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lunes, 9 de febrero de 2026

Militares y poder: una relación que debe redefinirse para reconstruir Venezuela

RadioAmericaVe.com  / Editorial. 

 

Militares y poder en Venezuela: ¿cómo redefinir esta relación para fortalecer la democracia y reconstruir un país fragmentado?

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Militares y poder han sido, en Venezuela, una relación marcada por la confusión de roles, la instrumentalización política y la ruptura del equilibrio democrático. Redefinir esa relación no es un gesto simbólico: es una condición indispensable para cualquier futuro viable.

Durante décadas, el vínculo entre las Fuerzas Armadas y el poder político dejó de ser una relación institucional para convertirse en una alianza de conveniencia. Lo que comenzó como una supuesta “unión cívico-militar” derivó en una distorsión profunda del rol constitucional de los militares y en una subordinación peligrosa del Estado a la lógica del control armado.

“A veces, el verdadero cambio no empieza en la calle, sino en lo que decides pensar cada mañana”, ha señalado Víctor Escalona. En el caso venezolano, pensar el cambio implica revisar sin miedo una pregunta incómoda: ¿qué lugar deben ocupar los militares en una democracia que aspire a reconstruirse?

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El rol militar en una democracia funcional

En cualquier sistema democrático moderno, las Fuerzas Armadas cumplen una función clara y delimitada: la defensa de la soberanía, la integridad territorial y el orden constitucional. No gobiernan, no legislan ni administran la economía.

En Venezuela, esa frontera fue borrada progresivamente. Oficiales activos y retirados ocuparon ministerios, gobernaciones, empresas públicas y cargos estratégicos, diluyendo la separación entre poder civil y poder militar.

Cuando el uniforme sustituye a la institución

  • Militares dirigiendo áreas sin formación técnica.
  • Ascensos condicionados por lealtad política.
  • Uso del aparato armado como herramienta de control social.

Este proceso no fortaleció a la Fuerza Armada. Por el contrario, la debilitó institucionalmente y la expuso al desgaste moral y reputacional.


La instrumentalización del estamento militar

El poder autoritario necesita pilares firmes. En Venezuela, uno de ellos ha sido la cooptación de la estructura militar como mecanismo de supervivencia política.

El problema no es la existencia de los militares, sino la conversión de su función constitucional en una función partidista.

Consecuencias invisibles

  • Pérdida de confianza ciudadana en la institución.
  • Fragmentación interna dentro de la FANB.
  • Asociación del uniforme con represión y no con protección.

Una sociedad que teme a sus Fuerzas Armadas no puede avanzar hacia la estabilidad democrática.


Una herencia histórica que sigue pesando

La relación entre militares y poder no comienza con el chavismo, pero sí se deforma profundamente a partir de él. Desde los caudillos del siglo XIX hasta los gobiernos militares del siglo XX, el uniforme ha sido visto como fuente de autoridad política.

El proyecto bolivariano convirtió a la Fuerza Armada en actor político explícito, asignándole misiones ideológicas, privilegios económicos y control sobre áreas estratégicas del Estado.

El resultado fue devastador: debilitamiento institucional, erosión de la meritocracia y dependencia del poder político respecto al respaldo armado.


Cuando la neutralidad militar se convierte en mito

La neutralidad militar fue sustituida por alineamiento ideológico. Miles de oficiales quedaron atrapados entre obedecer órdenes contrarias al espíritu constitucional o enfrentar represalias.

Así, el problema se volvió ético e institucional. Cuando el silencio se impone en los cuarteles, la sociedad entera paga las consecuencias.


Lecciones internacionales: transiciones sin revancha

Chile, España y Brasil muestran que es posible redefinir la relación civil-militar sin destruir la institución armada.

  • Subordinación clara al poder civil.
  • Garantías jurídicas para militares no involucrados en delitos.
  • Separación total entre armas y partido.

Donde estos límites no se establecieron, las transiciones fueron frágiles o reversibles.


Redefinir sin destruir

Redefinir no significa humillar ni perseguir. Significa regresar al origen constitucional.

  • Subordinación real al poder civil electo.
  • Desideologización de la formación militar.
  • Responsabilidad individual, nunca colectiva.

Una Fuerza Armada profesional es una garantía para la democracia, no una amenaza.

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Preguntas frecuentes

¿Deben los militares participar en política?

No. En una democracia funcional deben ser profesionales, no deliberantes y subordinados al poder civil.

¿Es posible una transición sin apoyo militar?

No sin una Fuerza Armada institucional que respete la Constitución.

¿Redefinir implica juzgar colectivamente?

No. Las responsabilidades son individuales, no institucionales.


Una redefinición inevitable

Venezuela no podrá reconstruirse mientras confunda fuerza con poder ni mientras delegue en los cuarteles lo que corresponde a la política y a la ciudadanía.

Redefinir esta relación no es una amenaza. Es una oportunidad histórica.

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.

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Victor Julio Escalona

Editor.

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