIN

 

Pueblo que sobrevive sin decidir: el costo de no participar

Pueblo que sobrevive sin decidir: cómo la exclusión del poder real condena a una sociedad a resistir sin transformar.

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El pueblo que sobrevive día a día, pero no decide su destino, vive atrapado en una paradoja peligrosa. Resiste, se adapta y aguanta, pero permanece excluido del poder real de decisión. Esa distancia entre sobrevivir y decidir define muchas de las crisis políticas y sociales más prolongadas de nuestra región.

Venezuela ofrece hoy una imagen clara de ese fenómeno: millones de ciudadanos concentrados en resolver lo inmediato —comer, trabajar, proteger a los suyos— mientras las decisiones fundamentales se toman lejos de su influencia directa.

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Introducción: sobrevivir no es gobernar

Sobrevivir es un acto de resistencia. Decidir es un acto de poder. Cuando una sociedad se acostumbra únicamente a sobrevivir, renuncia —consciente o inconscientemente— a influir en el rumbo colectivo.

Como he escrito en otras reflexiones, “a veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana”. Del mismo modo, la exclusión del poder comienza cuando el ciudadano deja de verse como sujeto de decisión y se asume solo como víctima de las circunstancias.

¿Por qué este tema es crucial hoy?

La desconexión entre el pueblo y la toma de decisiones no es un problema abstracto. Tiene consecuencias directas: perpetúa modelos de poder cerrados, debilita la democracia y transforma la ciudadanía en mera población administrada.

Un pueblo que sobrevive sin decidir puede resistir mucho tiempo, pero difícilmente transforma su realidad.

Resistir no es lo mismo que decidir

Durante años, la narrativa dominante ha exaltado la capacidad de resistencia del pueblo. Se celebra al ciudadano que “aguanta”, que “se las ingenia”, que sobrevive a pesar de todo. Sin embargo, esa exaltación encierra una trampa: convierte la supervivencia en sustituto del poder.

Resistir es necesario en contextos adversos. Decidir, en cambio, es imprescindible para transformar esos contextos. Cuando la resistencia se prolonga sin evolución hacia la toma de decisiones, se convierte en una forma de estancamiento social.

La glorificación de la supervivencia

Una sociedad que aplaude exclusivamente la supervivencia corre el riesgo de normalizar la exclusión política. Se admira al que resiste, pero no se cuestiona por qué no puede decidir.

Ese desplazamiento del foco —del poder a la mera subsistencia— favorece a quienes concentran las decisiones reales.

Cómo se construye un pueblo que sobrevive pero no decide

Este fenómeno no surge por casualidad. Es el resultado de múltiples factores que, combinados, debilitan la capacidad decisoria de la ciudadanía.

Factores estructurales

  • Centralización extrema del poder.
  • Debilitamiento de las instituciones de representación.
  • Restricción de los mecanismos de participación real.
  • Dependencia económica que limita la autonomía ciudadana.

Factores psicológicos y culturales

  • Fatiga social prolongada.
  • Desconfianza acumulada en los procesos políticos.
  • Aprendizaje de la impotencia.
  • Reducción de expectativas colectivas.

Con el tiempo, estos factores generan una ciudadanía que se adapta a sobrevivir, pero deja de aspirar a decidir.

Manifestaciones cotidianas de la exclusión decisoria

El pueblo que no decide no siempre es consciente de su exclusión. Muchas veces la vive como algo “normal”.

Ejemplos frecuentes

  • Participación electoral sin expectativa real de influencia.
  • Consultas públicas simbólicas sin efecto vinculante.
  • Protestas que expresan malestar, pero no inciden en decisiones.
  • Debates ciudadanos desconectados del poder real.

En estos escenarios, la ciudadanía se expresa, pero no incide.

El costo político de no decidir

Cuando un pueblo deja de decidir, otros deciden por él. Esa es una de las reglas más constantes de la historia política.

La exclusión decisoria no solo afecta al presente, sino que condiciona el futuro. Genera generaciones acostumbradas a vivir al margen del poder, sin expectativa de influencia real.

Comparación histórica: pueblos resistentes y pueblos decisores

La historia muestra una diferencia clara entre sociedades que lograron transformar su realidad y aquellas que solo sobrevivieron a ella.

Las primeras construyeron mecanismos de decisión colectiva, aun en contextos adversos. Las segundas se adaptaron indefinidamente, pagando el precio de la exclusión política.

El ciudadano frente a la pérdida del poder de decidir

Recuperar la capacidad de decisión no es un acto espontáneo. Exige un cambio de mentalidad que comienza en el individuo y se proyecta en lo colectivo.

Del sobreviviente al ciudadano

El paso clave es dejar de verse únicamente como sobreviviente y asumirse como sujeto político, incluso en condiciones difíciles.

Ese tránsito no ocurre de forma masiva e inmediata, pero comienza cuando el ciudadano vuelve a preguntarse: ¿qué puedo decidir, aunque sea en pequeño?

Reflexión complementaria en video

En el canal de Víctor Escalona se abordan reflexiones sobre responsabilidad personal, conciencia y toma de decisiones que ayudan a entender por qué muchos pueblos sobreviven sin decidir. Aunque no se centra exclusivamente en política, aporta claves para recuperar la autonomía individual. https://www.youtube.com/embed?listType=user_uploads&list=VictorEscalonaElEstoico

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El periodismo independiente como herramienta de decisión

Un pueblo que no decide necesita información que no lo infantilice ni lo reduzca a espectador. El periodismo independiente cumple un rol clave: ofrecer contexto, análisis y preguntas incómodas.

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¿Se puede recuperar el poder de decidir?

La pérdida del poder de decisión no es irreversible. Sin embargo, recuperarlo exige algo más que voluntad abstracta o indignación puntual. Requiere reconstruir una cultura ciudadana orientada a la responsabilidad, la participación y la exigencia sostenida.

Un pueblo no recupera su capacidad de decidir únicamente a través de eventos extraordinarios. Lo hace cuando reconstruye hábitos cotidianos de deliberación, organización y control social.

Condiciones para volver a decidir

  • Reconocer la diferencia entre resistir y gobernarse.
  • Rechazar la infantilización política.
  • Exigir mecanismos reales de participación.
  • Construir liderazgo desde lo local.
  • Asumir costos personales por la autonomía colectiva.

Sin estas condiciones, la ciudadanía seguirá sobreviviendo, pero delegando su destino.

La decisión empieza en lo pequeño

La recuperación del poder de decidir no comienza necesariamente en las grandes estructuras del Estado. Empieza en lo cotidiano: en la forma de informarse, de asociarse, de exigir coherencia y de rechazar la manipulación.

Cuando un ciudadano deja de aceptar la exclusión como normal, comienza a reconstruirse el tejido político desde abajo.

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Preguntas frecuentes

¿Puede un pueblo sobrevivir indefinidamente sin decidir?

Puede hacerlo durante largos periodos, pero a costa de estancamiento, dependencia y pérdida progresiva de soberanía real.

¿La participación electoral garantiza que el pueblo decida?

No necesariamente. Sin mecanismos reales de influencia y control, la participación puede ser solo simbólica.

¿Qué papel juega la información en la capacidad de decidir?

Es central. Sin información crítica e independiente, la ciudadanía no puede tomar decisiones conscientes.

Cierre: sobrevivir es insuficiente

Sobrevivir no es fracasar, pero tampoco es triunfar. Un pueblo que solo sobrevive permanece suspendido en una espera interminable, confiando su destino a decisiones ajenas.

La verdadera transformación comienza cuando la ciudadanía deja de conformarse con resistir y vuelve a exigir decidir.

Ese paso no ocurre de manera espontánea. Exige conciencia, organización y, sobre todo, responsabilidad colectiva.

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.

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