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La nueva ronda de diálogo reabre la discusión sobre TSJ, CNE, Machado y el pacto petrolero con Washington.

- Mesa de diálogo en Venezuela
- Renovación del TSJ
- Nuevo CNE en Venezuela
- Caso María Corina Machado
Dinorah Figuera retornó a Venezuela para participar en una nueva jornada de diálogo político con la renovación del Tribunal Supremo de Justicia como uno de los puntos centrales de la agenda. La ronda reúne nuevamente a antiguos diputados de la Asamblea Nacional de 2015 en Caracas, en medio de un malestar creciente por la falta de avances visibles, la discusión pendiente sobre un nuevo CNE y TSJ, la exclusión de María Corina Machado y las dudas generadas por el pacto petrolero con Washington.
La reanudación de la mesa llega en un momento especialmente sensible para el país. Casi un mes después del primer acuerdo sobre la reforma judicial, sectores de la oposición y analistas políticos advierten que la segunda fase no puede limitarse a revisar nombres, procedimientos o calendarios institucionales. También debe abordar el fondo del conflicto: si habrá garantías reales para competir, si el máximo tribunal será renovado con independencia y si el caso de Machado seguirá siendo tratado como un obstáculo externo al proceso.
La presencia de Figuera en Caracas simboliza el retorno de un sector opositor institucional a una negociación que promete redefinir parte del poder público venezolano. Pero también expone una tensión política evidente: la mesa intenta avanzar en acuerdos técnicos mientras una parte importante de la sociedad exige respuestas más concretas sobre derechos políticos, presos, justicia, transparencia energética y reconstrucción nacional.
Una segunda fase bajo presión
La nueva ronda de diálogo se instala con una expectativa distinta a la de agosto. En aquel momento, el primer acuerdo abrió la puerta a discutir la renovación del TSJ como condición previa para dar sentido a un nuevo Consejo Nacional Electoral. Ahora, la pregunta es si esa intención se convertirá en una ruta verificable o si quedará atrapada en la misma lógica de anuncios sin ejecución que ha desgastado otros intentos de negociación.
Jorge Millán, integrante de la delegación opositora, había advertido que no estimaba avances concretos en la designación del máximo juzgado del país hasta la reanudación de la mesa. Esa pausa colocó el 15 de septiembre como una fecha de prueba. A partir de ahora, la ciudadanía espera señales más claras: cronograma, criterios, mecanismos de selección y garantías contra el reparto de cuotas.
El TSJ es una pieza central porque puede validar o bloquear decisiones electorales, revisar inhabilitaciones, resolver impugnaciones, intervenir partidos, proteger derechos o reproducir abusos. Por eso, cualquier negociación sobre un nuevo CNE queda incompleta si no se resuelve primero la credibilidad del tribunal que tendrá la última palabra sobre conflictos políticos y electorales.
El caso Machado entra en el debate
Politólogos han señalado que la segunda fase de la mesa debe abordar el caso de María Corina Machado. La advertencia apunta al centro del problema de las garantías políticas: no puede hablarse de una elección competitiva mientras una figura con peso nacional permanece excluida del juego institucional.
La discusión no se limita a una persona. El caso Machado funciona como prueba del sistema. Si una dirigente opositora puede ser excluida por decisiones administrativas o judiciales cuestionadas, cualquier candidato, partido o movimiento puede quedar expuesto al mismo mecanismo. En ese sentido, el debate sobre su participación se conecta directamente con la reforma del TSJ, la credibilidad del CNE y la posibilidad de una ruta electoral aceptada.
La mesa tendrá que decidir si mantiene ese tema en una zona incómoda de silencio o si lo incorpora como parte de las garantías mínimas. Evadirlo puede facilitar una negociación más ordenada en el corto plazo, pero también puede restarle legitimidad social a cualquier acuerdo que salga de Caracas.
Qué debería producir esta ronda
La reanudación del diálogo necesita resultados concretos. La ciudadanía no espera solo comunicados ni fotografías de delegaciones sentadas en una mesa. Espera claridad sobre el alcance real de la negociación y sobre los mecanismos que impedirán que el proceso termine convertido en una administración del conflicto.
- un calendario público para la reforma de la Ley Orgánica del TSJ;
- criterios transparentes para seleccionar magistrados independientes;
- participación de universidades, gremios jurídicos y sociedad civil en la evaluación de perfiles;
- mecanismos para impedir designaciones por cuotas partidistas;
- definición de garantías políticas para candidatos, partidos y electores;
- revisión del impacto judicial de inhabilitaciones y exclusiones políticas;
- una ruta clara para renovar el CNE con credibilidad técnica y pública;
- compromisos verificables sobre derechos humanos, presos políticos y debido proceso.
Sin esos elementos, la segunda fase corre el riesgo de reproducir el desgaste de negociaciones anteriores: mucha expectativa inicial, poca información pública y resultados difíciles de medir.
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El pacto petrolero como sombra política
La nueva jornada ocurre bajo la sombra del polémico acuerdo energético con Washington. Las dudas sobre la legalidad, duración, selección de campos petroleros, producción esperada y control de los recursos han abierto otro frente de tensión nacional. La negociación política sobre CNE y TSJ no se desarrolla aislada: coincide con decisiones económicas de gran alcance que pueden comprometer activos estratégicos del país.
Ese contexto aumenta la necesidad de instituciones confiables. Un acuerdo petrolero de largo plazo requiere control judicial, rendición de cuentas, legalidad y legitimidad política. Si el TSJ sigue cuestionado y el CNE no ha sido renovado, cualquier gran convenio puede quedar expuesto a sospechas, impugnaciones o rechazo ciudadano.
Por eso, la mesa no solo discute garantías electorales. También discute, aunque no lo diga expresamente, la capacidad del país para tomar decisiones de Estado sin que cada contrato, nombramiento o reforma nazca bajo sospecha de opacidad.
Una oposición entre institucionalidad y presión social
El regreso de antiguos diputados de la AN2015 a Caracas muestra que un sector opositor apuesta por la vía institucional. Esa estrategia busca reconstruir reglas, renovar poderes y abrir una ruta electoral con algún nivel de verificación nacional e internacional. Pero el país político no se agota en esa mesa.
Fuera de la sala de negociación hay una sociedad que arrastra frustración, duelo, precariedad y desconfianza. Hay familiares de presos políticos que siguen esperando decisiones, comunidades que exigen transparencia en la reconstrucción, sectores que cuestionan la exclusión de Machado y ciudadanos que temen que el diálogo termine reducido a una redistribución de cargos.
La oposición institucional necesita demostrar que no negocia a espaldas de esa realidad. Su desafío será convertir la mesa en una herramienta de presión democrática y no en un espacio de normalización del estancamiento.
El TSJ como prueba de fondo
La renovación del TSJ será el primer gran termómetro de esta fase. Si el proceso produce magistrados con independencia, trayectoria y legitimidad, puede abrir una puerta para reconstruir confianza. Si termina en una fórmula cerrada entre cúpulas, el daño será mayor que la demora, porque confirmaría la percepción de que la justicia vuelve a repartirse como botín político.
Un tribunal renovado debería estar en capacidad de revisar inhabilitaciones, proteger derechos políticos, garantizar debido proceso, atender casos de presos políticos, controlar abusos administrativos y resolver conflictos electorales sin obediencia partidista. Esa es la medida real de la reforma.
La discusión sobre el CNE depende de ese punto. Un árbitro electoral nuevo puede organizar elecciones, pero solo un sistema judicial confiable puede impedir que el voto sea vaciado de contenido después de emitido.
Malestar ciudadano y riesgo de simulación
El malestar creciente en Venezuela responde a una sensación acumulada: los tiempos de la política suelen moverse más lento que las urgencias de la sociedad. Mientras las delegaciones negocian, la población enfrenta incertidumbre económica, reclamos de justicia, dudas sobre grandes acuerdos energéticos y una exigencia de garantías que no admite nuevas dilaciones.
Ese malestar no debe ser leído como rechazo automático al diálogo. Puede ser, más bien, una demanda de seriedad. La ciudadanía no niega la necesidad de negociar; rechaza que la negociación se use para postergar decisiones o legitimar estructuras que deberían cambiar.
La mesa tiene una oportunidad si asume esa presión como control democrático. Pero puede perderla si pide confianza sin entregar información, si evita los casos más incómodos o si convierte la reforma institucional en un lenguaje técnico incomprensible para la mayoría.
Preguntas frecuentes
¿Por qué vuelve Dinorah Figuera a Venezuela?
Regresa para participar en una nueva jornada de diálogo político en Caracas, con la renovación del TSJ y del CNE como temas centrales.
¿Qué debe abordar esta segunda fase?
Debe avanzar en la reforma del TSJ, aclarar la ruta hacia un nuevo CNE y tratar garantías políticas, incluyendo el caso de María Corina Machado.
¿Por qué importa el TSJ para una elección?
Porque el máximo tribunal puede revisar candidaturas, inhabilitaciones, impugnaciones y decisiones electorales. Sin independencia judicial, el voto queda desprotegido.
La nueva jornada de diálogo en Caracas comienza con una advertencia clara: la paciencia ciudadana no es infinita. Dinorah Figuera y los antiguos diputados de la AN2015 llegan a una mesa que ya no puede conformarse con administrar expectativas. Si el TSJ está en la mira, la reforma debe verse, medirse y explicarse.
En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe seguir esta etapa sin complacencia. La negociación puede ser necesaria, pero solo tendrá valor si produce garantías reales, justicia independiente, transparencia energética y una ruta electoral donde ningún liderazgo sea excluido por mecanismos opacos.
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