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martes, 29 de septiembre de 2026

Venezuela: apertura, transición y regreso de Machado

RadioAmericaVe.com  / Política.

 

Delcy Rodríguez promete apertura mientras María Corina Machado presiona por su regreso y por garantías electorales en Venezuela.

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Venezuela entra en una fase más compleja de su transición: Delcy Rodríguez intenta proyectar apertura institucional, pragmatismo económico y disposición electoral, mientras María Corina Machado vuelve a colocar presión desde fuera del país y sus seguidores recuperan presencia en la calle. Entre ambos movimientos se define una cuestión decisiva: si el llamado “cambio de época” conducirá a una competencia política con garantías verificables o si la apertura quedará limitada a concesiones administradas desde el poder.

La paradoja se hizo más visible durante las últimas semanas. Rodríguez utilizó su presencia ante la Asamblea General de Naciones Unidas para hablar de transformación democrática, diálogo y futuras elecciones. Sin embargo, regresó de Nueva York sin una fecha electoral firme ni acuerdos económicos concretos anunciados públicamente. Washington, por su parte, continúa respaldando reformas y elecciones libres mientras mantiene una relación pragmática con la administración provisional.

La política venezolana se mueve así sobre dos velocidades distintas. Una es institucional y diplomática: reformas legales, conversaciones con Estados Unidos, inversión energética y promesas electorales. La otra es social: protestas, reclamos por servicios públicos, exigencias de liberación de detenidos por motivos políticos y presión para que Machado pueda regresar. La estabilidad dependerá de si esas dos velocidades terminan encontrándose.

Delcy Rodríguez intenta construir una narrativa de apertura

La señal más reciente llegó el 29 de septiembre. Rodríguez solicitó a la Asamblea Nacional una reforma parcial de la llamada Ley contra el Odio para avanzar en la despenalización de conductas previstas en esa norma y, según su propia explicación, corregir “desviaciones” en su aplicación. La ley, vigente desde 2017, ha sido cuestionada por organizaciones defensoras de derechos humanos, gremios periodísticos y sectores opositores por su utilización contra expresiones críticas.

El gesto tiene importancia porque reconoce, al menos parcialmente, que uno de los instrumentos jurídicos asociados con la etapa anterior requiere modificación. Pero tampoco equivale por sí solo al desmontaje de los mecanismos de control político. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa ha pedido directamente su derogación y sostiene que mantener sanciones administrativas capaces de cerrar emisoras, bloquear portales o retirar contenidos conservaría herramientas de censura.

La discusión, por tanto, no debe reducirse a si Rodríguez emplea ahora un lenguaje más moderado. Lo relevante será comprobar si las reformas modifican efectivamente la relación entre el Estado y el ciudadano.

Entre los indicadores que permitirían medirlo destacan:

  • reducción de restricciones a la libertad de expresión;
  • garantías de competencia para partidos y dirigentes opositores;
  • renovación creíble del Consejo Nacional Electoral y del sistema judicial;
  • liberaciones con garantías jurídicas y no únicamente excarcelaciones condicionadas;
  • un calendario electoral con fechas, reglas y mecanismos de observación.

Los derechos humanos siguen limitando la narrativa de normalización

La situación penitenciaria continúa siendo uno de los principales obstáculos para cualquier relato de normalización. El Observatorio Venezolano de Prisiones documentó 49 muertes bajo custodia estatal entre abril y julio de 2026 y atribuyó esos fallecimientos, entre otros factores, a deficiencias de atención médica y a la incapacidad del Estado para proteger a personas privadas de libertad. Es importante precisar que ese balance se refiere a la población penitenciaria en general y no exclusivamente a detenidos por motivos políticos.

En cuanto a presos políticos, el balance de Foro Penal con corte al 14 de septiembre registraba 344 personas en esa categoría. Posteriormente se produjeron nuevas excarcelaciones, mientras distintas organizaciones manejaron balances que no siempre utilizan los mismos criterios de clasificación. Esa diferencia obliga a evitar cifras consolidadas que no hayan sido actualizadas y verificadas bajo una metodología común.

La distinción importa. Una transición democrática no puede medirse únicamente por discursos de reconciliación, sino por la desaparición progresiva de condiciones que permitan encarcelamientos arbitrarios, restricciones políticas o castigos por expresión.

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Machado vuelve a presionar el tablero desde el regreso pendiente

Mientras Rodríguez intenta consolidar su perfil internacional, María Corina Machado sigue intentando volver a Venezuela. Su equipo ha informado de varios intentos fallidos de retorno durante 2026. No existe, sin embargo, información pública suficiente para establecer de forma concluyente quién impidió cada uno de esos intentos ni para afirmar como hecho probado que exista una orden formal y pública de Miraflores bloqueando todas las rutas de regreso.

También se ha conocido que funcionarios estadounidenses expresaron reservas sobre el momento de su retorno debido a preocupaciones relacionadas con la seguridad y la estabilidad de la transición. Esa cautela de Washington complica la tradicional lectura binaria de la política venezolana: Estados Unidos mantiene respaldo a condiciones democráticas, pero también prioriza estabilidad, reconstrucción y acuerdos económicos con el gobierno provisional.

La calle reaparece como instrumento de presión

El 27 de septiembre, simpatizantes de Machado participaron en movilizaciones y caravanas en distintas zonas del país para exigir su regreso seguro y un cronograma electoral. Las imágenes y reportes mostraron concentraciones ciudadanas en distintas localidades, aunque no existe un conteo nacional independiente que permita fijar con precisión el número total de participantes.

La importancia política de esa movilización no depende únicamente del número. Revela que el regreso de Machado se ha convertido en una prueba simbólica de la apertura prometida. Si una dirigente opositora de primera línea continúa sin poder ingresar al país mientras colaboradores suyos sí comienzan a hacerlo, la pregunta inevitable será dónde está el límite real de la flexibilización.

El regreso de Claudia Macero, coordinadora de comunicaciones de Vente Venezuela y colaboradora cercana de Machado, ofrece una señal concreta. Macero volvió al país después de más de un año en el exterior y declaró que regresaba para ayudar a abrir camino a una competencia electoral. Ese hecho sugiere una apertura selectiva, aunque no demuestra por sí mismo que los impedimentos sobre Machado hayan sido levantados.

¿Flexibilización real o apertura administrada?

Ahí aparece el dilema central. La administración de Rodríguez tiene incentivos institucionales y diplomáticos para demostrar a Estados Unidos, inversionistas y organismos internacionales que Venezuela se desplaza hacia un sistema político menos restrictivo. La reforma de leyes, algunas excarcelaciones y el regreso de determinados opositores pueden contribuir objetivamente a esa percepción.

Pero interpretar esos movimientos como una estrategia deliberada para legitimarse sería atribuir una motivación que no puede presentarse como hecho sin pruebas. Lo que sí puede analizarse es su efecto político: cada concesión mejora la imagen de apertura del gobierno provisional y, al mismo tiempo, eleva las expectativas sobre el siguiente paso.

La apertura administrada tiene un problema inherente. Cuanto más permite, más difícil resulta justificar aquello que continúa prohibiendo.

Si regresan colaboradores de Machado, aumenta la presión para explicar por qué ella no puede hacerlo. Si se reforma la Ley contra el Odio, aumenta la presión para revisar otras normas restrictivas. Si se liberan detenidos, crece la pregunta sobre quienes permanecen encarcelados. Y si el gobierno promete elecciones, la ausencia de fecha comienza a pesar más, no menos.

Washington combina democracia con pragmatismo económico

Estados Unidos se ha convertido en el principal actor externo de esta transición. La relación bilateral incluye energía, deuda, reconstrucción y seguridad, además de las reformas políticas. Washington ha vinculado la recuperación venezolana con estabilidad económica, inversión y condiciones que puedan facilitar eventualmente el retorno de parte de la diáspora.

Ese enfoque produce una tensión real. La estabilización económica puede generar empleo, inversión y menor presión migratoria. Pero también puede proporcionar oxígeno político a un gobierno provisional antes de que se hayan completado reformas institucionales.

La cuestión para Washington será cómo mantener ambas prioridades sin permitir que una sustituya a la otra. Y para Venezuela, cómo evitar que las condiciones de su democratización terminen dependiendo enteramente de acuerdos entre Washington y Caracas.

Las elecciones siguen siendo la prueba que ordenará todo el proceso

Rodríguez ha prometido futuras elecciones y reformas democráticas, pero Venezuela continúa sin una fecha electoral definitiva. Esa ausencia mantiene abierta la principal disputa política de la transición.

No se trata únicamente de votar. El país necesita saber quién administrará el proceso, quién podrá competir, cómo se financiarán las campañas, cómo participará la diáspora, qué organismos observarán el escrutinio y qué tribunales resolverán las controversias.

La competencia será creíble solo si esas condiciones se aplican a todos, incluidos los sectores gubernamentales y opositores. Ninguna encuesta, respaldo internacional o movilización callejera puede sustituir ese mecanismo.

Entre las garantías que deberían definirse públicamente figuran:

  1. una fecha electoral conocida con suficiente anticipación;
  2. un Consejo Nacional Electoral con credibilidad e independencia;
  3. registro electoral abierto y actualizado;
  4. participación de los venezolanos residentes en el exterior;
  5. acceso equitativo de todas las fuerzas políticas a medios y espacios públicos;
  6. observación electoral nacional e internacional;
  7. publicación y auditoría verificable de los resultados.

Una transición que ya no puede vivir de símbolos

El escenario venezolano de finales de septiembre muestra avances y contradicciones simultáneas. Delcy Rodríguez utiliza un lenguaje democrático más explícito y ha propuesto modificar una ley ampliamente cuestionada. Algunos detenidos han sido liberados. Colaboradores opositores están regresando. Al mismo tiempo, persisten presos políticos, restricciones, protestas y una ausencia de calendario electoral.

María Corina Machado conserva capacidad de movilización y mantiene su intención de regresar, pero su retorno continúa sin concretarse. Washington, mientras tanto, evita romper con el gobierno provisional porque necesita estabilidad económica y cooperación, aunque sigue hablando de reformas y elecciones.

Ese es el verdadero “cambio de época”: no una democratización ya consumada, sino un sistema anterior que comienza a abrirse mientras todavía conserva herramientas importantes de control.

El periodismo independiente tiene la responsabilidad de medir esa apertura por hechos y no por etiquetas. Reformas legales, liberaciones, retornos de dirigentes y anuncios electorales deben contrastarse con resultados verificables. Las contribuciones de los lectores ayudan a RadioAmericaVe.com y Vierne5 a continuar siguiendo esta transición sin depender de los actores políticos y económicos que deben ser fiscalizados.

El desenlace no dependerá únicamente de quién regrese primero o de quién controle mejor la narrativa internacional. Dependerá de si Venezuela construye reglas capaces de permitir que todas las fuerzas políticas compitan sin miedo y de que los ciudadanos puedan decidir quién debe gobernarlos.

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