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martes, 15 de septiembre de 2026

Venezuela: traiciones, mesa y calle democrática

RadioAmericaVe.com  / La Voz Del Lector.

 

Lectores advierten que sin liderazgo, presos libres, TSJ, CNE y calle democrática, la transición pierde fuerza.

  • Presos políticos en Venezuela
  • María Corina Machado
  • Acuerdos petroleros en Venezuela
  • Mesa de negociación venezolana

Nos escriben lectores con una reflexión amarga sobre la política venezolana: cuando una amistad nunca fue sincera, no debería sorprender la traición. La frase, tomada del lenguaje cotidiano, sirve para describir el momento de desconfianza que atraviesa el país. Muchos venezolanos sienten que el poder está en modo “sálvese quien pueda”, que las lealtades se rompen cuando aparece el riesgo judicial y que detrás de cada negociación puede haber más cálculo personal que compromiso con la nación.

La ciudadanía observa con atención los movimientos de figuras vinculadas al poder, las versiones sobre posibles confesiones, los temores dentro de antiguos círculos de confianza y el uso de expedientes como mecanismo de presión. Pero más allá de nombres propios, el mensaje central es otro: Venezuela no puede reconstruirse sobre traiciones entre grupos de poder. Necesita verdad, justicia, liderazgo y una ruta democrática que no vuelva a dejar al pueblo como espectador.

Los lectores también vuelven a una autocrítica histórica: muchos venezolanos subestimaron las consecuencias de los atajos contra el hilo constitucional, la fascinación con discursos de fuerza y el apoyo emocional a promesas que terminaron abriendo una larga etapa de deterioro. Recordarlo no es vivir atrapados en el pasado. Es impedir que el país tropiece otra vez con la misma piedra.

Traiciones arriba, incertidumbre abajo

El deterioro de las lealtades dentro del poder puede tener consecuencias políticas importantes. Algunos lectores interpretan que ciertas figuras buscarán salvar lo que puedan, negociar beneficios o entregar información para reducir daños personales. Esa lectura expresa una percepción extendida: cuando un proyecto se sostiene sobre corrupción, miedo y conveniencia, las alianzas no son sólidas; son contratos de supervivencia.

Pero el ciudadano común no quiere limitarse a mirar cómo se fractura una élite. Quiere saber si esas fracturas servirán para abrir la democracia o simplemente para reorganizar el poder con otros nombres. Si las confesiones, expedientes o disputas internas no terminan en rendición de cuentas, recuperación de bienes públicos, presos políticos libres y elecciones confiables, todo quedará como otra pelea entre quienes durante años administraron el daño.

La justicia no puede convertirse en moneda de negociación. Debe ser una condición de la reconstrucción nacional.

La ausencia que pesa: María Corina y la calle

Uno de los reclamos más insistentes se dirige a la conducción política opositora. Los lectores preguntan si sin María Corina Machado en Venezuela no se puede hacer nada. La pregunta contiene frustración, pero también una expectativa: muchos ciudadanos sienten que la lucha democrática necesita liderazgo visible, presencia territorial y capacidad de convocar sin depender exclusivamente de redes sociales, declaraciones o actos simbólicos.

El malestar se agrava porque mientras algunos dirigentes aparecen en cámaras, anuncian alianzas o buscan espacios, otros actores sociales, sindicalistas, familiares de presos políticos y ciudadanos comunes asumen riesgos reales en la calle. Esa diferencia genera una sensación de injusticia: quienes piden resistir deben también estar dispuestos a acompañar la resistencia.

La gente necesita saber a quién seguir, bajo qué estrategia y con qué objetivos. Sin conducción clara, la indignación se dispersa. Sin unidad, la presión se debilita. Sin calle democrática, la transición queda atrapada en salones cerrados.

Edmundo, la juramentación pendiente y el vacío político

Los lectores también señalan una falla que consideran determinante: Edmundo González Urrutia no fue juramentado, aunque fuese simbólicamente, como expresión de un mandato ciudadano. Según esa mirada, la falta de un gobierno en el exilio con estructura reconocible dejó un vacío que facilitó a actores externos escoger alternativas más cómodas, aunque menos legítimas para una parte importante del país.

Ese punto merece discusión seria. En procesos de transición, los símbolos importan. Las instituciones importan. La continuidad constitucional importa. Cuando no existe una referencia clara de poder legítimo, otros llenan el espacio con fórmulas de conveniencia. Y Venezuela ya conoce el costo de permitir que los vacíos sean ocupados por quienes negocian sin suficiente mandato popular.

La pregunta ciudadana es directa: ¿quién representa hoy, de forma efectiva, la voluntad de la mayoría democrática?

La mesa de tres patas y la paciencia agotada

Otro eje del reclamo es la llamada mesa de negociación. Los lectores la observan con escepticismo y la describen como una instancia que debe demostrar resultados, no pedir paciencia indefinida. Si hay reuniones, debe haber agenda. Si hay agenda, debe haber cronograma. Si hay cronograma, debe haber avances verificables sobre derechos políticos, inhabilitaciones, partidos, TSJ, CNE y orden constitucional.

La ciudadanía pide una ruta mínima:

  • Información clara sobre quiénes integrarán los procesos de reforma institucional.
  • Participación real de la sociedad civil en la discusión del TSJ.
  • Lista transparente de aspirantes y criterios de selección.
  • Definición seria de un nuevo CNE confiable.
  • Calendario electoral público, verificable y con garantías.

Si la mesa vuelve a reunirse unos días y luego desaparece entre silencios, viajes o declaraciones ambiguas, la desconfianza crecerá. El país no está para administrar expectativas: está para producir resultados.

Ni un paso atrás

Frente al cansancio, otros lectores responden con una consigna conocida: ni un paso atrás. Rechazan caer en el hueco de la desmoralización por los acuerdos petroleros, los movimientos de Trump, los pactos con Delcy Rodríguez o los anuncios que confunden más de lo que aclaran. Para ellos, la prioridad es mantener el foco democrático y no permitir que la agenda petrolera sustituya la agenda ciudadana.

Ese ánimo no es ingenuo. Reconoce que Estados Unidos puede ser un aliado importante, pero insiste en una condición esencial: cualquier acuerdo debe hacerse con autoridades legítimas y con beneficios reales para los venezolanos. Petróleo sí, pero con democracia. Alianzas sí, pero con transparencia. Apoyo internacional sí, pero sin borrar la voluntad popular.

La ciudadanía quiere avanzar, pero no a cualquier precio. Quiere que las alianzas fortalezcan la transición, no que la secuestren.

El pasado eléctrico y la sombra de los negocios

Los mensajes también vuelven sobre señalamientos relacionados con Derwick Associates, Alejandro Betancourt López, la crisis eléctrica y presuntas tramas de corrupción vinculadas a recursos públicos. Como corresponde en una pieza responsable, estas denuncias ciudadanas deben tratarse con prudencia y sin convertir afirmaciones no verificadas aquí en sentencia periodística. Pero la preocupación es legítima: Venezuela no puede permitir que figuras o estructuras asociadas a viejos escándalos reaparezcan como solución para nuevos negocios estratégicos.

La memoria eléctrica del país es dolorosa. Apagones, fallas, promesas incumplidas y contratos cuestionados dejaron una herida profunda. Por eso cualquier negociación energética o petrolera debe ser transparente, auditable y sometida a escrutinio público. Si el país sufrió por opacidad, no puede reconstruirse con más opacidad.

La pregunta ciudadana es incómoda, pero necesaria: ¿cómo confiar en una transición económica si no se aclara quiénes están detrás de los acuerdos y qué antecedentes tienen?

Actuar sin perder la memoria

Una reflexión enviada por los lectores, atribuida a Marco Aurelio, recuerda que cada día puede traer ingratitud, deslealtad, insolencia y egoísmo, pero que responder desde la razón y no desde la degradación es parte de la fortaleza moral. En el contexto venezolano, esa idea sirve para ordenar la indignación: el país necesita actuar, pero sin caer en la oscuridad que denuncia.

No se trata de ir a llorar al valle, como dice uno de los mensajes. Se trata de moverse con memoria, coraje y dirección. Recordar los errores del pasado no debe paralizar. Debe ayudar a escoger mejor, exigir más y desconfiar de soluciones fáciles.

En RadioAmericaVe.com  y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe abrir espacio a estas voces porque allí aparece el país que piensa, reclama, se contradice, se levanta y no quiere ser engañado otra vez. La voz ciudadana no siempre llega ordenada, pero trae una verdad esencial: Venezuela no puede seguir esperando que otros decidan por ella mientras sus instituciones, su riqueza y su futuro se negocian lejos del pueblo.

Venezuela necesita liderazgo legítimo, presos políticos libres, calle democrática, TSJ independiente, CNE confiable, transparencia sobre los acuerdos petroleros y una oposición capaz de actuar unida. Sin eso, las traiciones internas del poder solo cambiarán el reparto, no el destino del país.

Comparte esta reflexión o envíanos tu testimonio si también crees que Venezuela necesita actuar con memoria, unidad democrática, liderazgo firme y transparencia antes de que la transición vuelva a escaparse entre acuerdos opacos. 

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta. 

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