RadioAmericaVe.com / Opinión.
Secuestro de Juan Pablo Guanipa en Venezuela revive la represión del régimen en medio de promesas de apertura y seguridad.

Secuestro de Juan Pablo Guanipa en Venezuela: libertad en disputa
El secuestro de Juan Pablo Guanipa en Venezuela. La pregunta retumba con fuerza en un país que este fin de semana volvió a sentir, aunque fuera por horas, el sabor de la libertad. ¿Cómo es posible que mientras decenas de presos políticos eran excarcelados, uno de los líderes más visibles del campo democrático fuera nuevamente reducido por el aparato represivo?
No hay manera elegante de decirlo: lo ocurrido con Juan Pablo Guanipa es un secuestro político. No una detención judicial, no una medida administrativa, no un procedimiento legal. Un secuestro ejecutado por un Estado que intenta vender normalidad mientras actúa con la torpeza de quien ya perdió el control del relato.
Este domingo, Venezuela vivió algo inusual: júbilo. Comunidades enteras salieron a recibir a líderes nacionales y regionales que regresaban a casa tras años de detención, vejaciones y torturas. La alegría fue inmediata, visceral, contagiosa. Se propagó como el sarampión, recorriendo barrios, pueblos y ciudades. Bastaba abrir una ventana o mirar un teléfono para sentirlo.
Esa explosión emocional no nació de un decreto. Nació del alma colectiva de un país que no ha renunciado al cambio. Por eso, la vileza cometida contra Guanipa no solo indigna: delata. Revela que el aparato represivo sigue activo, nervioso, reaccionando por impulso.
La escena es todavía más absurda si se observa el contexto internacional. Mientras inversionistas estadounidenses y el propio Secretario de Energía de Estados Unidos preparaban maletas para visitar Venezuela bajo la premisa de que el ambiente es “completamente seguro”, el régimen ejecuta una acción que dinamita cualquier narrativa de confianza.
¿Quién tomó esa decisión? ¿Con qué objetivo? ¿Fue una orden directa o una pataleta de poder interno? En Miraflores saben que cada paso en falso tiene hoy un costo exponencial. Y aun así, eligieron la torpeza.
La aspiración de cambio sigue intacta. Es imposible no sentirlo cuando se ve a vecinos abrazando a quienes regresan del encierro, cuando se escucha el murmullo emocionado de las comunidades, cuando se pone el oído en tierra y se percibe un mismo latido. Lo que está a la vista no necesita anteojos.
El 3 de enero comenzó a escribirse otra historia. Le guste o no a la cúpula fraudulenta de Miraflores y a su aparato del terror. Una historia que, como tantas veces en el pasado, exigirá un nuevo escarmiento político para que entiendan lo básico: la represión ya no ordena, solo delata.
Como escribió Víctor Escalona en una reflexión que hoy adquiere un sentido casi profético: “Cuando un poder necesita secuestrar la esperanza, es porque ya no puede gobernar la realidad.”
Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €
¿Quién es responsable del secuestro de Juan Pablo Guanipa?
En un Estado de derecho, la responsabilidad es clara, trazable y verificable. En una dictadura, la responsabilidad se diluye entre órdenes verbales, cadenas de mando opacas y silencios cómplices. El secuestro de Juan Pablo Guanipa pertenece a esta última categoría.
No fue un exceso aislado. No fue un error operativo. Fue una decisión política ejecutada por el aparato de seguridad del régimen, con conocimiento —activo o pasivo— de su cúpula. En Venezuela, nada de esta magnitud ocurre sin que alguien en la cima lo permita.
La pregunta, entonces, no es si el régimen es responsable. Lo es. La pregunta real es quién dentro del régimen consideró que este acto era conveniente en este preciso momento.
La lógica del sabotaje interno
Cuando un sistema de poder entra en fase terminal, comienzan las contradicciones internas. Las señales de apertura conviven con actos de brutalidad. Las promesas de normalización chocan con reflejos autoritarios. Eso es exactamente lo que estamos viendo.
Mientras una parte del régimen intenta proyectar un clima de “seguridad” para atraer inversiones y oxígeno internacional, otra parte actúa desde el resentimiento, el miedo y la pérdida de control. Ese choque genera decisiones erráticas.
El secuestro de Guanipa encaja perfectamente en esa lógica: sabotear cualquier narrativa de distensión desde la pulsión autoritaria más primaria.
¿Una pataleta de Diosdado Cabello?
La pregunta no es caprichosa. Diosdado Cabello ha sido, históricamente, el rostro más crudo del ala dura del chavismo. Su discurso no busca consenso. Busca intimidación. Su poder no se apoya en legitimidad, sino en miedo.
En momentos de transición o presión externa, los actores más radicales suelen reaccionar con violencia simbólica y real. No para fortalecer al régimen, sino para recordarle al país —y a sus propios aliados— que aún pueden hacer daño.
Si el secuestro de Guanipa fue impulsado por este sector, entonces no estamos ante una estrategia, sino ante una rabieta de poder. Una pataleta peligrosa que expone fracturas internas.
El costo político de actuar por impulso
En el contexto actual, cada acto represivo tiene un impacto multiplicado. No solo en la opinión pública nacional, sino en cancillerías, mercados y centros de decisión internacionales.
Secuestrar a un dirigente opositor mientras se liberan otros no genera temor. Genera desconfianza. Y la desconfianza es veneno para cualquier intento de normalización.
El mensaje que recibe el mundo es simple: si hoy secuestran a Guanipa, mañana pueden revertir cualquier excarcelación. En Venezuela no existen garantías. No hay reglas. No hay palabra.
El júbilo popular: un termómetro que el régimen no controla
Lo ocurrido este domingo fue revelador. El alboroto en comunidades enteras al recibir a cada excarcelado no fue organizado, ni inducido, ni artificial. Fue espontáneo. Y por eso mismo, profundamente político.
Ese júbilo confirma algo que el poder intenta negar: la aspiración de cambio no solo sigue viva, sino que se fortalece cuando se rompe, aunque sea por horas, el cerco del miedo.
Si así reaccionó el país ante una bocanada parcial de libertad, basta imaginar lo que ocurrirá cuando Venezuela se libere definitivamente de la opresión chavista. Esa imagen es la que aterra al régimen.
Poner el oído en tierra
No hacen falta encuestas sofisticadas para entender lo que pasa. Basta escuchar. En mercados, iglesias, barrios y pueblos se repite la misma sensación: esto no terminó. Algo se movió. Algo cambió.
El poder lo percibe. Y por eso reacciona de forma torpe. Porque ya no controla el pulso emocional del país.
Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €
El 28 de julio de 2024: el origen de la venganza
Nada de lo que ocurre hoy puede entenderse sin volver al 28 de julio de 2024. Ese día, el régimen no solo perdió una elección. Perdió el control simbólico del país. La derrota fue clara, contundente y socialmente asumida, aunque luego fuera negada por la maquinaria fraudulenta.
Desde entonces, la represión dejó de ser preventiva y se convirtió en vengativa. Detenciones selectivas, castigos ejemplarizantes y torturas sistemáticas buscaron enviar un mensaje: ganar no basta, hay que pagar el atrevimiento.
Juan Pablo Guanipa fue uno de los blancos más visibles de esa venganza. No por un delito, sino por representar coherencia, persistencia y desafío político en un momento crítico.
La represión como confesión de derrota
Cuando un poder gana con legitimidad, no necesita perseguir. Gobierna. Cuando pierde y se aferra, castiga. La represión posterior al 28 de julio fue la confesión más clara de que el régimen sabía que había sido derrotado.
Por eso, cada excarcelación actual no borra el pasado. Lo confirma. Confirma que aquellas detenciones nunca debieron ocurrir.
El 3 de enero: cuando comenzó a escribirse otra historia
El 3 de enero no fue una fecha ceremonial. Fue un punto de inflexión. A partir de ese día, el lenguaje internacional hacia Venezuela cambió. Las señales se volvieron más directas. Las expectativas, más concretas. Los plazos, más cortos.
Desde entonces, el régimen intenta caminar por una cuerda floja: liberar sin ceder, abrir sin perder control, negociar sin transformarse. Un equilibrio imposible.
El secuestro de Guanipa demuestra que esa cuerda se rompió. Que el reflejo autoritario sigue mandando cuando el miedo aparece.
Un error grave de timing político
Si hubo un momento inoportuno para ejecutar un acto represivo, fue este. Justo cuando delegaciones, inversionistas y altos funcionarios estadounidenses evalúan regresar a Venezuela bajo la premisa de estabilidad.
La contradicción es grotesca: por un lado, se habla de seguridad jurídica; por el otro, se secuestra a un dirigente político sin proceso ni explicación.
En política internacional, el timing lo es todo. Y aquí fue un desastre.
Estados Unidos observa, anota y decide
Washington no funciona por impulsos emocionales. Funciona por acumulación de hechos. Por eso cada señal contradictoria se registra. Cada abuso se suma. Cada promesa incumplida pesa.
El mensaje que deja el caso Guanipa es demoledor: el régimen no puede garantizar ni siquiera la libertad de quienes anuncia como excarcelados. Y eso, para cualquier actor serio, es una línea roja.
El discurso de “ambiente completamente seguro” se derrumba ante la primera acción arbitraria. Y el costo no será retórico.
Cuando el terror se vuelve contraproducente
Durante años, el miedo fue una herramienta eficaz. Hoy es un boomerang. Cada acto represivo confirma la fragilidad del poder y fortalece la narrativa de cambio.
El régimen enfrenta una paradoja insoluble: si reprime, se hunde; si cede, se expone. Por eso improvisa. Y por eso comete errores como el secuestro de Guanipa.
Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €
Contenido audiovisual recomendado
El canal Victor Escalona El Estoico aborda de forma constante el análisis del poder, la conciencia cívica y la manipulación política. Aunque no exista un video dedicado exclusivamente a este caso, varios contenidos recientes ayudan a entender por qué los regímenes autoritarios reaccionan con torpeza cuando pierden el control.
También te puede interesar
Para ampliar el contexto político y social que atraviesa Venezuela, te recomendamos estos contenidos publicados en Vierne5:
- Venezuela después del 28J: el país que despertó
Nota editorial: verificar que el enlace esté activo antes de publicar. Si no existe, eliminar. - Presos políticos en Venezuela: la verdad que no quieren contar
Nota editorial: verificar que el enlace esté activo antes de publicar. Si no existe, eliminar. - Transición democrática en Venezuela: escenarios posibles
Nota editorial: verificar que el enlace esté activo antes de publicar. Si no existe, eliminar.
Preguntas frecuentes sobre el caso Guanipa
¿Juan Pablo Guanipa fue liberado y vuelto a secuestrar?
Los hechos indican una acción arbitraria posterior a las excarcelaciones masivas. No existió un procedimiento judicial transparente ni comunicación oficial clara, lo que configura un secuestro político.
¿Quién es responsable de lo ocurrido?
El aparato de seguridad del Estado ejecutó la acción. La responsabilidad política recae en la cúpula del régimen, que permite o impulsa este tipo de decisiones.
¿Qué impacto tiene este hecho en la relación con Estados Unidos?
Negativo. Contradice cualquier narrativa de seguridad y estabilidad, y mina la confianza de inversionistas y funcionarios que evalúan acercamientos.
El periodismo independiente como última línea de defensa
Cuando el poder miente, intimida o secuestra, el periodismo independiente deja de ser un oficio y se convierte en un deber cívico. En contextos autoritarios, informar con rigor es una forma de protección colectiva.
RadioAmericaVe.com y Vierne5 existe para eso: para contar lo que otros callan, para conectar los hechos que el poder intenta fragmentar y para sostener una memoria que impida la normalización del abuso.
Este trabajo no se financia con propaganda ni con favores. Se sostiene gracias a lectores que entienden que la verdad necesita respaldo real para seguir circulando.
Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €
Cierre: lo que está a la vista no necesita anteojos
El secuestro de Juan Pablo Guanipa no es un hecho aislado. Es una señal. Una más. El régimen actúa como quien sabe que perdió, pero aún no acepta la derrota.
La alegría popular por las excarcelaciones demostró que el país sigue vivo, atento y expectante. El terror ya no paraliza. Solo retrata la debilidad de quienes lo ejercen.
La historia que comenzó a escribirse el 3 de enero avanza, le guste o no a la cúpula de Miraflores. Y cada error, cada abuso, cada pataleta de poder acelera su desenlace.
¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta.
Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €
No hay comentarios:
Publicar un comentario