La comunidad internacional no puede reemplazar al país - Radio America VE
planeta tierra girando circulo logo radio america ve

Volumen:

100

Últimas noticias

miércoles, 9 de septiembre de 2026

La comunidad internacional no puede reemplazar al país

RadioAmericaVe.com  / Editorial.

 

La ayuda exterior puede sostener la emergencia, pero Venezuela debe reconstruir capacidad, trabajo, instituciones y soberanía propias.

Soberanía y reconstrucción, dependencia de la ayuda exterior, reconstrucción con autonomía, cooperación internacional y Estado

La comunidad internacional puede ayudar a levantar un hospital, financiar una vivienda, llevar alimentos o aportar ingeniería; lo que no puede hacer es reemplazar a Venezuela. Ningún organismo extranjero, gobierno aliado, banco multilateral o dispositivo de cooperación puede sustituir indefinidamente la responsabilidad de un país de gobernarse, reconstruirse y volver a sostenerse por sí mismo. La solidaridad internacional es necesaria. La dependencia permanente sería otra forma de derrota.

Después de una catástrofe de esta magnitud, recibir ayuda no disminuye la soberanía. Al contrario: rechazar cooperación indispensable en nombre de una retórica vacía sería irresponsable. El problema comienza cuando la asistencia deja de ser puente y se convierte en estructura; cuando el Estado aprende a administrar recursos ajenos sin reconstruir capacidades propias; cuando los dirigentes se acostumbran a esperar que otros financien, organicen y supervisen aquello que ellos deberían estar aprendiendo a hacer.

La tesis de este editorial es firme: la soberanía no se proclama; se ejerce. Y se ejerce demostrando competencia técnica, transparencia, capacidad institucional, empleo productivo y autoridad civil sobre el territorio. Venezuela puede y debe aceptar cooperación. Lo que no puede aceptar es convertirse en espectadora de su propia reconstrucción.

La ayuda exterior no sustituye un Estado

La dimensión del desastre explica por qué el apoyo externo se volvió imprescindible. El balance forense documentado mantiene 6.509 fallecidos, mientras persiste la incertidumbre sobre más de 29.500 personas reportadas como desaparecidas. A ello se suman 17.907 damnificados y 18.437 ciudadanos que continúan viviendo en 94 campamentos transitorios.

La escala física tampoco permite triunfalismos. Con aproximadamente 600.790 toneladas de escombros retiradas, equivalentes al 28,61 % del volumen estimado, la mayor parte de la tarea continúa pendiente. Y frente a una necesidad estimada de unas 25.000 viviendas, el reporte de apenas 335 soluciones entregadas evidencia cuánto falta por recorrer.

Estas cifras justifican asistencia internacional. No justifican delegación permanente.

La comunidad internacional puede aportar capital, equipos, alimentos y experiencia. Pero la responsabilidad de identificar prioridades, coordinar municipios, auditar obras y reconstruir servicios debe permanecer en manos nacionales capaces de rendir cuentas.

Si cada problema esencial requiere una estructura externa para funcionar, el país no se está reconstruyendo: está siendo sostenido.

La dependencia también puede institucionalizarse

Una emergencia prolongada produce hábitos peligrosos.

El campamento que debía durar semanas se convierte en paisaje. El subsidio temporal se transforma en ingreso permanente. La ración humanitaria comienza a sustituir al trabajo. La consultoría extranjera termina ocupando el lugar de la capacidad técnica nacional.

No ocurre necesariamente por mala fe. Ocurre porque lo provisional, cuando funciona mínimamente, puede resultar políticamente cómodo.

Pero una República adulta debe trabajar para que cada mecanismo extraordinario tenga una salida.

La cooperación responsable debería dejar cuatro resultados concretos:

  • infraestructura reconstruida;
  • profesionales y trabajadores nacionales capacitados;
  • instituciones capaces de continuar operando sin tutela;
  • reducción progresiva de la dependencia de subsidios y asistencia externa.

La ayuda que no deja capacidad puede aliviar hoy y debilitar mañana.

El petróleo debe financiar autonomía, no comodidad

La reconstrucción se desarrolla bajo una arquitectura financiera extraordinaria. Los ingresos asociados a la actividad petrolera, los créditos internacionales y la cooperación exterior ofrecen recursos capaces de acelerar la recuperación.

Pero esos flujos solo tendrán sentido histórico si se convierten en capacidad nacional.

El dinero debe llegar a escuelas, hospitales, vivienda, energía, agua, transporte y empleo. Debe financiar maquinaria, pero también formar operadores. Debe pagar obras, pero también fortalecer empresas capaces de competir con reglas transparentes.

Un país que recibe recursos extraordinarios y continúa dependiendo de estructuras extraordinarias está gastando sin reconstruirse.

Cada fondo de recuperación debería responder a preguntas simples:

  1. ¿qué problema nacional reduce?
  2. ¿qué capacidad local deja instalada?
  3. ¿qué empleo formal genera?
  4. ¿qué dependencia consigue disminuir?
  5. ¿quién audita el resultado?

La soberanía económica también comienza cuando el dinero extraordinario deja patrimonio público, conocimiento y productividad.

La ayuda humanitaria debe conducir hacia el trabajo

Mientras existan familias que no pueden cubrir sus necesidades básicas, la asistencia alimentaria y los subsidios continúan siendo indispensables.

Pero el éxito de la ayuda no puede medirse por la cantidad de personas que permanecen eternamente dentro del sistema. Debe medirse por la cantidad que logra salir de él.

La reconstrucción ofrece una oportunidad excepcional para conectar asistencia y empleo.

Venezuela necesita albañiles, electricistas, operadores, transportistas, enfermeros, técnicos, ingenieros, arquitectos y trabajadores de numerosos oficios. Parte de esas capacidades existe entre la propia población damnificada. Otra puede desarrollarse mediante formación.

La ayuda internacional puede financiar esa transición, pero la organización debe construir ciudadanía económica nacional.

El objetivo no debe ser perfeccionar la dependencia, sino hacerla innecesaria.

La cooperación sin transparencia termina debilitando a todos

La presencia de recursos extranjeros obliga a elevar el nivel de rendición de cuentas.

No basta con afirmar que un proyecto cuenta con apoyo internacional. Debe saberse cuánto dinero ingresó, quién lo administra, qué obra financia y qué resultado produjo.

La corrupción disfrazada de ayuda es especialmente grave porque deteriora simultáneamente la confianza interna y la confianza de quienes cooperan desde fuera.

La trazabilidad debe abarcar:

  • origen de los recursos;
  • institución administradora;
  • destino territorial;
  • contratista o ejecutor;
  • avance físico y financiero;
  • auditorías y observaciones;
  • resultados verificables para la comunidad.

La cooperación internacional no puede convertirse en una caja negra administrada desde arriba.

Cuanta más ayuda recibe un país, mayor debe ser su capacidad para explicar qué hizo con ella.

El periodismo independiente también cumple una función de soberanía. Cuando un medio sigue fondos, contrasta cifras y pregunta quién decide, evita que la cooperación exterior se transforme en una relación opaca entre élites. RadioAmericaVe.com y Vierne5 creen que un ciudadano informado está mejor preparado para defender su autonomía y vigilar a quienes administran recursos nacionales e internacionales.

El municipio debe ser protagonista, no receptor

La reconstrucción tampoco puede diseñarse únicamente desde Caracas ni desde oficinas internacionales.

Los municipios y comunidades conocen la dimensión concreta de sus necesidades. Saben qué escuela está cerrada, qué hospital funciona con dificultad, qué calle permanece bloqueada y qué familia continúa desplazada.

La cooperación internacional debe fortalecer esa capacidad local.

Transferir recursos sin transferir responsabilidad produce dependencia. Transferir responsabilidades sin recursos produce abandono.

La fórmula correcta es descentralización con reglas, presupuesto, asistencia técnica y auditoría.

El municipio no debe limitarse a recibir ayuda. Debe aprender a planificar, ejecutar y rendir cuentas.

La soberanía también se mide cuando falla la electricidad

Los problemas eléctricos han vuelto a colocar sobre la mesa la diferencia entre explicación y responsabilidad.

Cuando la administración atribuye fallas graves a acciones deliberadas o sabotajes, tiene la obligación de investigar y presentar evidencias. Pero esa explicación no sustituye el deber de construir una red capaz de resistir contingencias.

La resiliencia es también soberanía.

Un país que depende permanentemente de soluciones improvisadas cada vez que falla un servicio esencial conserva muy poco margen de autonomía real.

La inversión debe traducirse en mantenimiento, redundancia, generación estable y capacidad municipal para proteger hospitales, sistemas de agua y servicios esenciales.

El nuevo CNE tampoco puede ser importado

La comisión técnica de seis representantes encabezada por Dinorah Figuera continúa trabajando sobre la renovación del CNE antes de diciembre de 2026.

También allí existe una tentación peligrosa: imaginar que la legitimidad puede ser otorgada desde afuera.

La comunidad internacional puede acompañar, observar y exigir garantías. Pero ningún aval extranjero sustituirá la confianza de los venezolanos.

El próximo CNE debe nacer de reglas transparentes, mérito, independencia y escrutinio público. Si termina siendo un reparto de cuotas negociado entre élites y posteriormente certificado desde el exterior, la institución tendrá formalidad, pero no necesariamente legitimidad.

La ciudadanía debe vigilar ese proceso.

La libertad no puede depender de un tutor

La existencia de 382 personas detenidas por motivos políticos y las denuncias de arbitrariedades y extorsiones en controles viales recuerdan que la reconstrucción institucional tiene tareas que ningún organismo extranjero puede ejecutar por nosotros.

Puede haber presión internacional. Puede haber medidas cautelares. Puede haber observación.

Pero una República libre necesita jueces propios capaces de proteger derechos, una fuerza pública propia sometida a la ley y ciudadanos capaces de exigir rendición de cuentas.

La tutela exterior puede contener abusos temporalmente. No puede sustituir un Estado de derecho nacional.

Las instituciones deben reconstruir confianza desde dentro

Durante años, el deterioro institucional produjo una cultura de evasión de responsabilidades.

La reconstrucción exige lo contrario.

Si una institución falló, debe admitirlo. Si hubo negligencia, debe investigarse. Si existieron decisiones que aumentaron vulnerabilidades urbanas, deben identificarse.

El país no recuperará soberanía simplemente cambiando autoridades. La recuperará cuando sus instituciones aprendan a responder.

Pedir perdón por los fracasos del pasado no es debilidad. Es el principio de una nueva responsabilidad pública.

El exterior no puede hacer el trabajo interno

Las advertencias internacionales sobre la preparación venezolana para un proceso electoral, las discusiones monetarias y las decisiones judiciales que se desarrollan fuera del país son recordatorios incómodos de cuánto espacio de decisión nacional se ha perdido.

Pero la respuesta no puede ser esperar otro plan extranjero que resuelva el problema.

Ni una fórmula monetaria diseñada en una universidad extranjera, ni una sentencia judicial en Nueva York, ni una arquitectura financiera internacional reconstruirán por sí solas las capacidades nacionales.

La ayuda puede acompañar.

La presión puede obligar.

La cooperación puede acelerar.

Pero gobernar sigue siendo un verbo venezolano.

La soberanía empieza cuando dejamos de esperar

La comunidad internacional no puede reemplazar al país porque ninguna nación puede delegar indefinidamente la responsabilidad de existir.

La solidaridad exterior debe continuar mientras sea necesaria. Pero cada dólar, cada programa y cada misión deben tener como meta reducir su propia necesidad futura.

Ese es el verdadero éxito de la cooperación.

Que un hospital vuelva a funcionar sin ayuda extraordinaria.

Que una familia pueda vivir sin subsidio.

Que un municipio pueda administrar su presupuesto.

Que una empresa local pueda construir con calidad.

Que un ciudadano pueda defender sus derechos sin necesitar protección diplomática.

Que una elección pueda ser creíble sin depender de un certificado extranjero.

La soberanía no consiste en rechazar al mundo. Consiste en relacionarnos con él sin desaparecer dentro de él.

Venezuela necesita cooperación, pero necesita todavía más capacidad propia.

Necesita ayuda, pero con salida.

Necesita capital, pero con trabajo.

Necesita observación internacional, pero también ciudadanía vigilante.

Necesita reconstrucción, pero dirigida por una sociedad que vuelva a confiar en sí misma.

El reloj continúa corriendo sobre un suelo inestable. La comunidad internacional puede acompañarnos durante el camino. Pero el país tendrá que aprender nuevamente a caminar con sus propias piernas.

Comparte este editorial, suscríbete a RadioAmericaVe.com y Vierne5 y participa en esta conversación sobre soberanía, reconstrucción y responsabilidad nacional. 

¿Qué opinas? Escríbenos a [email protected]. Tu voz también cuenta. 

Apoya a RadioAmericaVe.com y Vierne5: Donar desde 1 €

Recibe nuestros titulares directamente en tu correo.
Suscríbete gratis y mantente informado.

RadioAmericaVe.com / Editorial.

Victor Julio Escalona

Editor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pages