RadioAmericaVe.com / Opinión.
Por Matías Ricardo Escalona Cardinale
Sin libertad de expresión, nuevo CNE y fecha presidencial, la transición seguirá incompleta.

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- Nuevo CNE Venezuela
- Negociación Rodríguez AN2015
- Transición democrática venezolana
Se supone que esta semana habrá anuncios, en el marco de la negociación entre los Rodríguez y la AN2015, sobre el restablecimiento pleno de la libertad de expresión. Ojalá esa suposición se concrete. Pero conviene decirlo desde el primer párrafo, sin rodeos ni adornos: libertad de expresión sin nuevo CNE, sin fecha presidencial y sin garantías electorales reales sería apenas una rendija en una puerta que sigue cerrada. Venezuela no necesita migajas de normalidad. Necesita recuperar la voz, el voto y el derecho a decidir cuanto antes.
El país llega a esta hora con una mezcla de impaciencia, cansancio y sospecha. No estamos felices. Estamos cada vez más hartos de anuncios parciales, de avances que no terminan de avanzar, de conversaciones que prometen destrabar la crisis mientras el calendario político sigue secuestrado. Y, sin embargo, qué felices nos pondría una fecha de presidenciales. No por fetichismo electoral, no porque una fecha por sí sola resuelva todo, sino porque una fecha clara obligaría a ordenar el proceso alrededor de lo esencial: devolverle al pueblo venezolano la posibilidad de escoger.
En política hay asuntos importantes, asuntos urgentes, asuntos secundarios y asuntos distractivos. Las elecciones presidenciales están en el cuadrante de lo urgente y lo importante. Sin discusión. Todo lo demás puede ayudar, acompañar o complementar, pero nada puede sustituir ese punto central.
Libertad de expresión no es decoración democrática
Restablecer plenamente la libertad de expresión sería un paso indispensable. Un país sin prensa libre, sin ciudadanos libres para opinar, sin periodistas protegidos, sin medios capaces de investigar y sin voces críticas sin miedo no puede llamarse democracia. La libertad de expresión no es un lujo liberal ni una concesión generosa del poder. Es una condición mínima para que cualquier proceso político tenga sentido.
Pero también hay que cuidarse de las trampas. Un régimen acostumbrado a administrar permisos puede intentar presentar como gran apertura lo que apenas sería la devolución tardía de un derecho robado. La libertad de expresión no puede ser un favor negociado ni una válvula de escape controlada. Debe ser plena, verificable, estable y acompañada de garantías concretas.
Eso implica que periodistas, medios, activistas, ciudadanos, dirigentes, gremios y organizaciones puedan hablar sin amenazas, sin expedientes, sin bloqueos, sin censura, sin intimidación y sin el temor permanente de que cualquier crítica sea convertida en delito político. Si no hay eso, no hay libertad. Hay permiso temporal.
El nuevo CNE no puede seguir esperando
Ahora bien, la libertad de expresión por sí sola no basta si el árbitro electoral sigue bajo sospecha. Venezuela necesita un nuevo CNE capaz de generar confianza mínima, no un aparato reciclado para administrar otro resultado conveniente. El problema venezolano no es solo que la gente no haya podido hablar libremente durante años. Es que también se le ha arrebatado la posibilidad de que su voto sea respetado sin trampas, vetos, inhabilitaciones ni maniobras institucionales.
Por eso los anuncios políticos de esta semana, si llegan, deberían incluir señales claras sobre el órgano electoral. No basta con prometer conversaciones; No basta con hablar de garantías en abstracto. No basta con decir que se está trabajando. El país necesita saber qué se hará, cuándo se hará, quién lo verificará y bajo qué reglas se organizará la próxima elección presidencial.
Un nuevo CNE no puede ser otro pacto de cuotas entre operadores. Debe ser una pieza de reconstrucción institucional; Debe generar confianza dentro y fuera del país; Debe estar sometido a vigilancia pública. Debe tener reglas claras, cronograma preciso, auditorías, observación internacional y compromiso verificable con la soberanía popular.
Las presidenciales son el salto para salir del vacío
Algunos presentan las elecciones presidenciales como un salto al vacío. Es exactamente al revés. Las presidenciales son el salto para salir del vacío. Vacío es vivir sin legitimidad; Vacío es tener instituciones capturadas; Vacío es que el país dependa de conversaciones opacas; Vacío es que la ciudadanía no sepa cuándo podrá elegir. Vacío es una transición sin fecha, sin árbitro creíble y sin horizonte.
Una elección presidencial libre, competitiva y observada no sería un riesgo caprichoso. Sería el comienzo de la restitución del mandato ciudadano. Por supuesto que debe organizarse bien; Por supuesto que requiere garantías. Por supuesto que no puede repetirse el viejo formato de trampa con barniz electoral. Pero justamente por eso debe ponerse en el centro de la negociación, no al final de una cola interminable de asuntos secundarios.
Venezuela no puede seguir atrapada en una lógica donde siempre hay algo “previo” que posterga lo fundamental. Primero una mesa. Luego una subcomisión. Después una reforma. Más tarde una elección menor. Luego otra consulta. Y al final, quizá, si el poder lo permite, la presidencial. Esa ruta sería inaceptable si su verdadero efecto es ganar tiempo para quienes temen contarse de verdad.
Lo urgente y lo importante
La famosa matriz de lo urgente y lo importante ayuda a ordenar la discusión. No todo lo que suena urgente es estratégico. No todo lo importante puede esperar. Pero en el caso venezolano hay un punto donde ambas categorías se cruzan de manera indiscutible: elecciones presidenciales libres lo antes posible.
Ese cuadrante exige prioridad política. Allí deben concentrarse las energías principales:
- restablecimiento pleno y verificable de la libertad de expresión;
- designación de un nuevo CNE confiable e independiente;
- levantamiento de inhabilitaciones arbitrarias y garantías para todos los liderazgos democráticos;
- cronograma presidencial claro, público y de corto plazo;
- observación internacional robusta antes, durante y después del proceso;
- protección para testigos, periodistas, activistas, candidatos y ciudadanos.
Lo demás puede ser relevante, pero no debe convertirse en excusa. La transición no puede transformarse en una colección de temas útiles para alargar el camino. El camino debe llevar al voto presidencial, y debe hacerlo pronto.
Los sátrapas sin amo y el miedo a contarse
Cuando un poder perdió legitimidad, su principal miedo es medirse en condiciones reales. Puede hablar de paz, de estabilidad, de diálogo, de institucionalidad y de reconciliación, pero si evita poner fecha a una presidencial, está confesando algo. Y lo que confiesa es simple: teme a la voluntad popular.
Los sátrapas sin amo saben que el reloj corre en su contra. Saben que la paciencia ciudadana se agota; Saben que el país no está dispuesto a aceptar indefinidamente una normalidad fingida. Saben que los venezolanos no quieren vivir de anuncios, sino de decisiones concretas. Y saben, además, que la libertad de expresión puede abrir una compuerta que ya no puedan cerrar con facilidad.
Por eso el restablecimiento de la palabra libre debe conectarse de inmediato con el calendario electoral. Una sociedad que recupera la voz necesita una urna donde convertir esa voz en mandato. De lo contrario, la libertad de expresión corre el riesgo de quedar reducida a desahogo: la gente habla, protesta, denuncia, opina, pero no puede decidir. Eso no basta.
La fecha que cambiaría el ánimo nacional
Hay momentos en los que un anuncio bien hecho modifica el ánimo de un país. Una fecha presidencial clara, acompañada de garantías serias, nuevo CNE y libertad plena de expresión, tendría ese efecto. No resolvería mágicamente la crisis, pero cambiaría el eje emocional y político. Pasaríamos de la incertidumbre a la cuenta regresiva. De la queja al objetivo. Del cansancio a la organización. Del vacío al horizonte.
Por eso la fecha importa tanto. Una fecha obliga. Ordena. Presiona. Reduce la discrecionalidad del poder. Permite planificar observación, campaña, movilización, defensa del voto y acompañamiento internacional. Sin fecha, todo flota. Con fecha, todo se concentra.
Como suele decir Víctor Escalona, “un pueblo sin fecha electoral vive en una sala de espera administrada por sus carceleros”. Esa frase retrata el peligro de este momento. Venezuela no necesita esperar eternamente a que le permitan respirar. Necesita una ruta verificable para salir del encierro institucional.
En RadioAmericaVe.com y Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe acompañar cualquier avance real, pero también debe advertir cuando los avances pueden convertirse en anestesia. Si esta semana se anuncia libertad de expresión, habrá que celebrarlo con prudencia y exigir su cumplimiento. Pero al mismo tiempo habrá que preguntar lo esencial: ¿cuándo habrá nuevo CNE y cuándo serán las presidenciales?
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La libertad de expresión debe volver plenamente, sí. Pero debe volver para abrir el camino al voto, no para adornar una transición sin fecha. Venezuela necesita hablar, denunciar, organizarse y elegir. Las presidenciales no son un salto al vacío: son el salto para salir del vacío. Y cuanto antes se entienda eso, más cerca estaremos de poner en su lugar a quienes han vivido demasiado tiempo administrando el miedo, la espera y la incertidumbre.
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